La banca hackeada ¡y nadie se preocupa!

|Por Paul Alcántar|

Hace tres días quise consultar mi saldo en una sucursal de Citibanamex en uno de sus cajeros automáticos. Sin embargo, no pude realizar la verificación ya que en la pantalla aparecía una leyenda que decía que no se podía hacer la operación solicitada. Retiré mi tarjeta y la reingresé para  retirar efectivo pero tampoco pude hacerlo. No le di importancia y decidí regresar a casa.

Al día siguiente me enteré por un tuit del mismo banco que “hubo problemas”  para realizar transferencias y retiros en efectivo. También BBVA informó a través de un boletín que pasaba lo mismo con su sistema. En Banorte también, de hecho ellos tenían reportes desde el viernes 11 de mayo.

A media semana de estos incidentes no queda claro qué  pasó con los tres bancos más importantes de México. Nos hemos acostumbrado a creer que el sistema bancario está tan bien blindado  que no dimensionamos realmente la gravedad de lo que puede estar pasando sin estar enterados.

¿Cómo funciona la banca?

Poco entendemos nuestro sistema financiero. Somos un país en donde el control bursátil, de ahorro y crédito se vinculan con la eficiencia de las finanzas públicas y de las reservas nacionales. O así nos han hecho creer. Todas las operaciones bancarias están bajo el control de la Secretaría de Hacienda y del banco central, en este caso por el Banco de México (Banxico). Esta eficiencia garantiza que las políticas monetarias y las inversiones del sector bancario sean aprovechadas por los capitales económicos que vienen hacer del ahorro el gran negocio, pero la verdad no sabemos a bien qué significa eso.

La realidad es que muchas de esas inversiones extranjeros han absorbido las opciones de los ahorradores y consumidores de crédito en nuestro país. Si vemos los datos, han sido los bancos europeos los más beneficiados de este sistema que les da réditos multimillonarios año con año. Desde la política central financiera, se ha optado por encomendar a las bancas de cualquier nacionalidad los ahorros y el flujo monetario. Ha sido una buena receta con la que hemos aprendido a sobrellevar una relación tensa entre ahorradores, acreedores y deudores, incluso de una manera tan natural que no hemos dimensionado cuánto implica el compromiso por pagar que los mexicanos tenemos frente a los banqueros.

Vaya, de eso casi no se habla.

Sin embargo, al no entender o no hablar sobre la política financiera de nuestro país tiene una consecuencia tan lamentable como la que hemos visto estos últimos días. Hasta ahora no hay un reporte oficial de los órganos reguladores de la banca que nos aclare lo que está pasando con el hackeo de los programas cibernéticos que deben garantizar transferencias electrónicas, pagos con tarjeta o de retiros en efectivo de una manera segura y confiable. Ni la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV)  ni la Comisión Nacional para la Protección de Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) han sido contundentes en señalar cuál es el agravio real hacia los pequeños ahorradores y consumidores que, tal vez, han sido afectados de forma directa.

¿Qué tan grave es la situación?

Es tan grave el asunto que tuvo qué salir el vocero de la Presidencia de la República, Eduardo Sánchez, a aclarar que “no se han afectado las cuentas de los clientes” y que debemos estar tranquilos. Al día siguiente de esa declaración se ha registrado un desfalco de 820 millones de pesos y entre la Asociación de Bancos de México y el Banxico no se han podido coordinar para dar mayor información de lo que está pasando.

Nuevamente estamos frente a una irresponsabilidad del control que se debe tener  sobre el mercado financiero privado. ¿Hasta dónde los bancos tienen la responsabilidad social de proteger a los pequeños usuarios frente a este tipo de ataques? ¿Qué hacen los órganos de control financiero para proteger a los ahorradores?

Son miles de millones de pesos los que han hecho a los bancos un gran negocio en el país como para no tener las debidas precauciones. El Gobierno Federal y el Banco de México deben apretar en los controles sobre estos grandes monstruos porque no está bien que las quincenas de los trabajadores o las chequeras de los empresarios se vean afectadas por una falta de atención a este delicado rubro.

Razones

Al cierre de esta columna me entero de la renuncia de  Margarita Zavala a su candidatura independiente por la Presidencia de la República. Creo que su decisión está con miras  a capitalizar el desgaste de la derrota de Ricardo Anaya, pero también de un posible triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Alguien tendrá que ser un actor de contrapesos para el tabasqueño. Ni Anaya y mucho menos el PRI lo serán. De ser esa su lógica, Margarita inaugurará una nueva expresión política que no hay qué menospreciar.

Paul AlcántarPaul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*