La danza de los chapulines

Sepa la bola

Su nombre científico no comprobado es politicus saltarin. Son peligrosos. Si no los vigilamos, pueden succionar y secar el presupuesto público. De hecho, se relacionan con algunos homo empresarius para poder sobrevivir en este sistema de consumo. Son depredadores de la naturaleza: tumban bosques para poder vivir bien (en casotas, con yates y vacaciones como muy pocos pueden); se apoderan de playas y luego atraen a mamíferos habidos de sol y cerveza; construyen lo que sea con lo que sea (los castores y hormigas se quedan cortos); buscan ser los reyes de la selva de concreto.

Una variación de esta clase de insectos, con aspecto de humanoides, tiene capacidades similares a las de un camaleón. Cambian de colores como estrategia de defensa ante situaciones adversas. Algunos ejemplos de los momentos de peligro pueden ir desde haber perdido la anterior elección, hasta no concretar nuevas alianzas que aseguren un sueldo por el próximo trienio o sexenio.

Tengo que advertirles algo: a los que nos gusta observar su comportamiento, debemos estar atentos. Ha iniciado la danza de los chapulines. Son tiempos en los que algunos se lanzan sus primeros ataques –sin importar si son del mismo equipo o color–. Comienzan a hacer sonar uno de sus cantos favoritos: los rumores. Eso los ayuda a distraer a los enemigos.

Ya se escuchan sus cantos de guerra a través de aparatejos como el radio, la tele, las computadoras y los teléfonos. Otros animales obsesivos se dedican a traducir sus sonidos y hacerlos grafos para publicarlos; éstos son leídos en papeles que sólo ellos acostumbran a leer, por ejemplo.

Escucharemos acusaciones sobre traiciones. Leeremos propuestas sobre el bien que le pueden generar a la humanidad. Sembrarán mentiras para cosechar puntos a su favor en las encuestas. Actuarán como si no quisieran llevarse algo que les pertenece a todos. Así son. Unos llevan años, lustros, décadas haciéndolo.

No todos los chapulines bailan al mismo ritmo, eso sí. Dependen de su color. De su lealtad al mandamás de su color. De su posición en el grupo. De sus posibilidades de saltar de un puesto a otro puesto. Sin embargo, por estos días –y más en septiembre– veremos que su comportamiento cambiará; de algunos, claro. Algunos serán más bravos –o bravas– y otros mesurados –o mesuradas– pero siempre dejando rastro de sus intenciones.

A los espectadores del show, mi recomendación es que no seamos hipnotizados con sus cantos y pasos. Son peligrosos. Otra más, diviértase, vean cómo luchan por el poder. Pero eso sí, no creamos que los chapulines lo tienen. En una de esas, al momento de saltar, se quedan atrapados en alguna telaraña del olvido.

Migaja

Colgaron unas mantas en la ciudad que rechazan la escultura del sincretismo. La lucha electoral llegó con fuerza a Jalisco.

Julio González
Acerca de Julio González 105 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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