La historia sobre cómo el guitarrista de Queen creó su ‘Red Special’

|Por Beto Sigala|

Muchas veces he tenido en la mente crear algo único y hermoso con mis manos y ponerle todo el empeño posible, toda la concentración y capacidad artística en un objeto mágico. Para algunos quizá la vida nos alcance sólo para hacer un bate de béisbol especial, pero para otros como Brian May, guitarrista de Queen, el genio, la necesidad y la ambición le dieron para crear el objeto que cambiaría su vida para siempre.

Conozco esta historia gracias a un rato de ocio, en el que Iván, un amigo, miraba un vídeo viejo de Queen, mientras se sorprendía con la belleza del instrumento de May: una guitarra de madera rojiza con mica negra, fina, ergonómica que al verla en acción parece una extremidad más del músico inglés. Iván me comentó que había escuchado una vaga historia sobre el origen de ese instrumento.

May, a sus 16 años, con fijos intereses en el rock n’roll tenía la necesidad de crear su propia banda y tocar con otros jóvenes que compartieran su visión de la música. A diferencia de otros chicos de su barrio, no tenía el dinero suficiente para comprarse una Gibson o una Fender o alguna otra más modesta, sus padres sólo pudieron costearle una guitarra acústica con la que May aprendió las bases, pero no podía emular a los ídolos que escuchaba en la radio.

Su padre fue ingeniero militar y Brian era un alumno connotado que sacaba calificaciones muy altas en matemáticas, por eso con algo de asesoría de su padre se aventuró a crear una de las guitarras más míticas y finas de la historia del rock.

La Red Special tuvo un génesis nebuloso, May y su padre hurgaron hasta en los basureros para encontrar las piezas posibles sin que el proyecto se volviera una aventura costosa; así llegó un pedazo de caoba que en otros tiempos fuera parte de una chimenea y estaba tan apolillada que fue rellenada con cerilla para formar el diapasón de la guitarra y otro trozo de roble que con mucho trabajo se convirtió en el cuerpo de la guitarra. Las marcas del diapasón fueron robadas del cajón de costura de la madre de Brian y hasta el día de hoy son botones de madre perla. Utilizó los resortes de una motocicleta vieja para darle forma al brazo del trémolo y las pastillas fueron fabricadas por él mismo, después de fallar y encontrarse con la frustración de adaptar las piezas y no lograr el resultado deseado. También le incorporó un sistema de switches que en su momento parecía tecnología alienígena y que le aportaban a la guitarra el efecto de fuzz, aunque después terminaron siendo objetos decorativos.

Después de un año y medio de trabajo constante, pruebas, errores y noches en vela buscando solucionar los fallos, terminó y el sonido de su guitarra llegó a la perfección acompañado de una moneda seis peniques con la que completó su hazaña.

Llevó su guitarra a la escuela, muchos de sus amigos interesados en la música le ofrecieron buen dinero por ella, pero una guitarra que tuvo un costo de fabricación de 8 libras esterlinas, ahora tenía un valor mayor a las guitarras comerciales de las tiendas de música y un valor incalculable por los tonos a los que podía llegar y por su increíble belleza estética. La guitarra deslumbraba, tenía el fuego de la chimenea de la que alaguna vez fue parte y la vida de los objetos que renacieron en la osadía de Brian y su “jefe”.

Esa guitarra ha sido parte de todos los discos de Queen y ha acompañado a Brian May en todas sus giras. Le han hecho restauraciones para conservarla y una firma inglesa se dio a la tarea de crear cincuentas réplicas que emulan el legado de la Red Special. El guitarrista de Queen, la atesora como un objeto mágico que podría ser tazado por miles de euros, pero que ningún dinero sería capaz de pagar su valor sentimental y su valor como parteaguas en la vida de May. El trabajo duro, la necesidad, la paciencia y saber explotar las cualidades propias, le ayudaron al músico a transformar su realidad. No fue una cuestión de días, fue un proceso complicado, enloquecedor que al final nos dejó un objeto hermoso y codiciado por muchos, el recuerdo de crear algo trascendental junto con tu jefe y un sonido tan especial como todo lo que implicó su fabricación artesanal.

Es probable que muy pocos en el mundo pudiéramos emprender una aventura como la de Brian May, pienso que si yo me dedicar a fabricar una guitarra, tal vez terminaría construyendo una casita para pájaros y abandonaría todo en la frustración. Pero pienso en la raza humana en general, en la capacidad de comprar a la que aspiramos y el enorme deseo de poseer cosas que nos provean de felicidad efímera. Pienso en la posibilidad de que cada ser de esta tierra emprendiera un proyecto así en su vida, sin la premisa de querer cambiar su vida, sólo por el amor a la música o la pasión por las letras o por la necesidad de fabricar una morada o por el gusto de inventar algo que sea edificante para uno mismo y en consecuencias para la raza humana.

Me imagino si todos buscáramos incesantemente la creación y si fuera una materia en las universidades crear un objeto hermoso que nos represente. Me pregunto ¿Qué he creado yo que me haga sentir orgulloso y que me ayude a cambiar la dura realidad del cotidiano? Nada, pero nunca es tarde, tal vez solo es cuestión de poner la mente a trabajar en los sueños, no esperar a que caigan del cielo.

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