De la jerarquía de las pendejadas

Avelino Sordo Vilchis

Pocas veces tenemos la oportunidad de presenciar un suceso como el que observamos hace unos días, cuando pudimos contemplar en directo y con una inaudita claridad, cómo cambia la percepción-recepción de un mensaje de acuerdo a los distintos tiempos políticos: aquello fue como estar en un laboratorio. Estamos hablando de un par de spots realizados en video que protagoniza el mismo personaje, creado por los publicistas de la actual administración municipal de Guadalajara para caracterizar un ciudadano-tipo, un estereotipo. El personaje se llama Juan y entre las múltiples particularidades escogidas para definirlo como tapatío más allá de cualquier duda, destacan dos: que es futbolero y, a mayor profundidad, que además es atlista de hueso colorado.

Y es que si bien es cierto que gozan de mayor popularidad las Chivas, irle al Atlas tiene otro significado, pues implica una lealtad a prueba de fisuras, lo que nos gustaría que explicara la elección de los creadores del personaje. El primer spot, donde nos presentan a Juan y a su perrito Táison, buscaba crear conciencia sobre la importancia de no tirar basura en las calles de la ciudad, y fue difundido cuando la administración aún gozaba de esa aprobación general que se les otorga a los  gobernantes recién llegados: la llamada luna de miel. El segundo, cuyo tema es el (mal) uso de las banquetas como estacionamiento, comenzó a divulgarse apenas hace unos días, cuando el gobierno ya carga con cierto desgaste y en las cercanías de la temporada electoral.

A pesar de que en esencia ambos spots son similares, su recepción fue radicalmente distinta: mientras que el primero fluyó sin que nadie se ofendiera o sintiera estigmatizado, el segundo levantó una tormenta entre los seguidores del Atlas, al grado de que el equipo de futbol presentó una protesta y hasta hubo los que hablaron de organizarse para presentar una queja formal por lo que consideraron trato discriminatorio (¿?). El caso es que apenas unas horas después de comenzar a difundirse, la historia (aun con su respectiva moraleja, claro está) de Juan y su inveterada costumbre de estacionar su estorbosa pick-up negra sobre las banquetas, fue retirada del aire y el alcalde hasta ofreció disculpas a los ofendidos, calificando el hecho de —literal— “pendejada”.

Es interesante el trato diferenciado que incluso los ofendidos atlistas le dieron a ambos spots: ¿por qué no hubo tan virulenta reacción ante el primero de la serie —el de la basura y su incidencia en las inundaciones—, cuando todo lo que pueda tener de ofensivo para los rojinegros el segundo, se encuentra en el primero? Y si bien es cierto que analizándolos encontraremos algunas diferencias en el tratamiento de, por ejemplo, “el atlismo” o la conducta de Juan (en el primero aparece con la camiseta del Atlas sólo lo necesario para señalar su pertenencia a la Fiel y en el segundo la viste a lo largo de prácticamente todo el anuncio; en el primero Juan se toma la molestia de tirar la basura con “disimulo”, mientras que en el segundo hace orgullosa ostentación de su mala conducta).

Y si bien en el segundo mensaje hay ese innecesario regodeo, resultado de la natural tendencia humana a repetir lo que resultó exitoso, en esencia ambos son iguales: están hechos en el mismo tono condescendiente y pretendidamente didáctico, desde una muy ostensible posición de superioridad moral. Así las diferencias entre ambos spots se reducen al tema y a algunas exageraciones, no son tan marcadas para explicarnos reacciones tan diferenciadas. En ninguno de los dos mensajes detectamos, más allá del tono satírico que necesariamente debe caracterizar este tipo de spots, un ánimo discriminatorio o algo que sugiera que irle al Atlas sea sinónimo de ser mal ciudadano. Eso es una exageración que sólo es posible explicarla en función a los tiempos políticos.

Sin embargo, lo trágico del caso no son los spots de ánimo concientizador, que incluso hasta podrían ser acertados si sus productores lograran deshacerse de su tendencia a la retórica, sino que una vez más quedó en evidencia que nuestros gobernantes están concentrados en la campaña para conseguir el siguiente cargo, mientras abandonan su verdadera responsabilidad: gobernar. Digo, porque más allá de que resulta loable que un presidente municipal reconozca públicamente su “pendejada” y busque corregirla, me hubiera gustado que tan dramático mea culpa resolviera algo de verdadera trascendencia para los habitantes de la ciudad.

…y no para apenas corregir un mensajito en las redes sociales.

Avelino Sordo Vilchis
Acerca de Avelino Sordo Vilchis 17 Artículos
Editor // promotor cultural // ex sibarita

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