El tango del Deán

El Deán ha estado en boca de varios últimamente, en las redes, en la calle y en los medios tradicionales. La lluvia de aguas negras en torno al tema de las obras que se realizan en él, han hecho difícil entender qué pasa.

Lo primero es que para el usuario común de la red, El Deán es una idea en un pleito y no un lugar y lo que se ha dicho en torno al mismo, desde la mayoría de los ángulos, parece el loco concurso de verduleras con posdoctorados, donde cada parte ostenta la flama de la verdad científica y comprobable, mientras sus contrapartes son presentados como testaferros de  intereses partidistas, oscuros, mezquinos y tontos. Todos en su boca son los buenos, todos en boca de otro son descalificables por sus intereses o su desconocimiento del tema.

Para el gobierno, si a un vecino no le gusta que tumben los árboles es priísta, morenista, panista o es un alien. Si un investigador pone peros es porque no conoce el proyecto.

Para vecinos e investigadores esta administración es una más en la larga cadena de gobiernos que les han dado atole con el dedo, la credibilidad está por los suelos y es comprensible que, sin importar cuantas veces los visiten el presidente municipal y sus expertos, la gente tenga la postura de Santo Tomás: hasta no ver, no creer.

Pero ¿qué es El Deán?

El Deán es el parque hundido o Parque de la Liberación al que te llevan las rutas 646, 59, 54 A, la línea uno del tren ligero y hasta el Macrobús. Aclarando este punto veamos el problema a tratar desde el pobre y simplista entendimiento del que aquí teclea:

1)   La ciudad, más o menos desde hace mucho tiempo ha sido, por ponerlo  en buen cristiano, planeada y urbanizada a lo baboso poniendo intereses inmobiliarios por sobre todas las cosas.

2)   Esto ha generado afectaciones catastróficas en el ciclo del agua, a saber:  el agua no llega al subsuelo porque le estorba la mar de calles y casas y la mancha de cemento que antes eran árboles y tierra. Por eso era importante no hacer tarugadas como la Villa Panamericana, porque esa es zona de recarga… pero eso está en Zapopan; nomás lo digo para dejar claro el punto de que el problemón es de toda la ciudad. Volviendo al Deán, entre el Cerro del Cuatro urbanizado al parecer por un grupo de ajolotes, la tala bestial y la mancha urbana, lo que sucede es –como usted bien sabe– que las calles se vuelven ríos cuando llueve, pero el agua de esos ríos está sucia porque las calles están sucias y los colectores se saturan y el agua de drenaje se mezcla con el agua de lluvia en las calles y básicamente nos inundamos en nuestra popó debido a la urbanización posmodernamente timorata de la Perla de Occidente.

3)   El actual gobierno de Guadalajara, cuando andaba en campaña, prometió que pondría fin a las sempiternas inundaciones y debido al fenómeno de la alternancia y al interés que tienen en ser el próximo gobierno del estado, están interesados en cumplir. Este temporal que se viene es crucial y no permitirá pretextos. “Te pedimos paciencia” o “La ciudad se inunda porque tiran basura” ya no van a servir. O disminuyen las inundaciones o habrá poco margen de maniobra a la hora de explicar que pasó. Lo que se juegan con las obras del Deán no es poco.

¿Qué obras, de qué va la cosa?

Las obras del Deán consisten, en una versión resumida para párvulos, for dummies pues, en ampliar la capacidad de retención de agua del lago interior, hacer otro laguito y con eso, a la hora que llueva, pos se llenan esos vasos contenedores y no se inundan los alrededores de popó.  Ahí comienza la discusión ¿Van a hacer una laguna de popó con agua? ¿Va a ser agua cochina de la que cae de la calle? ¿Va a ser El Deán el lago Mordor? ¿se está tomando en cuenta la problemática del ciclo del agua y trabajando para mejorar la condición de la cuenca en su conjunto o es una obra cosmética y cortoplacista para salir al paso?

La cosa, como todas las cosas que tienen que ver con elecciones, se mojó de las aguas negras de la política y de las descalificaciones. El gobierno municipal taló árboles para hacer espacio para los trabajos y vecinos trataron de defender los árboles y hubo pleito. Para el gobierno la mayoría de los vecinos están de acuerdo y los opositores fueron porros violentos o gente desinformada. La verdad es que eso sí es ruido, la deforestación no me parece a mí tan terrible si se toma en cuenta que han prometido mitigar el daño en diez a uno. Claro, falta que lo hagan, que se diga qué aboles y en dónde y escuchar la opinión de biólogos y expertos en la materia.

Y ese “falta que lo hagan” es el problema de fondo, que es un asunto de credibilidad que deriva en pobre  gobernabilidad. Cuando los gobiernos y las instituciones se han dedicado históricamente a erosionar su credibilidad hasta dejarla en ruinas es muy difícil convencer a nadie de nada.

Los estudios del Siapa son tan serios como la contabilidad del Siapa, es decir como un chiste de Platanito y los de las comisiones estatal o nacional de agua, teniendo en cuenta como tienen las cuencas, son para pegarles con ellos en la cara y gritarles, ofendidos, que primero acepten el desastre del Río Santiago, luego lo resuelvan y luego vengan a cantarnos estudios que pretenden hacernos creer que saben hacer otra cosa que no sea cobrar. No les creemos y nos ofende que existan esas gruesas y burocráticas instituciones que pagamos de nuestro bolsillo y que al día de hoy sólo tienen desastres hídricos que mostrarnos.

Tampoco los estudios de la Universidad de Guadalajara bastan para creer las cosas como dogma, por decir lo mínimo.

¿Qué dicen las Partes?

Por un lado, representando a la academia, está Arturo Gleason, (cuyo currículum puede usted consultar en www.gleasonconsulting.com/cursos/gleason-condensado.DOC) investigador de la UdeG experto en temas de agua, sustentabilidad y urbanismo. Para él, el proyecto del Deán es deplorable. No cuenta con la información técnica adecuada simplemente porque esa información aún no existe. No hay estaciones de medición que nos hagan saber que tan bien o mal está el subsuelo, cuánta agua le falta, qué calidad tiene el agua que aún queda. Tampoco sabemos cuánto llueve, ni sabemos cuánto escurre, es decir, cuánta agua pluvial pasa por enfrente de tu casa, ni cuánto acaba en El Dean.

Esto es cierto, los datos completos no existen y no los tiene nadie. Sólo hay una estación de medición y no genera la información completa. Si alguien tuviera todos los datos, ya los hubiera presentado porque demostrarían que el proyecto del Deán es un sueño guajiro o una chulada.

Para Gleason, el proyecto no hace sentido por el simple hecho de que “cómo pueden dimensionar un colector si no se conocen las intensidades o flujos reales en la zona. Están inventando datos o usando datos viejos. No han mostrado ni manifestado cálculos o simulaciones por computadora. No están estudiando a fondo las cosas, lo están haciendo a la carrera, no están sometiendo a un juicio profundo y participativo de las visiones, es un refrito y lo posicionan como la verdad última”.

Él opina que la obra no traerá beneficios, que ampliará la contaminación, que cambiará árboles por un gran charco sucio, que no hay mecanismos de separación de aguas negras y que la red de colectores que se supone van a hacerse no va a ajustar porque en primera es más cara de lo que cuesta todo el proyecto y en segunda, no hay datos que permitan saber cuantos colectores se necesitan.

La obra, a su juicio, no frenará las inundaciones y será un fracaso.

Por otra parte está el gobierno de Guadalajara defendiendo una obra que, finalmente es responsabilidad del Siapa y del Gobierno Estatal. Una idea que no es nueva pero cuyos recursos fueron gestionados por los diputados federales de Movimiento Ciudadano y que, de funcionar, sería una medalla para el partido, sería el cumplimiento de una promesa de campaña.

Hugo Luna, jefe de gabinete en Guadalajara, confía en el proyecto, naturalmente.

“Podríamos decir que es del Gobierno del Estado, que es del Siapa, pero lo defendemos porque al hacerlo estamos defendiendo la ciudad”. Dice.

Explica que lo que pasa en El Deán no es un hecho aislado, que se está llevando a cabo una enorme reforestación de la zona que iremos notando además de que a los fraccionamientos nuevos se les está pidiendo la condición efecto cero en materia de inundaciones, se les está exigiendo que garanticen la mitigación de los efectos negativos en el ciclo del agua.

Afirma que no están improvisando, que expertos nacionales de renombre han participado en los procesos de planeación y que El Deán, cuando el proyecto esté terminado, recuperará no sólo los árboles perdidos sino su calidad de bosque urbano.

Que la laguna no sólo mitigará las inundaciones sino que, sembrando las plantas indicadas, atraerá especies migratorias y será un remanso para los tapatíos.

“No estamos improvisando, hace un año y medio establecimos una mesa para resolver el tema de inundaciones en la ciudad, donde se sentaron la Comisión Nacional del Agua,  el Colegio de Ingenieros, La Comisión Estatal del Agua, el Siapa… y etiquetamos 80 millones de pesos vía los diputados federales de MC en el presupuesto de egresos para el programa de mitigación de inundaciones, era para registrar el programa en el Fondo Nacional de Infraestructura y armar, por primera vez, un plan de inversión multianual; eso lo coordinó el Instituto Mexicano de la Tecnología del Agua, de ahí salió un plan maestro de mitigación de inundaciones”.

Es decir, que estos son los primeros de muchos pasos que hay que tomar para ir mitigando las inundaciones que la ciudad ha sufrido por demasiado tiempo sin que nadie se atreva a comenzar los trabajos que por fin han comenzado pensando en el conjunto del problema y buscando acciones a corto, mediano y largo plazo.

Luna también comprende la dificultad que existe para que haya credibilidad en los proyectos. Demasiados munícipes y gobernadores han pasado dejando a la gente inundada de promesas incumplidas.

Esta claro que Guadalajara está empeñando la credibilidad que le queda. Si la obra funciona, habrán ganado mucho. La ciudad también.

Si por otro lado la obra es un fracaso, MC sufrirá un golpe duro, pero la ciudad pagará el grueso de la cuenta con lo poco que nos queda de espacio vital, público y verde.

Ojalá el parque quede a toda madre, porque necesitamos más de esos. Ojalá mitigue las inundaciones porque necesitamos obras de calidad.

Y ya que ando en los ojalás, ojalá que los académicos y los gobiernos aprendan a dialogar como iguales y abonen a la credibilidad de ambos. Ojalá que llueva café en el campo.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 31 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

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