La lección de la elección

|Por Juan José Doñán|

Para los mexicanos en general y para los jaliscienses en particular, los comicios del pasado domingo 1 de julio, así como todo el proceso electoral previo, han dejado una serie de enseñanzas que nadie debería desdeñar. Por principio de cuentos es de celebrarse que ríos humanos (“olas civiles”, diría López Velarde) hayan desembocado en las urnas para brindarles su apoyo a equis candidatos y negárselos a otros que, por angas o por mangas, no pudieron ganarse su confianza.

Según datos oficiales, la participación de los votantes superó el 63 por ciento del padrón electoral, un porcentaje que en promedio está por encima del que suelen tener los comicios de naciones con democracias mucho más añejas que la nuestra, que aún huele a estreno (López Velarde otra vez). Así que, muy bien por los ciudadanos de nuestro país quienes, con convicción, con orden e incluso con paciencia acudieron a las urnas para dictar sentencia, llenando de júbilo a muchos de los contendientes, incluidos sus seguidores, y de tristeza o resignación a todos aquellos y aquellas que no se vieron favorecidos por el veredicto popular.

En el caso de la mayoría de los grandes cargos que estuvieron en juego, comenzando por la presidencia de la república, ese dictamen ciudadano fue claro y contundente, lo que significa que todo buen demócrata –y esto vale lo mismo para los electores que para quienes fueron candidatos– debe acatar la voluntad ciudadana que se manifestó en las urnas, aún cuando no haya ganado el candidato o los candidatos de su preferencia.

Y eso del mandato nítido de la ciudadanía también se manifestó en las elecciones locales de Jalisco, donde las diferencias entre ganadores y derrotados fueron tan claras que no dejaron lugar a dudas, diciendo quién quiere la gente que la gobierne (a escala municipal, estatal y federal), así como por quiénes quiere ser representada tanto en el Congreso local como en las cámaras federales.

La lección para los derrotados es aprender de sus errores, probar que su vocación para el servicio público no depende del éxito electoral ni desaparece con el fracaso ídem y, en este último caso, ser capaces de crecerse al castigo.

Y esto vale tanto para un partido como el PRI, el cual había podido regresar al gobierno de Jalisco luego de un purgatorio de 18 años, como para los adscritos al movimiento de Wikipolítica Jalisco, a quienes en esta ocasión la fortuna electoral les fue enteramente adversa.

Para el tricolorla cosecha electoral fue pésima en todo el país –y Jalisco no fue la excepción–, de tal suerte que la otrora aplanadora priista obtuvo los peores resultados en sus ya largos 89 años de existencia, pues no sólo fracasó de feo modo en la elección presidencial con el porcentaje de votos más bajo jamás obtenido por un abanderado de ese partido, sino que perdió también todas las gubernaturas que estuvieron en disputa y, para colmo, no pudo ganar uno sólo de los 300 distritos electorales del país, lo que de la noche a la mañana convirtió al PRI en parte de la llamada “chiquillada” partidista.

El caso de los wikis, cuyo semillero se localiza en el poniente de Guadalajara, es distinto. Se enfrentaron con la ruda realidad de que fuera del periférico tapatío pintan muy poco y de que lo ganado hoy se puede perder mañana como les sucedió incluso en el 10º distrito, con cabecera en Zapopan, que de ser su bastión electoral hace tres años, ahora se convirtió también en campo adverso para ellos.

Al no conseguir ganar ninguno de los puestos de elección popular por los que compitieron, la lección para los wikises que deben acercarse al oriente de la ciudad, así como al medio rural jalisciense, a fin de tratar de entender a los vecinos de Tateposco, Santa Cruz de la Huertas o de la Hermosa Provincia, así como a los habitantes de Ayutla, Casimiro Castillo, Tuxcacuesco, Degollado, Huejúcar, Teocuitatlán, Concepción de Buenos Aires… De ese modo y por principio de cuentas, podrán saber que Ahualulco se apellida deMercado y no delMercado como lo mal pronuncia Pedro Kumamoto, la cabeza más visible del wikitropa.

En otras palabras, los jóvenes wikisy también los ya no tan jóvenes tendrán que hacer su propia travesía en el desierto, probarse a sí mismos o emprender su “brega de eternidades” como la que hicieron los panistas de antaño y que echaron a perder muchos de los panistas de hogaño. También deben plantearse la posibilidad de convertir su movimiento en un partido político, pues de lo contrario siempre estarán en desventaja ante organizaciones políticas que cuentan con prerrogativas económicas, mientras que ellos, a fin de poder competir, con frecuencia estarán obligados a meterle dinero bueno al malo.

Otros perdedores locales de la contienda, como el PRD y el PANAL, se irán a la intemperie, en la medida de que sus candidatos fueron incapaces, ya no de ganar los cargos por los que competían, sino de conseguir siquiera el mínimo número de votos para mantener el registro.

Y aun para los jubilosos ganadores de los comicios locales, una de las primeras enseñanzas es que su júbilo se debe atemperar, entre otras cosas por el hecho de que no deja de ser significativo el hecho, por ejemplo, de que el candidato presidencial de Morena haya obtenido un número de votos muy superior al del ganador de la gubernatura, pues los conteos del PREP le dan a Enrique Alfaro 1 millón 069 mil votos del electorado jalisciense, mientras que ese mismo electorado le dio a Andrés Manuel López Obrador 1 millón 456 mil, es decir, casi 300 mil votos más.

En resumidas cuentas, todos y todas, debemos aprender la lección de la elección.

 

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