La leyenda del ‘Dark Side of the Moon’ como soundtrack de ‘El mago de oz’

Foto: KMUW

|Por Beto Sigala|

Este año se cumplen 45 años del lanzamiento de Dark Side of the Moon de Pink Floyd, y a pesar de que en el imaginario de toda la obra de Pink Floyd desde Syd Barret hasta la era post Roger Waters, The Wall continúa siendo su más grande ópera rock y también su concierto en directo que más reutilizado. No obstante, sigo pensando que el Dark Side of the Moon es su creación musical mas hermosa y también la que tiene un mensaje más claro, además de que está recubierta por aires de misterio que lo hacen un aún más perfecto.

Alguna vez escuché en una de esas pláticas de borrachos aficionados a la música, una leyenda que cobró mucha fuerza con la llegada de internet, los DVD y los CD. Mientras cotorreábamos sobre la música grandiosa del rock clásico, un gran carnal, muy aficionado a Pink Floyd, me platicó sobre la reproducción del Dark Side of the Moon, a la par de la película El Mago de Oz de 1939, protagonizada por Judy Garland. Mi amigo había escuchado de alguien más que la reproducción sincronizada de ambos materiales (quitándole el audio a la película y conservando la música de Pink Floyd) producía un efecto muy entretenido. De cierta forma los tracks del Dark Side, encontraban la forma de ilustrar las imágenes de la película y en algunas secuencias la paridad que se lograba era asombrosa.

Al día siguiente corrí a buscar la película, casualmente encontré una versión remasterizada en DVD que la Warner tuvo a bien reeditar. La cinta es un clásico de la cinematografía mundial, su realización fue un proyecto muy ambicioso para su época. Fue de los primeros largometrajes filmados en Technicolor y requería efectos muy complicados de materializar para esa década, además fue un proyecto caro y bien logrado, que significó un enorme impulso para la carrera de su protagonista. Ha habido otras adaptaciones a la novela de Lyman Frank Baum, una incluso en la que actua Michael Jackson, pero ninguna de la transcendencia de la primera de 1939.

Y todo esto ¿Qué chingados tiene que ver con el Dark Side of the Moon? Compuesto entre 1971 y 1973. Pues mucho, o tal vez nada, todo dependiendo del humor, de la complacencia y de la veracidad o el criterio con el que se mire la conexión entre el largometraje y el fonograma.

Después busqué la información que pude en internet. No había demasiada. Seguí preguntando a los más rucos y leyendo artículos chafas en blogs, hasta que me topé con uno más formal de un diario del estado de Indiana, que tenía mejores referencias y explicaba que varias células de jóvenes aficionados al rock en distintas universidades de Estados Unidos, experimentaban con proyectores y tocadiscos. A algún visionario se le ocurrió asociar el prisma de Pink Floyd con el tema “Somewhere over the rainbow” y ¡zas!, he ahí uno de los más grandes misterios o coincidencias en la cultura popular.

Ya con los dos materiales en la mano, me reuní con los mismos borrachos melómanos a sentir el experimento. El primer intento no fue tan agradable y al cabo de unos minutos resultó decepcionante. Pero porfiamos y corrimos el disco justo después que desaparecía el león de la MGM. Entonces el experimento cobró sentido y las sensaciones iban desde lo alucinante, pasando por lo divertido y en algunas secuencias la sincronía era tan perfecta que asustaba, pero nunca resultaba aburrido.

Luego de 42 minutos de duración total de disco, comenzaron las miradas de “no mames”, “¿Neta? ¿Qué pedo?” y la controversia que puede generar la experiencia si no eres demasiado quisquilloso y tienes un mente abierta. Entonces hubo quienes se sintieron defraudados y otros que sentimos que había demasiadas coincidencias como pasar por alto una leyenda urbana que tiene más de cuarenta años en el aire, el hermetismo de los miembros de Pink Floyd para hablar de esto abiertamente y sobre todo la temática del disco que está lleno de psicología, delirios, locura y ansiedad. Así que, aunque nadie de la banda o cercano a la banda se haya tomado el tiempo para explicar el fenómeno, yo me quedo con la versión de que es un gigantesco homenaje a la pérdida de lucidez de Syd Barrett, quien se deschavetó después del Piper at the Gates of Dawn.

Mi teoría es que experimentaron mientras pasaron tiempo recluidos dándole forma a las ideas de un disco muy complejo. Tuvieron la epifanía de conectarlo con una película que en muchos sentidos tiene que ver con la fantasía y la juventud de corazón, la esperanza. Pero, es muy probable que pensando en temas de derechos de autor o quizás con el temor de que no se entendiera el propósito creativo de la banda y tal vez deseando que fuera de esos misterios que se descubren de a poco para darnos de qué hablar, para alimentar el hito de Pink Floyd y la mítica figura de Syd Barrett. No creo en una tan asombrosa coincidencia y me parece que todo estaba calculado y ahora, años después que lo recuerdo, creo que cada amante del rock clásico debería hacerlo por lo menos una vez en su vida. No hay desperdicio.

Ahora, es 2018 y todo eso que les platico sucedió en el 2002. Sé que en estos días hay un espectáculo formal que explota el experimento y se llama Dark Side of the Rainbow. A mi y a mis amigos, se nos durmió el gallo. Si tan sólo hubiéramos tenido la visión de hacerlo a gran escala, creo que nos habría ido bien.

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