La libertad de odiar

Apenas un puñado de imágenes inconexas, sin sentido, como una visión de fiebre o un viaje de droga, como la memoria torpe de una borrachera en la que aparecen una bandera del Tercer Reich seguida de una bandera roja con una hoz cruzando un martillo y una confederada. OSCURO.

Una foto de un niño de menos de tres años ataviado de pies a cabeza con un traje del KKK manufacturado de manera cuidadosa. El niño toca el escudo de un policía negro que no puede sino mirarlo con tierna y horrorizada confusión. CORTE.

Un tembloroso video en vertical donde una mujer pasa frente a una casa de la que cuelga un pendón nazi. La mujer baja del auto y confronta al dueño, un hombre blanco, mas bien rojo por el sol, con un denso acento sureño que le dice, básicamente que tiene una bandera en su casa porque es su casa y puede colgar lo que quiera y si ella no lo deja de molestar habrá problemas de verdad.

“¿Pero porqué tiene ESO colgado?” Insiste la mujer para recibir una respuesta idéntica. La mujer se retira. Corte.

Un auto aplasta a una mujer en una manifestación contra los supremacistas blancos, el auto simplemente embistió a los manifestantes. Heather Heyer de 32 años de edad muere en Charlottesville.

Justin Moore, líder del gran dragón para los leales caballeros blancos del Ku Klux Klan (sí, tal cosa y tal nombre existen y tienen líderes) explicó a un medio que estaba “alegre” ante el hecho de que hubieran atropellado personas. Contento de que Heyer hubiera muerto y otros hubiesen sido heridos en el ataque del auto  porque “eran un puño de comunistas protestando contra la libertad de expresión de otros y por eso no me molesta que fuesen heridos”.

Por su parte, el presidente de los Estados Unidos señala que hubo dos grupos, ambos violentos, ambos malos y ambos culpables de la violencia. Es decir, un presidente que se niega a condenar públicamente a gente que ondea banderas Nazis y atropella personas adrede y dice que son exactamente lo mismo que aquellos que protestan contra el odio.

De verdad espero que eso sea el fin de ese presidente, porque si no, si un tipo que se niega a condenar a algo tan espantoso como el KKK, puede sostenerse en la presidencia de EEUU entonces hemos llegado al futuro y es la más terrible de las distopias.

Pero el tema de fondo, la pregunta obligada, es en torno a la “libertad de expresión” y de verdad me cuestiono si esta otorga libertad para odiar y promover el odio, para promover lo peor de nosotros y fomentar una ignorancia resentida que nos enfrente a los unos con los otros por motivos de credo, raza, origen o color de piel.

Me pregunto si se vale salir a la calle a promover, por ejemplo, movimientos en contra de la diversidad sexual en forma de defensa de la familia. Si requerimos dejar en claro qué se puede y qué no se puede y hasta dónde es libertad de expresión y hasta dónde es la construcción de un futuro espantoso que se parece sobradamente a los errores del pasado. ¿Hasta dónde somos libres de odiar públicamente a los demás?

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 31 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

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