De la necesidad de una ilusión y la latente decepción

Sepa la bola

Apenas terminó la participación del candidato de la coalición Por México, al Frente, Ricardo Anaya Cortés, en la Universidad Iberoamericana en Ciudad de México y la polarización de los tuits en la red social del pajarito llegaron por montones.

Por un lado, estaban quienes compartían los videos en los que se escuchaban los gritos de “presidente, presidente” a manera de coro. Los frentistas lograron posicionar en segundo lugar de Trendig topic el HashTag #SinMiedoAlaIbero. Su ilusión se alimenta del recuerdo de la imprecisión de algunas encuestas en la elección del 2012.

En contraste, quienes no comparten las ideas de Ricardo Anaya y seguidores de Andrés Manuel López Obrador mostraron su decepción ante la ausencia de consignas en contra del candidato del PAN-PRD-MC. Enunciaban cuestionamientos sobre la “falta de crítica” ante las palabras de Anaya; los aplausos recibidos en tu participación. Sin dejar lugar a la posibilidad de que quienes asistieron al auditorio simpatizan con Ricardo Anaya. En resumen: no se repitió otro 11 de mayo de 2012, como con la visita de Peña Nieto en su visita a “La Ibero”, justo cuando surgió el movimiento #YoSoy132 y la culpa fue de la falta de crítica de los hoy estudiantes de la universidad jesuita.

En ocasiones, el deseo de que suceda lo que se anhela puede desenfocar el lente de las ideas y la razón. Sucede con activistas y periodistas. En el caso de los comunicadores, ocurre cuando tenían la idea de que ocurriría una especie de boicot en algún espacio de diálogo con un candidato y no ocurre. Sin embargo, eso no quiere decir que fue “un día de campo” para éste en x o y foro. Para casos concretos: recordemos la visita de Anaya al ITESO en abril pasado. Para muestra dos notas del mismo medio: “Anaya, un día de campo en el ITESO” y “Dan ‘portazo’ en evento de Anaya; corean ‘AMLO, AMLO’”.

El alto nivel de expectativas pueden ser un peligro para las emociones de los votantes del candidato ganador. Pongo un escenario hipotético: si ganara López Obrador por un amplio margen entre él y su rival más próximo, y no lograra concretar sus propuestas, vendría una desilusión e incluso el enojo. Una posibilidad nada remota.

Sin embargo, algo similar puede ocurrirles el 1 de julio para quienes no solo no admiten que es una elección anti-sistémica y que AMLO lidera las diversas encuestas, también para quienes algún tienen depositadas sus esperanzas en estrategias como el llamado al voto útil, en los spots que argumentan que por la edad de López Obrador ya no está en condiciones y en la confrontación de empresarios con el candidato de la coalición “Juntos haremos historia”.

Las sensaciones, las punciones, los sentimientos son la médula de las campañas electorales. Llamar al voto razonado es como pedir auxilio en medio del desierto, sobre todo en un país inmerso en una desigualdad aberrante, un tsunami de casos de corrupción e impunidad, una ensordecedora alarma por la violencia e inseguridad. El hartazgo –que a su vez puede tentar a los seguidores del candidato puntero a que no vean los puntos débiles de su preferido–.

Estemos abiertos a que tal vez no ocurra lo que deseamos el próximo 1 de julio. Así es la democracia y la pluralidad.

Julio González
Acerca de Julio González 109 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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