A la opinión pública

A la opinión pública:

La extraña amalgama de voluntades que convergen en la opinión pública se me figura como una masa informe, ajena a la perseverancia y carente de objetivos. Es una especie de máquina de gritos que se ahogan con otros gritos.  Un oleaje que hace mucho ruido pero en el fondo es manso como una alberca.

Es flor de un día que parece marchitarse en corto tiempo y en ausencia de todo pensamiento crítico. Incluso se contradice si es necesario para confluir en la corriente del momento. En otras palabras la opinión pública es el pasillo de una prepa y eso tiene que ver con muchas cosas, una de ellas es la mala calidad de la prensa libre y la total ausencia de voces políticas que tengan una agenda basada en principios y no en la necesidad de aparecer en medios y caer bien. Es decir, las voces públicas, más que ser faros que direccionan y aportan luz al debate, son megáfonos que amplifican la charlatanería y la bobada, son parte del lavadero, son la señora que grita más fuerte.

Los medios comprados que van de nota escandalosa a chisme de farándula a declaraciones estridentes sin presentar análisis claros e infografías concisas son en buena medida parte de este cardumen de opiniones que en realidad no son opiniones sino estática, ruido de fondo.

La opinión pública es malísima para conectar los puntos y parece desconocer la historia, en una de esas es budista porque sólo habita en lo más presente del aquí y el ahora, en el escándalo de moda. No parece interesarse en entender que es la historia construye al momento, que llegamos al escándalo en turno mediante una escalera de desastres que tienen dueños, cómplices y artífices y depende de una masa crítica para expresarse.

La opinión pública por muy estridente que sea es profundamente tímida, porque depende de un run-run básico, de un cuchicheo que va creciendo, generando consensos, viendo a quien condenar y a quién redimir, sólo entonces se expresa con toda su fuerza y arrasa, cual monzón, con cualquiera que esté en contra de ella independientemente de las razones que presente.

La opinión pública es manipulable, incluso en materia de olvido. Aquí algunos ejemplos:

Cuarenta y tres estudiantes desaparecidos, una verdad histórica insostenible, un Estado probadamente criminal. No hay consenso gracias al ruido generado por diseño. Muchos siguen opinando ciegamente que lo importante es que los 43 eran un amasijo de vagos que se robaron un camión y merecían lo que les pasó.

Nochixtlán. ¿Qué es Nochixtlán?

Tlatlaya: Fue hace mucho y no nos importa ya.

La Casa Blanca, el ridículo de Virgilio, la insostenible patraña del presidente: silencio.

El señor López: Venezuela, un peligro para México.

Es por esto que sin prensa libre, mordaz, rabiosa, los Moreira pueden ser corridos del PRI, fundar su partido político, ir en alianza con el PRI en Coahuila, llenar de sus cuadros los puestos a contender y robarse una elección.

Por eso puede salir el INE a decir que no pasó nada en el Estado de México.

Por eso pueden decir que no hay guerra contra el narco y no hay secuestros y el país va viento en popa.

Porque la opinión pública es un tigre de papel, porque nuestra capacidad de participar, analizar y entender lo que pasa es infantil puede sostenerse el régimen de Peña. Por eso existe el Partido Verde. Por eso pueden aliarse el PAN y el PRD sin temor a que sus militantes vomiten del asco ante este matrimonio por conveniencia entre un zopilote y una gallina (les dejo a ustedes decidir cuál es cuál).

Por eso pueden espiar a los hijos de periodistas o básicamente hacer lo que les de la gana. La impunidad del régimen está indirecta pero fuertemente ligada a la infantilidad de nuestra opinión.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 21 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

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