Sobre la pedagogía feminista

El martes de la semana pasada Territorio organizó el evento Primera Persona: ¿cómo viven las mujeres en Guadalajara? Ahí, alrededor de 15 mujeres contamos historias sobre cómo habitamos y nos movemos en nuestra ciudad.

Escuché anécdotas de mujeres activistas, cantantes, funcionarias, madres y estudiantes. Les aprendí su valentía y entendí la importancia de sentirnos acompañadas; sobre todo en un día como ese, en el que el juez Anuar otorgó un amparo al Porky, y en que Emma, activista de Cladem en Yucatán, fue asesinada.

Hoy les comparto lo que conté en Casa Territorio:

Todas tenemos historias de acoso callejero, de sexismo en nuestras escuelas y espacios familiares o alguna experiencia romántica que nos gustaría olvidar. Como cuando de niña jugaba fútbol y llegaba en las tardes a la deportiva de mi ciudad. Eran puros hombres –porque claro, las niñas sólo bailaban–. ¿Ubican cuando a una la tratan de manera condescendiente por ser mujer o ser joven? Pues conmigo los hombres jugaban fútbol de esa manera, es decir: si yo traía el balón no me llegaban o no trataban de quitármelo. Era bastante obvio. Yo lo sentía como “es mujer, déjenla que juege un rato”. Era algo sutil, pero me llenaba de rabia el no poder ser tratada con igualdad.

O como hace dos semanas que iba en la bici y un señor en su camioneta me gritó que “sí se me andaba bajando por unos chescos”. Decidí grabarlo con mi celular, le pedí que por favor me repitiera tan bello halago. “Puta amargada”, me respondió. Todas tenemos historias así, pero hay una en especial que me hizo reflexionar sobre la forma en la que actuamos ante los machismos cotidianos.

Hace dos años asistí por primera vez a una entrevista en la tele, era una mesa de debate con jóvenes de partidos políticos. Ahí discutimos sobre candidaturas independientes y recuerdo que fui sin miedo alguno. Conocía el tema así que me sentía segura. La mesa de debate estuvo ruda, había un chico muy radical que me cuestionó todo el tiempo. La hora del programa me pareció eterna. Al final, sentí que mis intervenciones habían sido bien argumentadas. Salí contenta del estudio, con mucha adrenalina por ser mi primera vez televisión. Al dejar el edificio, un señor de aproximadamente 50 años se acercó sonriente a felicitar a uno de los integrantes de la mesa. “Estuvo muy interesante el debate, pero usted… –dirigiéndose hacia mí– usted está muy bonita para dedicarse a la política”. Sonreí, recuerdo que genuinamente sonreí. A un completo desconocido le parezco atractiva, pensé.

Después reflexioné: No debiste haber sonreído, Susana. Ese señor pensó que ese comentario era una halago. Nunca sabrá que fue un comentario sexista, inapropiado. Que pudiera mermar la confianza de cualquier mujer. Decidí que no iba a sonreír más ante los chistes o los comportamientos machistas. No sólo eso: también los cuestionaría. No más callar por temor a no caerle bien a alguien. También me di cuenta de que requiere valentía enfrentarse a esa y/o cualquier injusticia.

Leía en las consignas de la marcha de mujeres en Estados Unidos: No puedo creer que sea 2017 y todavía tenga que luchar por estas causas. Y sí, es 2017 y todavía tenemos que defender nuestro derecho a decidir. Todavía hay dudas de que el sexo sin consenso es violación. Y en nuestro país, la política la siguen haciendo hombres, abogados mayores de 50 años. Pero esa es la realidad que nos ha tocado vivir y no podemos escapar de ella, pero sí podemos intentar modificarla. Y si hacer pedagogía feminista todos los días de mi vida es necesario para que más mujeres dejen de ser cuestionadas sobre las decisiones que deciden tomar, yo sí le entro. Si “enseñar” o debatir sobre igualdad logra modificar conductas no me importa dedicarle mi tiempo. Las leyes y políticas para construir disminuir la desigualdad son importantes, pero las conversaciones llenas de reflexiones y argumentos son las que también pueden modificar conductas. Y esas también son necesarias para construir una sociedad más justa.

Susana Ochoa
Acerca de Susana Ochoa 14 Artículos
Feminista // Soy un cliché // #Okupante

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