La realidad indígena detrás de la cancioncita del “nananana”

|Por Omar García|

Yuawi José de Jesús López es un niño privilegiado en un contexto de miseria, abandono y marginación en el que viven los indígenas en México. Y digo que es privilegiado porque hoy, gracias a la promoción que hace a un partido político, volteamos a verlos con cierta simpatía, sin tener muy claro quiénes son y de dónde vienen.

Él es un niño wixárika que trabaja en el campo y disfruta su infancia como vocalista de Venado Azul, un grupo de música artesanal que ha sido utilizado para exaltar los valores de las culturas precolombinas en el partido político Movimiento Ciudadano. Eso sí, bajo el cuidado y diseño de agencias de publicidad allegadas a Enrique Alfaro, que se han llevado 150 millones de pesos en los últimos años; porque tampoco son hermanas de la caridad y lo hacen de a gratis (Reporte Índigo, 31-Julio-2016).

Los huicholes, como los mestizos nombramos a su etnia, son una población que apenas supera las 45 mil personas y que se localiza principalmente en la Sierra Madre Occidental, comprendida entre Durango, Nayarit y Jalisco (INEGI, 2010).

En Jalisco, los huicholes se concentran en los municipios de Mezquitic, Bolaños y Huiejuquilla el Alto –es el tridente que se ve en lo alto de los mapas de Jalisco. Viajar a esos lugares implica trayectos de 10 horas, partiendo de Guadalajara, la capital del estado.

Yuawi

Los huicholes, como la mayoría de las etnias en México, están en peligro de extinción. El sistema los está matando de muchas formas: marginados y en el abandono por los gobiernos; pero también asesinados y violentados por el crimen organizado. ¿Por qué? Porque el crimen organizado, en conjunto con las empresas capitalistas, hacen acuerdos para expulsarlos de cualquier forma de su territorio.

En Mezquitic, por ejemplo, 62 de cada 100 metros son bosques y 28 por ciento son selvas (IIEG, 2017). Imaginen la cantidad de madera, animales y recursos naturales que se tienen. Es más, el desmonte de esos bosques es utilizado por ganaderos, quienes obligan a pistolazos a los indígenas para que entreguen sus terrenos.

Por si fuera poco, en el subsuelo existen yacimientos de hierro y minerales utilizados en la industria metalúrgica y automotriz. De ahí que los indígenas sean los primeros en resentir la embestida del sistema capitalista (puede revisar el concepto académico de acumulación por despojo, de Harvey). Ante el prohibicionismo, el narcotráfico diversifica sus negocios. Apela a la fuerza de las balas y de la corrupción para hacerse de los terrenos que más le apetezcan.

Pero eso no sale en la tele ni tampoco lo entiende todavía Yuawi. Eso nos toca a nosotros explicárselo: que este mundo es culero, pero es peor con los indígenas. Y parece que a nadie le importa.

Omar García

Reportero cachamentiras.

Escribe sobre Guadalajara y sus procesos urbanos.

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