La recolección de firmas, un espejo de nuestra ciudad

Cornejo

|Por Oscar Augusto Juárez|

No hay mejor forma para conocer una ciudad que caminándola y platicando con su gente; desde el transporte público o el automóvil, la perspectiva es distinta, puedes recorrerla, pero no vivirla. Sobre todo si tus círculos sociales y los lugares que frecuentas, están en cierta zona y no tienes la necesidad de salir de ella, pero ¿Qué pasaría si un día te adentraras en una colonia que no conoces y tuvieras que tocar de casa en casa, para platicar con los vecinos?

La realidad es que no conocemos nuestra ciudad en su totalidad, acostumbrados a los trayectos rutinarios y a una que otra ruta alterna cuando hay tráfico, nos quedamos con una pequeña parte de toda la fotografía urbana. Pero ya no hablemos de nuestra ciudad, situémonos en una demografía más pequeña: nuestro distrito electoral.

¿Sabes en qué distrito vives y cuáles colonia abarca? Probablemente la respuesta sea un “no”.

El distrito electoral es la división geográfica en que se organiza el territorio de un país con fines electorales; para poder votar, los electores se ubican según su domicilio en un distrito electoral, cada distrito se divide en secciones, que corresponden a las casillas en donde se podrá emitir el voto.

Seguramente esto es te resulta más familiar si ya votaste alguna vez, si revisas tu credencial de elector, casi en la esquina inferior derecha, encontrarás a cuál sección perteneces y con ella, saber en qué distrito vives.

Desde hace más de un mes, varios jóvenes en los distritos 8, 10 y 13, hemos recorrido sus calles, visitado parques, mercados, tianguis y escuelas. Esos sitios que siempre han estado ahí, formando parte del paisaje urbano, pero no es hasta que uno los conoce y los vive, que adquieren sentido y toda la dinámica que habita en ellos, se convierte en un espejo de la realidad que queremos transformar.

El trabajo de base es indispensable para construir cualquier proyecto social y político, no existen recetas mágicas que solucionen los problemas de ciertas colonias, municipios o entidades; hay que saber escuchar y dialogar para poder ser empático con aquellos que te dicen que ya no creen en nada relacionado con la política, que todos los candidatos son iguales o con quienes antes de que comiences a hablar, te dan el cortón bajo el argumento que no tienen tiempo…

Empatizar con esa ama de casa, ese tianguero, el obrero, la maestra, en fin, el rostro y la ocupación puede variar, pero no el sentimiento de hartazgo y desesperanza, que se encarna en ellos cuando escuchan algo relacionado con la política.

Y no son los únicos, la gran mayoría de las personas en nuestro país se encuentran en esa posición, tras años y años de promesas vacías, de políticos que se autodenominan la diferencia y terminan convirtiéndose en aquello que en campaña juraron y perjuraron cambiar. El desencanto hacia la política tiene su raíz en la deshonestidad y el abandono de la gente, “sólo nos buscan en temporada electoral, luego ganan y jamás regresan”, comenta “La Güera”, una vendedora de ropa usada en el tianguis de Miramar, en las faldas del Cerro del Colli, en Zapopan.

Pero qué pasa cuando no llegas utilizando las necesidades de las personas para hacer política, como prometer que vas a pavimentar cierta calle o que vas a dejar el parque de la colonia bien bonito, cosas que por ley son un derecho y el gobierno tiene la obligación de garantizarlos. De entrada, rompes el esquema tradicional de política al que estamos acostumbrados, ya que no llegas pidiendo un voto, sino su permiso para poder aparecer en la boleta. Esto representa el proceso de recolección de firmas que el Instituto Nacional Electoral (INE), puso como requisito para lograr una candidatura independiente; pedir permiso a las personas para poderlas representar y ser un puente entre ellas y las instituciones, que te den la oportunidad de competir contra los partidos políticos y demostrar que aún hay esperanza para el futuro de nuestro país, ese futuro que estamos construyendo desde el presente.

El semblante de las personas es distinto cuando llegamos y cuando nos despedimos, quizá sea por la novedad que representa un candidato sin partido, a lo mejor porque vieron que al no prometerles el cielo y las estrellas, estábamos siendo honestos o tal vez, porque en esos 5 minutos de diálogo sobre política con un extraño, se sintieron escuchados y volvieron a tener confianza, pero no en la política, sino en las personas. Recordando que al igual que ellos, somos ciudadanos que buscan un mundo mejor, que estamos hartos de las formas en las que se ha hecho política y por lo mismo, decidimos poner manos a la obra y ya no dejar que decidan por nosotros; hacer política de manera honesta, cercana y austera, no es imposible, ya se hizo hace 3 años y en el 2018, no será la excepción.

Para conocer la ciudad hay que caminarla, pero para transformarla, hay que vivirla, no sólo cuando el calendario marque tiempos electorales, que se convierta en una práctica cotidiana que permita generar puntos de encuentro con otras personas en la misma ciudad, a unos minutos, en esas zonas donde antes no había nada que hacer y hoy hay nombres, sueños,  rostros e historias por contar.

Oscar Augusto JuárezOscar Juarez

Politólogo y abogado por el ITESO

Presidente de la USAI

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