La rocé, a la justicia, incidentalmente y sin fines de estupro…

“El crimen en sí mismo fue bárbaro; pero la impunidad oficial de que se le revistió, así para perpetrarlo como para sustraer el criminal al castigo de la ley, es monstruosamente cínica…” Escribía, en enero de 1950, Nicolás Guillén sobre la muerte de un líder popular llamado Jesús Menéndez y la cita, me parece un resumen del sistema judicial mexicano.

A Anuar González Hemadi, juez tercero de distrito en Veracruz, se le ve en sus fotos sonriente, vestido con un traje de blanco lino y una corbata azul celeste, prístino como una novia que no se ha entregado al feo vicio de la lujuria antes de dar sus votos en el altar; casi huele a perfume en la foto. En otras tomas, aparece acompañado de sus hijas y esposa en revistas de sociales, celebrando el cumpleaños número 4 de una de sus pequeñas. Ahí están las niñas, sonrientes, felices e inocentes y ahí está él, padre ejemplar, marido perfecto, hombre encargado de mantener la balanza de la justicia entregando a la sociedad un retrato de su frivolidad perfecta todo al alcance de una búsqueda en Google.

Sobre la pertinencia de las imágenes familiares del juez, expuestas en las redes, escribe con sensatez, Francisco Jaime: “Creo que la publicación es muy válida, no se trata de incitar al odio, sino de contraponer la falsa moral de un juez que por un lado exonera a un agresor sexual, pero por otro lado se muestra socialmente como un padre amoroso. El problema no es que aparezcan las hijas, ya que obviamente él y su esposa pagaron por la publicación original, por lo que supongo no tiene reparos en exponerlas públicamente. Hasta aquí el punto de las hijas. Lo que importa es que exista esta doble moral tanto en jueces como en otros servidores públicos y que lejos de procurar justicia para las victimas, se proteja a los agresores…”

Estamos hablando de los Porkys, un escandalazo nacional donde unos muchachos agredieron sexualmente a una menor de edad para luego huir del país ¿Se acuerdan?

En el caso de Diego Cruz, uno de ellos que fue detenido en España y extraditado a México, sentenció, el juez sin que le temblara la mano al firmar, lo siguiente:

“Sólo se da noticia de un hecho de tipo sexual (por la parte del cuerpo) en donde existe el tocamiento, pero no se aprecia esa intención de satisfacer placeres sexuales o el erotismo propio del activo (el Porky), o de un apetito carnal inmoderado, pues es un hecho que se dio instantáneo, en un solo momento, sin expresar palabra alguna y sin que se tuviera ese deseo de deleite sexual en detrimento de la víctima que le causara un ‘abuso sexual’, pues incluso la pasivo después del hecho fue pasada a la parte delantera del vehículo…

“No se advierte ninguna manifestación, intención de la conducta, insinuación, mirada, acercamiento u otra circunstancia narrada que diera noticia de la intención de satisfacer un deseo carnal en el activo o un apetito inmoderado o un erotismo sexual al momento de desplegar la conducta que se le atribuye, y que dé vida a la lascivia”.

Vamos a ver algunas cosas de esta indignante cantaleta de barbaridades: ¿Le toqueteó los senos porque buscaba desesperado un tumor preocupado por la incidencia de cáncer de mama en el país? ¿Más que buscar su vagina con trémulos dedos de adolescente jarioso, su interés era de corte médico pretendiendo buscar tumoraciones u otra patología en el cuello uterino? Aún si estas fueran las nobles y cero eróticas intenciones del joven, me parece que el asiento trasero de un coche en una noche de juerga es un lugar, por lo menos sospechoso, para andar haciendo tactos clínicos en las tetas y la vulva de una menor de edad.

También, teniendo en cuenta que el joven en cuestión ya se había fugado a España para escapar de la justicia, ¿no sería por lógica una mala idea concederle un amparo para que pueda volver a fugarse?

Podría buscar justificaciones varias, simpáticas y chistosas, a las barbaridades del señor juez… Acaso el muchacho buscaba una moneda que resbaló en las zonas erógenas de la menor de edad. Pero todo eso son lamentables tonterías. La verdad que escupe a la cara es que los jueces están acostumbrados a los billetazos y es tal la impunidad de este país y tan pobre la inteligencia que se pide a los custodios de la justicia que olvidan cuando un caso se pone sobre la lupa internacional y actúan bajo las normas a las que están acostumbrados sirviendo a cosas que nada tienen que ver con la justicia.

El caso es simple  y sintomático: el dedo nos lo están metiendo a todos, diariamente, pero sin fines sexuales. Durmamos tranquilos.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 11 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

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