La “sala de estar” de una escritora generosa

Desde hace casi dos décadas, Rayuela Diseño Editorial se ha encargado de poner en circulación –a veces en solitario o en colaboración con diferentes empresas e instituciones– libros que celebran al libro en su día y, además, funcionan en mi opinión como pretextos óptimos para no dejar de discutir, hablar u opinar en torno al libro y su impacto a nivel personal o social, siempre desde la perspectiva de quienes se involucran en su creación, desarrollo o distribución.

Este año, quienes adquirieron un ejemplar del título con el que se conmemoró el Día Mundial del Libro y la Lectura pudieron recibir como obsequio un ejemplar de Visita guiada a una sala de estar (2018), de la poeta y traductora mexicana Pura López Colomé (Ciudad de México, 1952) que, a vuelo de pájaro, puede describirse como un relato en cinco “escalas” donde se hace un recuento de cómo llega a vincularse con los libros y la literatura para dar cuenta también de su trayecto escolar y formación profesional, en un amplio y variado registro –diferentes eras y lenguas– donde se consignan tanto autores como obras.

Ahora, a lo largo de 18 años, muchos son los escritores y ensayistas que han desfilado en esta colección pero, desde mi perspectiva, este volumen de la mexicana es uno de los más entrañables, su experiencia de vida la traduce a un lenguaje sencillo y conciso, donde la enfermedad de la niñez coincide con las primeras historias, con aquellos personajes que se volvieron significativos, con los autores clásicos que brindaron claves (o un refugio cierto) a la niña, la joven, la estudiante, la maestra, la traductora o la poeta.

En este sentido, por supuesto, López Colomé está lejos de ser una desconocida en el panorama nacional; se trata de una autora de nueve libros de poemas, entre los que destaca Santo y seña (2007), con el que ganó el Premio Xavier Villaurrutia, y por décadas ha escrito crítica literaria pero, ante todo, se le reconoce como traductora de poetas extranjeros de renombre internacional, en especial de Seamus Heaney, cuya Obra reunida (Trilce/ UANL, 2015) en edición bilingüe se publicó hace unos años (con sus versiones e introducción).

Así, en este libro, bajo la premisa de que todo lector “tiene su historia”, se parte de la noción de “sala de estar” –que representa una equivalencia de “drawing room”– que designa un espacio “para existir con uno mismo” por medio de la realización de múltiples actividades, entre las que tienen primacía la lectura y la escritura.

Y no sólo se refiere la poeta y traductora a un linaje de escritores que parte desde el anónimo de Las mil y una noches para seguir con R. L. Stevenson, Emily Dickinson, Mary Shelley, Shakespeare, Melville y tantos otros de lengua inglesa para pasar de ahí a la tradición hispanoamericana –Borges, Neruda, García Márquez– o la mexicana –Reyes, Rulfo, Paz, Arreola–, a lo que se suma su experiencia laboral en el extinto suplemento Sábado (del más extinto diario Unomásuno), donde su jefe fue Huberto Bátiz.

Todo en esta obra confluye hacia su destino final como traductora, pero no es esto lo principal, sospecho; como muchos testimonios a los que se parece, en este volumen los hechos que se relatan se intersectan en un postulado único (que no es original, pero no importa si no lo es) y esencial, que la literatura proporciona “la única manera de ser feliz sin término y en cualquier circunstancia”. Y hay quien aún se pregunta –u olvida– por qué no hay que dejar de leer, e insistir y resistir. Esta clase de iniciativas y esfuerzos editoriales se agradecen siempre.

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