A la sombra del Mundial

|Por Juan José Doñán|

A partir del jueves de la semana pasada, todas las cosas –incluidas las campañas políticas–parecieran estar condenadas a quedar a la sombra del vigésimo primer Campeonato Mundial de Futbol, donde la pelota ha comenzado a rodar en la lejanísima Rusia. De suerte que, en el ánimo de propios y extraños, hasta los sucesos más cercanos han pasado a un segundo término. Así, por ejemplo, si ya era poca la atención que se les venía prestando a las atosigantes campañas electorales, ahora esa poca atención se ha convertido en desatención, o casi.

Para bien o para mal, muy pocas personas repararán en lo sucesivo en una de las más inauditas propuestas que ha venido haciendo uno de los candidatos a la gubernatura de Jalisco: la pena de muerte para castigar ciertos crímenes, que propone el abanderado del Partido Verde Ecologista de México, Salvador Cosío Gaona, cuya intención del voto no supera el 2 por ciento.

En primer lugar, sorprende que un abogado y notario público como el señor Cosío Gaona, quien escribe cotidianamente sobre temas de beisbol en un conocido diario de la localidad, de nombre El Informador, esté haciendo campaña con el amago de la pena de muerte, la cual ha sido abolida en la inmensa mayoría de las naciones civilizadas del orbe. Por lo demás, habría que preguntarse ¿por qué cuando Cosío Gaona fue diputado local de Jalisco, entonces como legislador del PRI, no presentó una iniciativa para que se aprobara dicha pena, y es hasta ahora, casi diez años después, cuando al susodicho le ha dado por llamar la atención en su campaña política, con algo que no sólo es inviable, sino indeseable, en la legislación mexicana?

Otra nota lamentable de dicho candidato es que haya colocado un anuncio descomunal suyo arriba y atrás del templo de San Francisco, afectando la panóptica de ese inmueble patrimonial. Y sobre este mismo caso, habría que preguntarse ¿por qué las autoridades del Ayuntamiento de Guadalajara han permitido la instalación de tal anuncio, provocando una descarada contaminación visual en el primer cuadro tapatío?

 

A propósito del Ayuntamiento de Guadalajara, uno de los aspirantes al cargo más alto del municipio, Ismael del Toro, de Movimiento Ciudadano, acaba de hacer una propuesta que a muchos tapatíos más bien les parece amenaza: continuar con el proyecto de “arte público” iniciado a troche y moche, por no decir que a lo Borras, por el alcalde con licencia Enrique Alfaro, ahora candidato al gobierno de Jalisco, también por Movimiento Ciudadano.

Considerando que no es poco el rechazo que dicho proyecto escultórico ha suscitado, hasta ahora con obras asignadas por dedazoa pintores improvisados como escultores y “artistas urbanos”, es casi seguro que el anuncio de la continuación de ese descocado proyecto no le granjeara demasiadas simpatías electorales ni a Ismael del Toro ni al mismo Enrique Alfaro, que bien podría decirle al primero: “No me ayudes compadre”.

Otra noticia que ha pasado casi inadvertida por la fiebre mundialista es el proyecto de la Comisión de Cultura del Congreso de Jalisco para ampliar el número de estatuas de Jaliscienses Ilustres, en la plaza de la Rotonda del mismo nombre.

Por principio de cuentas se harían estatuas de algunos ilustres de verdad, cuyos restos jamás estarán en la Rotonda del centro tapatío por la sencilla razón de que dichos restos se encuentran ya, desde hace tiempo, en la Rotonda de los Mexicanos Ilustres, en el panteón de Dolores de la capital del país. Ése es el caso de la pintora María Izquierdo, de la compositora Consuelo Velázquez, del científico Guillermo González Camarena, de su hermano el pintor Jorge González Camarena, etcétera.

Sincretismo

Se podrá alegar que esto ya había sucedido, desde ese tiempo, con José Clemente Orozco, Valentín Gómez Farías, Enrique González Martínez, el Dr. Atl y Agustín Yáñez, cuyas efigies están en la plaza de la Rotonda tapatía, pero cuyos restos mortales se encuentran en la mencionada Rotonda de los Mexicanos Ilustres, en la capital del país.

Pues sí, pero precisamente por eso no parece lo más correcto confundir a quienes recorren el centro tapatío, haciéndoles creer que en la plaza de la Rotonda se encuentran los restos de equis jalisciense ilustre sólo por el hecho equívoco de que su estatua se encuentra emplazada en el lugar, y desinformando a esas mismas personas de otra cosa: que son varios los casos de jaliscienses ilustres (con y sin comillas), cuyos restos mortales sí se encuentran en las criptas de la Rotonda, aun cuando no tengan estatua.

El colmo es que en tiempos más o menos recientes y por sucios enjuagues políticos, líderes del charrismo sindical fueron declarados oficialmente “ilustres”, por lo que ahora tantos sus restos mortales como su estatua conmemorativa están en la plaza de la Rotonda, para agravio de los verdaderos difuntos ilustres de la comarca.

Finalmente, el Mundial puso en un segundo o tercer plano la entrega del Premio Jalisco la entrega que se hizo ayer a un grupo de personas de mérito muy desigual, pues lo mismo fue premiado un funcionario público como el presidente de El Colegio de Jalisco, Javier Hurtado, quien para colmo fue propuesto por subalternos suyos (entre ellos el historiador Jaime Olveda), que a un par de personas ameritadas.

La falta de seriedad en el caso del Premio Jalisco comienza por el hecho de que quienes dictaminan a los galardonados no es un jurado integrado por especialistas en cada una de las categorías que se premian, sino por funcionarios públicos improvisados como especialistas. De ahí que no sea raro ver a el caso anómalo del primer funcionario público de Jalisco (el gobernador) premiando a subalternos suyos.

Bienvenido el Mundial, no obstante que ha puesto en la sombra sucesos cotidianos de toda laya. Y como dijera el cada vez más cariacontecido José Antonio Meade al final del último debate entre los candidatos a la presidencia de la república: “¡Suerte a la Selección Mexicana en Rusia!”.

 

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