La Verdad Suprema

Agresión en un mitin político de la Ciudad de México (fuente: Radiofórmula)

|Por Rodrigo Cornejo|

En México vivimos cotidianamente escenas que nos llaman a reflexionar sobre el horror, la vida y la muerte. Sin embargo, en estas líneas he decidido llevarnos a un acontecimiento alejado de nuestro país y de nuestro presente para hablar de algunas cosas importantes, ya que este año que apenas comienza amenaza con ser una repetición de cosas que surgen una y otra vez cada año electoral.

En 1995, miembros de un culto llamado Aum Shinrikyo (traducción: “Verdad Suprema”) arrojaron sarín en el metro de Tokyo. El sarín es un líquido incoloro sin olor que se usa como arma química, ya que causa la muerte entre 1 y 10 minutos después de haberse expuesto a él. El ataque causó la muerte de 11 personas, ya que el sarín fue arrojado a los carros del metro en una hora durante la cual había muchos pasajeros –alrededor de las 7 de la mañana –.

El culto responsable de este ataque buscaba propiciar el fin del mundo, derrocar al gobierno e instalar un nuevo emperador. Las cinco personas que perpetraron el ataque creían firmemente que este acto iba a mejorar al mundo para ellos y para todos los que vivían en él. Estaban dispuestos a matar para hacerlo realidad.

Estación Kasumigaseki (Tokyo)

Este incidente, ocurrido hace 22 años, nos muestra claramente que en todas partes hay personas  dispuestas a imponer violentamente sus ideas, sobre todo cuando las creen las únicas, las mejores o las más importantes. Sobra decir que el incidente de Tokyo es un ejemplo de algo poco común, pero lo útil de este tipo de ejemplos es que ponen en claro justamente eso que los hace posibles. Llevadas al extremo, las personas pueden cometer actos atroces e injustificables en el nombre de lo que creen es “un bien mayor”.

Lo anterior, en la política, es de especial importancia. Si entendemos la política como la batalla de ideas y visiones de país distintas, entonces la elegancia en este enfrentamiento de visiones es que se busca (mediante la pluma, la voz y la palabra) convencer al otro, a muchos. Pero esa elegancia también está en reconocer que lo que hace posible que ideas más complejas y mejores surjan es la existencia de personas dispuestas a que esa batalla se quede siempre en el campo de las ideas y no se desborde a la violencia y la imposición. Los recientes asesinatos de alcaldes, el tono polarizante de las precampañas y los primeros incidentes de enfrentamientos en la Ciudad de México ya comenzaron y son claros ejemplos de que en nuestro país, esa forma de hacer política no es posible hoy en día.

En mi entendimiento de “hacer política”, lo colectivo no solamente significa hacer algo entre muchas personas. De hecho, muchos de los excesos más terribles de la política fueron perpetrados por muchas personas convencidas de lo mismo. Lo colectivo implica una parte importantísima, que es organizarse en libertad y respetar el juicio, la libertad y la vida de los demás. En mi opinión, sin ese complemento, lo colectivo no existe.

 

Quienes desde la política buscan obligar o forzar a sus semejantes a actuar de una forma u otra, sin respetar su libertad, jugando con sus carencias materiales, infundiendo miedo o tratando de comprar su voluntad, no hacen política. Quienes buscan convencer a los demás con información incompleta, errónea o dudosa tampoco hacen política. Lo que intentan hacer se llama control y dominación.

Por eso, mi llamado antes de que comience lo más frenético de este año electoral es a no olvidar lo siguiente: la violencia y la polarización también son sustancias incoloras y sin olor. Ambas pueden ser altamente dañinas. Sus efectos se ven meses e incluso años después y siguen envenenando nuestra política hasta el día de hoy.

Rodrigo CornejoCornejo

Aspirante a candidato independiente por el Distrito 10 de Jalisco.

Miembro de Wikipolítica.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*