La vida después de la dieta de hidrocarburos

Sepa la bola

“Cuando se descubrió la velocidad automotriz

 y se le elevó a rango de libertad individual,

 se tuvieron que inventar las distancias,

los lugares a donde ir

 y algo que hacer llegando”

Pablo Fernández Christlieb

El ayuno prolongado de combustible nos puso de malas: las redes sociales se convirtieron en un hervidero de emociones y confrontaciones. Como el agua y el aceite en una cacerola, se pueden leer los comentarios en plataformas de quienes apoyan las medidas de combate contra el robo de hidrocarburos y también de quienes comparten mensajes suplicando una estrategia que no les afectara el legítimo privilegio que es usar el automóvil de forma individual para desplazarse. No importa la red social o sobremesa: el tema nacional de cada día, la semana pasada y lo que va de esta ha sido la gasolina.

Pero en medio de esta paleta de grises ¿qué hemos aprendido de la dieta de hidrocarburos? He tenido la oportunidad, mientras camino, utilizo el transporte público o me muevo en bicicleta de articular algunos piensos que les quiero compartir:

Nuestro modelo de transporte ha propiciado que las personas opten por endeudarse para adquirir un automotor individual, pese a que de manera colectiva no permitirá su eficiencia debido al tráfico en horas pico –unas 5 horas al día–.

En materia medio ambiental, nos enteramos de que mejoró la calidad del aire en Guadalajara. El uso irracional del auto nos está enfermando y no nos queremos dar cuenta. Hemos sido beneficiarios de una ciudad más disfrutable en esta última semana. Una más sana.

Las prisas –el modelo temporal nos las imponemos porque creemos que podemos llegar rápido a todo lugar; bueno porque se piensa que moverse en carro será siempre más rápido. Algunos que han usado el camión ya se dieron cuenta de que en ocasiones es mejor opción. Estoy seguro de que el estrés que se genera al tomar el volante se tomó un descanso.

El modelo de ciudad. El maldito modelo de ciudad. Ese que hoy miramos desde las periferias y decimos “por qué elegimos construir una ciudad dispersa”. Aún podemos frenar la expansión de la mancha urbana, pero debemos trabajar para ello.

Dos más, para no aburrir. El modelo económico basado en el consumo. Los números con connotación negativa que hemos leído abordan una desaceleración sobre el consumo ¿qué nos ha pasado? Nada. “Pero a la economía sí”, dicen. Y no lo dudo: estamos –o al menos eso pensamos– condenados a comprar y contratar servicios y productos.

Por último: el modelo de vida. La dieta de hidrocarburos nos obliga a repensar en la movilidad, los tiempos, el consumo, la dependencia, la congruencia, los privilegios, la vida comunitaria, la rendición de cuentas, la vida de ciudad que anhelamos; en el futuro.

Julio González
Acerca de Julio González 127 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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