El lado de la historia

Imagina un  mundo donde prácticamente todo el mundo asegure que la tierra es plana y que el sol se mueve en torno a ella. Imagina sistemas políticos religiosos que condicionan la forma de pensar de las personas al grado de quemar en la hoguera a aquellos que piensen diferente.

Imagina un mundo gobernado por reyes y emperadores absolutos nombrados por el mismísimo dios, en el que eres un súbdito y absolutamente todas tus acciones estuvieran determinadas por el deseo del emperador. ¿Cómo podría un pequeño grupo de personas cambiar las cosas y ganar la autodeterminación? ¿Habría grupos de conservadores tratando de que todo se quede como esta? Imagina lo radical que debió sonar en la Francia del siglo XVIII la idea de formar una república que fuera gobernada por personas comunes y no por un elegido coronado por dios.

Imagina vivir en sociedades cuyas economías dependan de la esclavitud directa de personas de otra raza, imagina los comentarios y argumentos que debieron tener los propietarios de esclavos del sur estadounidense contra los pequeños grupos de progresistas que buscaban la abolición: la economía se desmoronará.

Imagina que eres parte de los debates en las primeras democracias liberales ¿Habrías argumentado a favor del voto de las mujeres? ¿O, inserto en aquella realidad, te habría parecido francamente ridículo que la mitad femenina de la población votara también?

Imagina que eres un señor blanco adinerado, privilegiado, reconocido y de buena familia habitando la Sudáfrica del apartheid. ¿De qué lado de la historia habrías estado? Seguramente los contextos culturales y económicos de la época te habrían presionado para apoyar y justificar un cierto grado de separatismo, aun pensando diferente.

Cuando nos ponemos en los zapatos de las personas a las que les tocó vivir cambios de paradigma desde la distancia que el tiempo otorga todo parece muy claro.

Nadie abogaría hoy por volver a implantar la esclavitud, aunque podríamos debatir por las condiciones laborales, tan parecidas, que el sistema económico actual otorga a millones de personas; Nadie pediría que dejen de votar las mujeres, pero falta mucho para que esa mitad de la población mundial pueda desarrollarse en condiciones de equidad e incluso decidir sobre su propio cuerpo; Nadie querría que su país se convirtiera en un reino totalitario, pero nuestras democracias están a años luz de lograr la autodeterminación de las sociedades. Ya no hay inquisición como tal, pero las creencias religiosas siguen encumbradas en gran parte de nuestras leyes y en la manera en que nos relacionamos y juzgamos unos a otros.

Imagina ahora que te toca vivir en la actualidad. Que perteneces al privilegiado grupo de la población mundial que pudo asistir a una universidad, que tienes acceso a información y que eres capaz de pensar por cuenta propia.

Imagina que vives inmerso en un sistema económico patriarcal que depende de la construcción de inequidades. Imagina  que el planeta vive una alarmante alteración de su clima por la producción humana, que los hábitos de la sociedad que habitas contribuyen todos los días a agotar los recursos de la humanidad. Imagina los necesarios cambios de paradigma que vienen.

Seguramente, como en cada ocasión, habrá poderosos grupos conservadores, con intereses,  que harán todo lo posible por dejar las cosas exactamente como están. “Como ha sido siempre”.

En muchos casos será confuso. Como fue en otras épocas, solo podrás ver y juzgar las cosas desde el presente y desde lo personal. Pero todo lo que hagas, lo que opines, la manera en que te relaciones con los demás, el sentido de tu voto, tus hábitos, tu modo de vivir; determinarán el lado de la historia en el que habrás decidido estar.

Felipe Reyes
Acerca de Felipe Reyes 16 Artículos
Arquitecto, ciclista y disentidor ocupado en urbanismo y movilidad

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