Un largo camino de agradable lectura

Publicada en 2016 y ganadora del Premio Nacional de Narrativa en España un año después, la novela Patria (Tusquets Editores), del narrador y filólogo Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), ha resultado asimismo un fenómeno de ventas algo inesperado; tras casi una treintena de reimpresiones y de aparecer todavía en las listas de “más vendidos” en su país, se trata de una historia que –en mi opinión– combina de buen modo diversas estrategias narrativas a pesar de no ser nada original.

Primero que nada, lo que toca directamente la novela es la relación de dos familias que se conocen desde siempre, pero todo se trastoca a partir del asesinato del miembro de una a manos de un integrante de la otra; ahora, manejado desde una perspectiva oblicua y diluida (son más de 700 páginas), no se trata de un crimen cualquiera sino de un acto perpetrado por ETA (la organización nacionalista vasca que anunció el cese de sus actividades armadas en 2011), nada menos.

Como puede imaginarse, lo que se nos relata no resulta sencillo y Aramburu elige quizá la más ardua de las vías para hacerlo, diversificar los puntos de vista en una serie personajes que, además, no se enfocan en los hechos en sí sino en sus consecuencias y una visión necesariamente particular que se contamina, en cada uno, con las vivencias del presente y las esquirlas del pasado.

Ahora bien, líneas arriba me referí a “estrategias” de orden narrativo que favorecen a un volumen extenso que, para muchos, podría no atraer lectores; sin embargo, ha sido todo lo contrario. En estos términos, lo que ha hecho Aramburu es optar por una prosa limpia y sencilla, un lenguaje que se ajusta a la personalidad de cada uno de sus personajes y al cual se “ajustan” sus consideraciones, opiniones, cargados silencios y descripciones que favorecen eficazmente el interés de quien sigue la historia.

De igual forma, el autor evade el desperdicio al decir contar con base en una estructura capitular donde cada segmento no pasa de unas cuantas cuartillas, lo que crea la impresión de celeridad y nos induce a avanzar, paso a paso, como quien no alcanza a satisfacer su curiosidad plenamente, pero –con todo– alberga la esperanza de dar con la “clave” de uno de los incesantes conflictos que pueblan la novela.

Y por si algo hiciera falta, lo que me resulta admirable es la enorme carga emotiva que se percibe tras las actitudes que toman los personajes ante los sucesos de la historia, algo que les otorga singularidad y cercanía, quizá aquí se explica parte del enorme éxito que ha cosechado el libro.

Finalmente, Patria es una de esas novelas a las que se puede poner pocos reparos; si bien, en general, la trama se sustenta en tópicos como el regreso al hogar, la traición y un perdón consecuente, ninguno se trata con torpeza y se sustentan en una conjunción de puntos de vista que no se desordena en conjunto. De hecho, confieso que al concluir la novela me quedó la impresión de asistir a un final demasiado abrupto, pero eso no significa mucho después de un agradable y largo camino de lectura.

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