Las elecciones del domingo

|Por Juan José Doñán|

Este domingo 1º de julio llega la hora de la verdad. En los votantes –y en nadie más– está elegir, entre las cuatro opciones registradas oficialmente, a la persona que deberá estar al frente del destino de nuestro país durante los seis años venideros.

Atrás quedaron ya las campañas con sus letanías de lemas vacuos, con descalificaciones a granel entre candidatos de toda laya, con la cauda de propuestas y compromisos desmesurados en mítines, debates y similares, y por desgracia también los asesinatos de centenar y medio de contendientes a puestos de elección popular.

Luego de esos lamentables hechos, aparte del tedioso circo político, el turno ahora es del ciudadano. A éste le basta con acudir a la casilla electoral que le corresponde para dictar sentencia, para despejar dudas y para darle sentido a aquello del “poder emanado del pueblo”.

Ha sido hasta tiempos recientes cuando ese pueblo, al que durante generaciones se le regateó tanto la voz como el voto en las urnas, ha podido elegir libremente a sus gobernantes, aun cuando con harta frecuencia las opciones parezcan ser demasiado reducidas. Esto último bien se podría atribuir a la creencia de que, como dijera el más famoso dinosaurio del estado de Guerrero, Rubén Figueroa, quien de bestiarios políticos sí sabía, “la caballada está flaca”.

Curiosamente, el hecho de que los votantes ahora sí puedan elegir a sus gobernantes ha llevado, sin embargo, a algunos analistas políticos (con y sin comillas) a minimizar la importancia de lo que llaman, con no poco desdén, “democracia representativa”.

Pero más allá de que dicha democracia pueda no despertar grandes entusiasmos, o de que no se traduzca necesariamente en buenos gobiernos, o en una mejoría notoria en el nivel de vida de la población, tiene sin embargo un mérito indisputable: garantiza que quien esté a la cabeza de un gobierno lo haga por lo menos con el consentimiento de la gente o, para decirlo con mayor precisión, con el consentimiento de la mayoría de las personas que acuden a las urnas. ¿Esto es demasiado poco? Aun cuando pudiera concederse que sí, se trata de un principio al que de ningún modo se debe renunciar

Democráticamente (con el respaldo de la ciudadanía) un partido de oposición pudo llegar al máximo cargo del país en 2000 y tuvo que irse doce años después porque los votantes sencillamente le retiraron la confianza, al considerar que los presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón no estuvieron a la altura.

Y en la valoración de la ciudadanía el gobierno priista de Enrique Peña Nieto ha sido tanto o aún más decepcionante: un gobierno marcado por el fracaso en varios frentes neurálgicos: fallidas reformas estructurales, incremento en el costo de la vida, creciente inseguridad pública, corrupción al por mayor, etcétera.

Sin embargo, todo lo anterior no es culpa de la democracia, pues ésta no hace milagros ni aquí ni en China (cuando ése llegue a ser el caso en el autoritario gigante asiático) ni en Alemania, país que a principios de los años treinta del siglo pasado encumbró, por la vía de las urnas, a un tal Adolf Hitler.

Es evidente que con el consentimiento de la ciudadanía se pueden llegar a colar a los más altos cargos de una nación los más diversos bichos políticos: bribones, embaucadores, pillos de siete suelas, asesinos e incluso genocidas. Pero la democracia también tiene reversa y, más temprano que tarde, permite que un pueblo se deshaga de sus malos gobernantes y sancione severamente al partido que los apadrinó.

¿De qué tamaño será el ajuste de cuentas que la ciudadanía haga con quienes ahora nos gobiernan, tanto a escala federal como local? Es algo que se irá sabiendo a partir de la noche de este domingo 1º de julio, con el cómputo de votos.

Contra la opinión de los escépticos, la democracia sí sirve y máxime cuando se considera que todas las correcciones y sanciones derivadas de ella se aplican de manera pacífica, sin provocar contratiempos mayores y sin alterar demasiado la vida pública.

Unos, quienes resulten ganadores en los comicios, podrán darle rienda suelta a su júbilo cantando a todo pulmón El rey, y a su contraparte (tanto los derrotados como quienes deberán soltar el “hueso” en los próximos meses) le queda la opción de consolarse oyendo y entonando Las golondrinas. Y en ambos casos sin hacerla demasiado de tos.

A quienes vayan a salir favorecidos en las urnas más les vale no defraudar la confianza que la ciudadanía deposite en sus personas y partidos. Y ello porque en política nadie gana ni pierde para siempre, y quien ahora desaprovecha su turno al bat(con un desempeño malo o insatisfactorio en el servicio público) mañana habrá de lamentarlo, yéndose a la banca por un buen rato.

En esta incómoda posición, más incómoda que estar a la intemperie, es en la que les tocará jugar a quienes no obtengan el respaldo de los votantes este domingo y queden emplazados a hacer su mea culpa. Y todos estos beneficios los provoca la simple visita de los electores a las casillas.

Por otra parte, sucede también que muchas personas esperan demasiado de los gobernantes que eligen y pronto se terminan decepcionando no sólo de ellos, sino de los partidos y de la política en general. Y esto es así no sólo por las promesas desmedidas de los candidatos en campaña y por la credulidad de muchos de sus electores, sino porque aun cuando pudieren llegar al gobierno personas capaces y decentes, éstas deben lidiar con necesidades sociales que siempre serán mayores que los recursos para atenderlas, aparte de tener que cumplir con compromisos clientelares adquiridos en campaña; con la presión de los llamados poderes fácticos; con los muchos riesgos y tentaciones a la hora de ejercer el poder público (incluidas las tentaciones que tienen signos de pesos); con la incómoda, aunque indispensable, presencia de la oposición política, y entre otras cosas, con una masa burocrática no demasiado empeñosa.

No obstante lo anterior, no hay mejor medio ni remedio para decidir quién debe gobernar que el pueblo en urnas y no en armas. Por todo ello y por muchas cosas más, hay que acudir a votar este domingo 1º de julio.

 

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*