Las escaleras: más sucias de corrupción

Sepa la bola

En pleno año electoral y como complemento, los meses posteriores a los comicios del 1 de julio de 2018, el gobierno federal de México se echó a la hamaca en el combate a la corrupción. No es que en los primos cinco años de la administración de Enrique Peña Nieto, el país se haya consolidado en implementar políticas anticorrupción eficaces y que haya castigado a quienes hayan incurrido en algún acto de este tipo. Pero, como dice una de las máximas populares, siempre se puede empeorar.

Ayer se publicó el Índice de Percepción de la Corrupción 2018 (IPC2018), en el que México cayó tres lugares en comparación con la medición anterior. Pocos, dirían algunos. Sin embargo, ahora nos ubicamos en la posición 138 de 180 a nivel global. Ahora ya sabemos que en seis años, con Peña, caímos 33 peldaños.

¿Qué hacer para mejorar? Aprovechando que estamos en tiempos de cambio ¿por dónde trazar la ruta que debemos emprender? Digo, el presidente López Obrador no es culpable de la corrupción previa al 1 de diciembre de 2018, pero sí de la que suceda a partir del día que toó protesta.

Transparencia Mexicana señaló una posible ruta –siempre puede haber otras que vayan más o menos por el mismo sentido, pero para este momento tomaremos la de esta organización de la sociedad civil–: Primero debemos consolidar el Sistema Nacional Anticorrupción, pasando de la etapa de nombramientos (aunque suene absurdo, no tenemos fiscal anticorrupción) a generar primeros resultados. También sería bueno corregir las acciones preventivas que no logren resultados medibles y orientar la política anticorrupción hacia la sanción y la recuperación de activos. Por supuesto, una acción imprescindible sería desmantelar las redes de corrupción que operan a nivel nacional y que gozan de protección política en los diferentes órdenes de gobierno, tal como lo enuncian.

Bueno, pero vayamos a la propuesta de López Obrador para poder contrastar su plan de acción, o bueno, sus propuestas al menos, para conocer si el camino es esperanzador, por decir lo menos.

Justo en su toma de protesta en el recinto legislativo, López Obrador enunció la palabra “corrupción” en 19 ocasiones. Incluso hizo referencia al Índice de Percepción de la Corrupción 2017.

Las palabras del presidente de México que enmarcaron al término “corrupción” con mayor frecuencia fueron a propósito de la crítica al modelo económico neoliberal y la privatización de bienes. La única acción clara, mas no con evidencias de que funcione como política pública, fue la promoción de una ley para convertir la corrupción en delito grave, “que, aunque parezca increíble no lo era”, enfatizó aquella mañana. Otra de sus medidas anunciadas fue “limpiar al gobierno de corrupción de arriba para abajo, como se limpian las escaleras”. Y dijo, también, que no habría influyentismo en negociaciones entre su administración y empresas privadas.

En sus primeros 60 días de gobierno, López Obrador no nos han demostrado que la corrupción haya desaparecido o que estemos ya por esa ruta, solo sabemos que peldaño a peldaño, la escalera que dijo que limpiaría de arriba para bajo está más sucia. Esperemos que, con pasos improvisados –la marca de casa en dos meses–, el país no azote por no querer escuchar las voces de quienes conocen del tema anticorrupción, y pueden ayudar a barrar una escalera, cada vez más sucia de este ilícito.

Julio González
Acerca de Julio González 127 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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