Las musas en la era de la “refundación”

|Por Juan José Doñán|

Tanto el nuevo gobierno de Jalisco, que entrará en funciones en cuatro semanas más, como la mayoría de las renovadas administraciones municipales de la Zona Metropolitana de Guadalajara, ya han ido dando color en el área de promoción cultural.

Mientas que en Zapopan y Tlaquepaque, donde hubo reelección de presidentes municipales, se ratificó a los titulares en sus respectivas direcciones de Cultura, el nuevo alcalde de Guadalajara, Ismael del Toro, intempestivamente destituyó a quien acababa de nombrar como director de Cultura del municipio. Y ello porque, como es sabido, a Del Toro le molestaron las declaraciones que su subalterno hizo sobre el Festival Sucede, uno de los programas más onerosos y de dudoso beneficio social, concebido por el Ayuntamiento de Guadalajara durante la gestión del ahora gobernador electo de Jalisco, Enrique Alfaro.

Y luego de haber cesado a su director de Cultura, el alcalde Del Toro le encargó el changarro culturoso a una homónima de la famosa compositora y cantante chilena Violeta Parra: una empleada del Ayuntamiento de Zapopan que, según se dijo, estará en el cargo de forma interina, en tanto se designa al o a la titular del área cultural en Guadalajara, algo que, según un comunicado, estaría sucediendo hasta fines de año, a partir de los resultados que arroje un sondeo que la asociación Jalisco Cómo Vamos va a realizar entre la comunidad cultural tapatía y demás personas interesadas en este ámbito.

Por lo visto, el señor Del Toro se ha contagiado del mismo achaque que aqueja al presidente electo Andrés Manuel López Obrador: una fiebre llamada consultitis y la cual lleva a quien la padece a subestimar su alto costo, ya sea por pérdidas económicas, por pérdida de tiempo o por ambas cosas.

Pero, más allá de cualquier conjetura, el actual responsable del primer municipio del estado (el mencionado Ismael del Toro) parece decidido a que la Dirección de Cultura permanezca descabezada durante más de tres meses, en el entendido de que el nuevo o la nueva titular de esa dependencia sería designado o designada durante el puente Guadalupe-Reyes, lo que equivale a dejar transcurrir la décima parte de su periodo de gobierno.

En el frente estatal por porvenir, ya se anunció que la sucesora de Myriam Vachez en la Secretaría de Cultura de Jalisco será otra fémina: una tapatía con nombre ítalo escandinavo, Giovanna Jaspersen, de quien se dice que es una persona calificada en las disciplinas de restauración, conservación y promoción del patrimonio cultural, particularmente del patrimonio arqueológico y antropológico.

Por no haber estado en el radar del mundillo cultural de esta parte del orbe, el nombramiento de dicha persona fue motivo de sorpresa para propios y extraños. Y ello porque la susodicha ha realizado su carrera profesional fuera de la localidad (específicamente en la lejana Mérida) y, por lo mismo, su nombre nunca se barajó entre quienes figuraban como favoritos para administrar las musas de la comarca en la zafra sexenal por venir.

A bote pronto, el nombramiento de Jaspersen García tiene sus pros y sus contras. Entre los primeros estaría el no tener, aparentemente, compromisos con ninguno de los grupos y grupúsculos ligados a la grilla cultural de la región. Y entre los flancos débiles estaría su evidente desarraigo de Jalisco, aun cuando esta limitación no tenga por qué ser necesariamente una fatalidad, siempre y cuando sepa aconsejarse bien. Y si demás consigue darle forma a un buen equipo de trabajo, libre de imposiciones, hasta es posible que puede sacar al búfalo cultural de la barranca.

El bicho en cuestión se desbarrancó por el descuido de quienes han venido regenteando la Secretaría de Cultura en los años recientes, con una serie de medidas regresivas como, por ejemplo, convertir en oficinas burocráticas el edificio patrimonial que ocuparon la XV Zona Militar y Museo de Arqueología del Occidente, conversión que tuvo un costo para el erario de 23 millones de pesos.

Otra pifia mayúscula fue haberle entregado el control absoluto de la Orquesta Filarmónica de Jalisco a un águila descalza, de origen ítalo canadiense, llamado Marco Parisotto, quien, aparte de cobrar un sueldo en dólares superior al que percibe el mismo gobernador del estado y de tener al borde de la quiebra las finanzas de la orquesta, ha tenido manga ancha para sustituir la mayoría de músicos mexicanos por atrilistas que el susodicho ha traído de Venezuela, Estados Unidos y Canadá.

Aparte de ello, las actividades de la SCJ se han centralizado en la ZMG, desentendiéndose del resto del estado, por lo cual mucho es lo que tiene por hacer la mencionada nueva administradora estatal de las musas, Giovanna Jaspersen, si, como ella misma ha dicho, pretende de veras “rediseñar y hacer eficiente” a la dependencia que estará encabezando a partir del próximo 6 de diciembre.

Por último, hay que referir el singular desenlace que tuvo el caso de la estatua de la pintora María Izquierdo, recientemente develada en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Resulta que una funcionaria del Congreso de Jalisco demostró, mediante un documento oficial, que el acuerdo legislativo correspondiente fue que en el pedestal de la estatua apareciera, en letras doradas, “Pintora” y no “Pintora y escritora” como se acabó haciendo. Pero como las letras fueron robadas a los tres días de su colocación, a la hora de reponerlas se decidió aprovechar el latrocinio y dejar solamente el título de “Pintora”, que es lo que en realidad fue la hija insigne de San Juan de los Lagos.

Así anda el negocio de las musas de la comarca en vísperas de la cacareada era de la “refundación” de Jalisco, lo que sea que esto signifique.

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