legisladores-licenciados, ocurrencia que discrimina

Sepa la bola

La historia comenzó cuando publicaron notas en internet, donde se podía leer que un diputado federal, para ser exactos del Partido Nueva Alianza; para ser precisos de nombre Ángel García Yáñez, había presentado una iniciativa para que fuera de carácter obligatorio renovar cada seis años la Cédula Profesional. Minutos después, las redes hirvieron.

Me imagino que la razón fue porque a miles de usuarios le había costado sudor y lágrimas, primero, terminar con las clases universitarias; segundo, titularse; tercero, pagar el trámite de la Cédula Profesional; cuarto, porque se sumaría un procedimiento burocrático a su vida y quinto, pero no menos importante, porque habría que repasar lo “macheteado” durante la carrera, cada seis años. ¡Qué horror!

El capítulo siguiente, tiene como como principal factor narrativo que el diputado Ángel García Yáñez sólo terminó la preparatoria, al menos es lo que se lee en el Sistema de Información Legislativa (SIL). Entonces ¿Un diputado bachiller propone que los licenciados demuestren sus conocimientos cada sexenio? ¡Qué locura!

Su argumento reza: “la sociedad requiere de profesionistas capacitados y especializados que brinden bienestar y satisfacción, sobre todo en carreras como medicina, que implica diversas ramas y especialidades”.

De entrada, me parece una propuesta sin justificación técnica. Algunos diputados deberían entender que sus iniciativas no se sostienen con buenas intenciones. Sin embargo, es discriminatorio y clasista desacreditar su propuesta con un argumento como su grado académico (no tardaron los usuarios de la telaraña digital en difundir su propuesta en Change.org que propone que se escriba y presente una “iniciativa que modifique los requisitos de los aspirantes a un curul en los congresos, con un mínimo de preparación académica [mínimo licenciatura]”, la cual ya suscriben 18 mil internautas).

No es la primera vez que la superioridad intelectual y el clasismo –de manera implícita– son argumentos cuando se trata de criticar a los legisladores; hace unos meses lo vimos con la diputada plurinominal Carmen Salinas que acredita únicamente la primaria.

Los que menos tienen, son los que cuentan con menos oportunidades para estudiar. México es un país donde, según números de INEGI de 2010, únicamente el 22% de la población de entre 20 y 24 años asiste a la escuela y que otras cifras demuestran que en ese mismo año, este país tenía 78 millones 423mil 336 habitantes de 15 años en adelante, de los cuales sólo el 22.3% terminaron la secundaria y la tendencia es que los que culminen el siguiente grado académico tengan tres por ciento menos probabilidades de lograrlo.

¿Qué nos dicen las cifras? Que si el Estado tiene la obligación de brindar educación gratuita a todos los mexicanos y ha sido imposible que lo haga; que, si a alguien se le ocurre incluir la licenciatura como requisito para ser votado como legislador u ocupar por la vía plurinominal una curul, entonces estaríamos incurriendo en un acto de discriminación. El que paga y estudia, se titula, el que no, que se las vea negras.

Lo del legislador Ángel García Yáñez es una mala ocurrencia; la iniciativa ciudadana con tono de “pan y circo” en internet, también lo es. A veces –sólo a veces– tenemos los legisladores que se nos parecen.

Migaja

El diputado Ismael del Toro le pide a Pedro Kumamoto que no se haga el “mesías” de la política. Lo comparó con López Obrador. ¿Recordará cuando su amigo Enrique Alfaro se dijo que era de las últimas esperanzas de este país o prefirió olvidar?

Julio González
Acerca de Julio González 60 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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