Un libro póstumo de Kurt Vonnegut

Tras de su fallecimiento en 2007, el escritor norteamericano Kurt Vonnegut dejó en espera de publicación algunos materiales, entre los que destaca Mientras los mortales duermen (Sexto Piso, 2011), un volumen que reúne 18 relatos breves en los que el singular talento del estadunidense se regodea en el artificio y el humor para ofrecer al lector escenas de lo cotidiano que se tiñen de extrañeza y cierta voluntad irónica que salva una perspectiva crítica acerca de la sociedad actual y sus curiosas relaciones con la modernidad expresadas a través de la tecnología y el mercado.

Después de Mire al pajarito (Sexto Piso, 2010), este libro de cuentos es el segundo que Vonnegut dejó preparado; y ambas publicaciones comparten características, entre ellas, el hecho de que los personajes lindan lo “estrafalario”, aunque dicha condición se da más a partir de los hechos ante los que reaccionan que por una condición determinada de sí mismos. Por otra parte, es en el tratamiento narrativo donde el autor despliega sus habilidades, de ahí que la indeterminación genérica se vuelva una de las virtudes enaltecidas para “promover” estas ediciones.

Habría que decir, con todo, que la catalogación de su estilo como “sencillo y directo” parece corresponder más al tono de su escritura y no precisamente a un “estilo” que, precisamente, dista de lo convencional y es directo sólo en apariencia. En la narrativa de Vonnegut –la de estos cuentos– se apela al diálogo y la descripción como si lo que ocurre fuera algo “convencional” cuando, lejos de ello, el detalle gana en elocuencia justo cuando no es lo primero a la vista; lo que no implica que, en ocasiones, la prosa tenga algunos momentos de tipo declarativo muy claros (sin embargo, en el conjunto, no disminuyen la comicidad, esa sí, constante).

Desde Matadero cinco (1969), quizá la novela más conocida de Vonnegut, su trabajo ha ido ganando complejidad y se ha alejado de la ciencia ficción “tradicional”, aunque no sin conservar algunos de sus elementos, el más visible, su filiación al artefacto como motivo o, también, la percepción de la cultura del desarrollo tecnológico como pretexto para la crítica de las actitudes y comportamientos humanos, siempre teñida de humor y desencanto.

En estos términos, desde un robot-frigorífico (que opera gracias a un complicadísimo mecanismo electrónico) con rostro de mujer hasta un fanático del modelismo cuya pasión son los trenes y las maquetas, pasando por una extraña enfermedad que produce la muerte de individuos casados y con familia (y cuyas motivaciones se encuentran en la debacle económica del país), estos cuentos retoman de lo real la “familiaridad” del entorno y el común desdén ante los hechos que tiñe la convivencia; en este marco sus personajes se vuelven desde curiosos hasta casi inverosímiles (pero siempre atractivos, así lleguen a producir cierta desazón).

Justamente las acciones, en estos cuentos, suceden en espacios convencionales pero sus consecuencias –o motivaciones– refieren a individuos que no dejan de contrastar su condición con el comportamiento tradicional que no deja de verse afectado por los eventos del mundo (económicos, culturales o del tipo que fuera, en Vonnegut todo puede operar en función de “alimentar” el relato) o un pasado que va develándose; así, las cosas están ahí para ser percibidas por el lector pero, quienes intervienen y viven las historias no lo hacen o, víctimas de una sesgada aproximación a los sucesos, convierten el azar situacional en el punto donde ocurre un giro inesperado de la trama o se torna notable alguna transformación personal, algún desenlace (y, después de todo, los “finales” no suelen verse afectados de estridencia discursiva o maniobras estilísticas vistosas; más bien lo contrario).

En Kurt Vonnegut, como bien refieren algunas citas periodísticas que reproduce esta edición en español de Mientras los mortales duermen, “perdimos” a un escritor cuya complejidad fue desarrollándose pero no dejó de ser –de cierta manera– “digerible”; quizá por eso muchos autores hoy día admiten su influencia y persiguen acercarse a su nivel de sofisticación (del mismo modo que varios devotos de Raymond Carver).

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*