Liderazgo impostado

informe

|Por Juan José Doñán|

Con motivo de su quinto informe de gobierno, presentado la tarde de ayer, el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz había venido atosigando, desde hace semanas, a radioescuchas y televidentes con la cantilena que dice y repite hasta la saciedad: “Jalisco es líder”, una frasecita hecha que en su momento también utilizó ad nauseam Emilio González Márquez, predecesor inmediato de Sandoval Díaz en el gobierno de Jalisco. Con ello uno y otro, panista y priista, han venido a demostrar que la demagogia no es monopolio de ningún partido político ni tampoco de equis funcionario público.

Y ello por el inocultable afán de querer magnificar las pocas cosas que más o menos siguen funcionando en la comarca en la que dicho funcionario funge como primera autoridad y quien, de manera complementaria, busca por regla minimizar, soslayar e incluso negar sin ningún rubor todo aquello que a los ojos de propios y extraños no marcha bien.

Así, por ejemplo, el gobernador dice que “Jalisco es líder” en la generación de empleos, aun cuando se trate de plazas de trabajo con sueldos ínfimos, o que nuestro estado ha vuelto a ser “el gigante agroalimentario de México”. En el primer caso y en honor a la verdad, el primer mandatario no debería decir una verdad a medias, sino la verdad entera, es decir, que “Jalisco es el líder nacional en la generación de empleos mal pagados”.

Y en cuanto al liderazgo en la producción de alimentos provenientes del sector primario, más allá del pomposo calificativo de “gigante” para nuestro estado, el mérito en todo caso sería de los productores del campo jalisciense y no del gobierno que encabeza el inquilino en turno de Casa Jalisco.

Por lo que hace a la lista de pendientes o pasivos, la demagogia oficialista recomienda recortar lo más que se pueda dicha lista o disimularla o hasta disculparla en el caso de que, por el motivo que sea, no “convenga” negarla. Y precisamente por no ser algo presumible, esa lista de promesas incumplidas, de proyectos fallidos y de políticas públicas equivocadas, no figura en ningún informe de gobierno como no sea de forma desnaturalizada o de plano fementida.

 La lista negra de la administración de Aristóteles Sandoval la encabeza su rotundo fracaso en materia de seguridad pública, pues lejos de disminuir, la comisión de delitos, a lo largo y ancho del territorio jalisciense se ha incrementado durante los cinco años que dicha administración está a punto de cumplir, un fracaso que el gobierno de Aristóteles Sandoval comparte con la administración que encabeza Enrique Peña Nieto, así como con los gobiernos municipales, comenzando por los de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Las cuentas entregadas por Aristóteles Sandoval en materia ambiental no son mejores, con la multiplicación de incendios en los bosques de Jalisco y con la escalada en los índices de contaminación atmosférica en el área metropolitana tapatía. Así, hablando de liderazgos equívocos, al gobernador nada más le hizo falta decir que Jalisco también es líder en contingencias atmosféricas en el país.

Y a lo anterior debe de sumarse el casi nulo avance en el ya de por sí muy rezagado tratamiento de aguas residuales que, sin ser saneadas –o por lo menos no debidamente–, van a dar a embalses naturales como los lagos de Chapala y Cajititlán, o a afluentes como el contaminadísimo río Santiago, el cual desde hace muchas décadas es un río muerto, por no decir que una cloaca y, debido a ello, una fuente permanente de enfermedades desde su nacimiento en Ocotlán, Jalisco, hasta su desembocadura en el océano Pacífico, cerca de Santiago Ixcuintla, en el vecino estado de Nayarit.

De todo ello, no deja de ser significativo que el gobernador Aristóteles Sandoval no haya hecho una sola mención en su informe presentado hace unas cuantas horas en territorio comanche, es decir, en una de las pistas del circo presuntamente cultural montado por los jeques de la Universidad de Guadalajara.

Tampoco se mencionó nada en el penúltimo informe de gobierno de Aristóteles Sandoval del ocioso y dispendioso estudio sobre la viabilidad de la atorada presa del Zapotillo para que llegue a 105 metros de altura, un encargo que el gobierno estatal le hizo a un despacho empresarial estadounidense asociado a la ONU, y por el cual se debieron desembolsar 90 millones de pesos del erario jalisciense. Y todo para tratar de justificar un proyecto contraproducente para los intereses de Jalisco, en la medida en que dicho proyecto fue concebido original y básicamente para llevar agua a León, Guanajuato, desde una de las zonas con más escasos recursos acuíferos: los resecos Altos de Jalisco.

En pocas palabras, así de equívocos o de impostados son los presuntos “liderazgos” de Jalisco que el gobernador del estado, Aristóteles Sandoval, ha venido presumiendo antes, durante y después de su penúltimo informe de gobierno.

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