Lo vital del espacio público

Espacio público

|Por Araceli Fabián|

Con el crecimiento de las ciudades es cada día más frecuente hablar sobre distribución y redistribución del espacio público;  derecho de los ciudadanos a compartir un área de vivienda, esparcimiento y movilidad, por tanto, compartir implica disfrutar o en su caso padecer conjuntamente con los otros un lugar que no es exclusivo, sino que es y deber se incluyente.

En este sentido, el espacio público está en constante reconfiguración, entendiendo esto por la multiplicidad de formas que socialmente se le dan a los espacios: imaginarios o territorialmente delimitados. Sin embargo, estos espacios no están dados, se construyen, otorgándoles una significación, un sentido de pertenencia e incluso de identidad, es así que el centro de las ciudades, las plazas públicas y  áreas comunes adquiere formas diversas, colores, olores y vivencias colectivas que solo tienen sentido cuando los ciudadanos las hacen suyas y participan en su vitalidad de manera libre, organizada y constructiva en procesos de participación que llamaríamos democráticos.

De esta forma, todo espacio público supone un punto de convergencia entre ciudadanos diversos en su origen, filiación política, cosmovisión del mundo y  autoridades; dos actores  no siempre conectados que, pese a sus diferencias, tratan de redefinir cada uno por su lado, el sentido de pertenencia común de estos sitios, es decir, defender el espacio ciudadano, que poco a poco y día a día experimenta líneas divisorias de propiedad entre el espacio público y el privado, particularmente, entre los actores gubernamentales que entienden al espacio público como espacio privado y privan de áreas comunes a los ciudadanos por su  inaccesible costo –caso del Acuario Michin– o bien, definiendo y clasificando a los espacios por la estética y expresiones culturales del mismo, por ejemplo, los mercados (en relación directa al estatus socioeconómico que le da vida). Problemáticas que tienen expresiones visibles de inconformidad en las redes sociales, una plaza pública virtual que pretende trascender al escenario real de las claras diferencias entre lo público y lo privado.

Espacio público

La complejidad del tema deviene de la naturaleza del entramado cultural e institucional de una sociedad como la nuestra, donde los puntos y contrapuntos del poder dificultan el diálogo y la posibilidad de llegar acuerdos que beneficien, sino a todos, a la mayoría, tanto en el reordenamiento de espacios para expresiones itinerantes (tianguis culturales o comerciales), como el replanteamiento de los planes parciales de desarrollo urbano en el caso de Guadalajara y Zona Metropolitana; la factibilidad de uso de suelo para construcciones que se multiplican por toda la ciudad, especialmente en zonas como Andares, Chapultepec o Providencia, la planificación de vías y medios alternos a la movilidad de una ciudad que crece sin orden y que padece los avatares viales de la línea 3 del tren ligero, así como la seguridad de los espacios públicos cada día más temerarios del libre tránsito y en el último de los escándalos locales el dispendio económico en obras no consultadas vía participación ciudadana a concurso abierto en espacios públicos poco significativos para la ciudadanía con las cuales se carece de identidad o sentido de pertenencia.

En el texto “En busca de un lugar común”, Nora Rabotnikof plantea que lo “público” se define a partir de tres puntos convergentes y divergentes a la vez: lo colectivo y lo individual, lo visible y lo oculto; lo abierto y lo cerrado, es decir, la apertura y clausura; factores donde se recrea la vida urbana y la construcción de ciudadanía que se ejerce solo a partir de la participación de lo social en lo público, de tal manera que siempre somos nosotros, mi yo individual el que construye, participa y colabora con el otro para hacer un mejor espacio entre todos  para todos: nosotros y los otros.   Ser en la medida en que se está.

Así pues,  el espacio público es un collage de vida, experiencias de cooperación y necesidad de visibilizar nuestra realidad, la otra cara de la moneda con las cicatrices en el rostro, esos lugares que invitan a reencontrarnos en el espejo de nuestra alteridad; no son exclusivos ni deben serlo, no son privados ni deben privatizarse ¡son de todos! lo poco que aún nos queda y que se debe defender estableciendo para ello, sí, ciertas reglas y límites de convivencia respetando siempre derechos y libertades.

Es así, que en un sistema político que se precie de ser democrático, en este caso representativo, debe tomar en cuenta la opinión preferentemente informada de los sujetos implicados en la toma de decisión gubernamental, que no debe ser unilateral, al contrario, que sea un  espacio de diálogo, debate y propuestas para la consolidación de proyectos de crecimiento, recreativos y de movilidad que coadyuven a representar la multiplicidad cultural, política, económica y social en pos de un mismo proyecto de ciudad.

AraceliAraceli Fabián

Académica y estudiosa de la comunicación, de los fenómenos socio-político y  el periodismo.

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