López Obrador y Alfaro, se vislumbra un camino empedrado

Pensemos más allá de lo que pasará después de las elecciones del 1 de julio. Si la percepción no falla, Andrés Manuel López Obrador será el próximo Presidente de México. El número 15 de la era de los mandatarios sexenales  con toda la carga de significados que esta elección nos regala. La legitimidad construida alrededor de su personaje,  llegará al día de los comicios con un 50% de simpatías de quienes han manifestado abiertamente su intención de voto, frente a una oposición que no prendió en las candidaturas fallidas de Ricardo Anaya y José Antonio Meade.  De ese tamaño es el monstruo que viene.

Ya estamos en la antesala de una de las elecciones más complejas que tengamos registro en México. El 2018 será recordado por diversos momentos que marcarán el rumbo del país ante la llegada inminente de una nueva clase política que hará mucho para mantener una hegemonía perdurable.

Para el caso de Jalisco, el escenario  es parecido.  Enrique Alfaro será Gobernador de Jalisco con una proporción casi dos a uno frente a Carlos Lomelí, según la última encuesta de Mural (21 de junio de 2018) y el avance significativo que Morena tendrá en Jalisco, particularmente en la Zona Metropolitana de Guadalajara a través de sus cabildos y en el Legislativo, será lo más interesante en el nuevo espectro político que viviremos una vez concluido el proceso electoral.

Imagen: Consulta Mitofsky

Por primera vez, después de 18 años, el Presidente de la República y el Gobernador en turno no pertenecerán al mismo partido. El PAN y el PRI tuvieron una relación cómoda cuando coincidieron sus mandatarios tanto en Los Pinos como en Casa Jalisco. Con Vicente Fox y Felipe Calderón la comodidad de Francisco Ramírez Acuña y Emilio González en sus gobiernos respectivos hicieron que la entidad mantuviera una posición importante en el escenario político pero también económico frente a otras entidades. El repunte de Jalisco en esos año cocinó procesos sociales y de agrupamiento interesantes y aunque el regreso del PRI a con Aristóteles Sandoval fue el espejo de lo que sucedía a nivel nacional con Enrique Peña Nieto, en el fondo existía una masa crítica que permeaba en actores de la sociedad civil y en expresiones políticas como el alfarismo desde el 2009 y en el #YoSoy132 en el 2012, de donde se desprende un ala electoral hoy representada en la Wikipolítica Jalisco con Pedro Kumamoto por delante.

Aunque los alfaristas y los “wikis” parecen  de la misma madre de la ruptura con el estatus quo local,  lo cierto es que llegamos al 2018 con un escenario dibujado totalmente distinto por el voto diferenciado. Jalisco fue alcanzado por el humor social y posiciona a Morena en una competencia real por el Congreso Local y los ayuntamientos. Al alfarismo, desde mi punto de vista, no le alcanzó entablar una operación cicatriz con López Obrador y decidieron  seguir con el frente integrado por el PAN y el PRD para tener un candidato presidencial. Evidentemente no funcionó.

Ahora, la fuerza de López Obrador en Jalisco determinará la relación con Enrique Alfaro.  Dos personajes sobrados de capital político, con una historia de resentimientos que no han quedado resueltos. El primero acusa al segundo de traidor y Alfaro ha endurecido su discurso ante sus huestes.

Los mensajes que Enrique Alfaro ha lanzado a la opinión pública en los últimos días, particularmente en su cierre de campaña del sábado pasado, deja entrever que desde Jalisco el próximo gobernador definirá un nuevo discurso del contrapeso político frente a la administración de Andrés Manuel López Obrador. Sin tapujos, y dando por sentado que Ricardo Anaya no ganará, el alfarismo ya dio el toque de inicio para saltar al plano nacional con un evento masivo desde el corazón de Guadalajara.

Después del 2 de julio el camino se ve empedrado. Ya se piensa en el 2024.

Paul AlcántarPaul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

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