López Obrador ¿el ‘atrapatodo’?

||De utilizar una estrategia enfocada en esforzarse permanentemente por distinguirse del otro, en aras de ”cuidar la pureza de su movimiento”, hoy, en cambio, en palabras de Yeidckol Polevnsky, ”todos caben” en MORENA

|Por Cristian Márquez Romo|

En una polémica columna recientemente publicada por Jesús Silva Herzog en Reforma, que le valió la respuesta directa del aludido, Andrés Manuel López Obrador, el académico mexicano hizo referencia a las raíces del PRI como un partido político ‘‘atrapatodo’’ (catch-all party). ”Su política no es nueva. La conocemos en México como priismo (…) López Obrador ha vuelto a sus orígenes”, escribió Herzog. Como saben la mayoría de los mexicanos, incluidos desde luego los simpatizantes de López Obrador, este último formó parte del PRI, posteriormente del PRD y, finalmente, creó su propio partido, donde se ha erigido como un candidato incuestionable a la presidencia de la república: MORENA.

Como respuesta a la columna, titulada AMLO 3.0, Obrador publicó un tuit diciendo que Herzog lo acusaba de oportunista sin motivo, y que ”ni modo, son tiempos de enfrentar a la mafia del poder, a sus secuaces y articulistas conservadores con apariencia de liberales”. Más allá de abordar la precisión de los conceptos que Obrador utilizó, como surgirió posteriormente Enrique Krauze, llama la atención, dado su reciente giro de estrategia, la irritación en su respuesta.

Es muy probable que a estas alturas de su carrera política, así como de la contienda por la presidencia en 2018, será difícil escuchar autocríticas por parte de Obrador. Es verdad que en la arena política, donde los conceptos son armas arrojadizas para arrinconar al adversario y disputar el sentido común de los simpatizantes, no existen las discusiones honestas intelectualmente. Con todo, su respuesta hace recordar, como dijo el propio Herzog, al Obrador anterior, ese que mordía fácilmente el anzuelo y caía en todo tipo de provocaciones sin entender que recurrir a la descalificación en lugar de la argumentación es algo que beneficia a sus adversarios.

Da la impresión de que, más que los adjetivos que Herzog utilizó, lo que provocó la irritación de Obrador fue que lo haya vinculado con sus raíces priistas. Obrador puede tomarse con humor que lo vinculen con Cuba, Rusia o Venezuela, pero no con su pasado priista. Y en el fondo, ello revela cómo durante décadas en el poder como partido hegemónico, el PRI fue exitoso en forjar una cultura política con la cual convivimos hasta la actualidad: el oportunismo. Con tal de obtener el poder, la cultura política priista implica decir una cosa y la contraria. Con tal de ganar, Enrique Ochoa diría que es de izquierda, de centro, de derecha y de lo que haga falta.

Sin embargo, ¿por qué siendo expriista desde siempre, Herzog le lanza el apelativo a Obrador hasta ahora, reconociendo implícitamente de alguna manera que antes no había exhibido su talante priista?

Con tal de diferenciarse y apartarse de su pasado, directamente vinculado con el pragmatismo priista, Obrador recurrió durante décadas al sectarismo como estrategia para construir un movimiento alternativo. No obstante, para bien o para mal, y luego de dos derrotas, aprendió que con esa estrategia difícilmente ganaría. La pregunta sería, en todo caso, por qué pasó del extremo sectarismo al pragmatismo radical. Todo apunta a que ese fue su cálculo para asegurar el triunfo: arropar a exmiembros de otros partidos, vaciando y fragmentando sus plataformas, ofreciendo al mismo tiempo certidumbre a cualquiera de las siglas bajo su proyecto. Así, de utilizar una estrategia enfocada en esforzarse permanentemente por distinguirse del otro, en aras de ”cuidar la pureza de su movimiento”, hoy, en cambio, en palabras de Yeidckol Polevnsky, ”todos caben” en MORENA.

De ahí que, dado que las decisiones neutrales no existen, aunque esta estrategia parece estar dando resultados, en un escenario de profunda polarización como el que se vive en México el extremo pragmatismo puede resultar arriesgado. Si bien hay un sector de votantes que parece inamovible, dispuesto a justificar cualquiera de sus errores, y la indignación sin precedentes que existe hacia los principales partidos en la actualidad es algo que le favorece, hay una franja nada desdeñable de indecisos que puede titubear en apoyarlo si ve que cada vez más miembros de los partidos tradicionales se sienten cómodos dentro de MORENA. Exmiembros de la mafia del poder, que hoy han quedado absueltos al unirse a su partido.

Ahora bien, algo en lo que se parecen tanto Herzog como Obrador, es en el ánimo de moralizar el debate. Herzog dice que ”Morena ha sido traicionado”, así como Obrador tilda de ”traidor” hasta a su propio hermano. Pero ¿por qué se habla de ‘‘traición’’ en un sistema de partidos en el cual nadie puede tener mayoría desde 1997 y cada vez más inevitable la creación de alianzas dado su fragmentación? Aquello que Herzog llama ausencia de ”nervio ideológico” es algo que, a juicio de muchos, podría estar ausente de forma permanente en cualquiera de los colores partidistas en México. Y, finalmente, sumado a la cultura política del pragmatismo priista, utilizando las palabras del sociólogo Zygmund Bauman, en un entorno cada vez más ”líquido” –en el cual crear identidades políticas es mucho más difícil– es previsible que la volatilidad aumente dado que el votante medio no se siente plenamente con ningún partido. De ahí el peligro del pragmatismo.

Al final, esto lleva a una reflexión de mayor envergadura que tiene que ver, primero, con la incapacidad de identificar a la arena política mexicana como una en la cual no existen enemigos, sino adversarios, luego de una transición a la democracia fundamentalmente electoral y agotada. Así, ante la ausencia generalizada de coherencia ideológica, se arroja el mensaje de que mientras más lejos se esté de los enemigos, más impoluto se es moralmente. Por tanto, el pragmatismo histórico del PRI por reunir a todo tipo de facciones con tal de mantener el poder, independientemente de los objetivos ideológicos y programáticos, parece un deja vú permanente, un eterno retorno. A ello se suma la idea de buscar el poder por fines no idealistas sino por los privilegios y beneficios que éste confiere, ha sido una estrategia que ha utilizado la política priista desde un inicio. La ambición de reunir a todos los ambiciosos, sin importar las ideas, como dice Herzog.

Desde la ciencia política los partidos ‘‘atrapatodo’’ (catch-all parties) han sido identificados, entre otros, con los siguientes elementos: reducción del bagaje ideológico, reemplazo de un electorado confesional por uno heterogéneo, lazos con una variedad de grupos para asegurar mayor apoyo electoral. Es probable que, en ello MORENA y el PRI se parezcan cada vez más. Decidido a ganar, Obrador ha incorporado a su movimiento a personajes que previamente resultaban impensables, en un momento en el cual hartazgo hacia los partidos políticos tradicionales es algo generalizado. A la esquizofrenia por saber quién es expriista, expanista, experredista, se suma la interrogante de hasta qué punto Obrador está dispuesto a abrir su movimiento con tal de asegurar la victoria.

Referencias

+Martínez González, Víctor Hugo. Partidos políticos: un ejercicio de clasificación teórica. Perfiles Latinoamericanos, 2009, (33): 39-63.

+Silva-Herzog, Jesus. AMLO 3.0. Andar y ver. 2018, 5 de febrero. En línea: http://www.andaryver.mx/sin-categoria/amlo-3-0/

+CNN Expansión. López Obrador abre frente contra intelectuales. 2018, 6 de febrero. En línea: https://expansion.mx/politica/2018/02/06/lopez-obrador-abre-frente-contra-intelectuales

+Político.mx. Ahora AMLO llama conservador con apariencia de liberal a Krauze. 2018, 5 de febrero. En línea: https://politico.mx/central-electoral/elecciones-2018/presidencial/ahora-amlo-llama-conservador-con-apariencia-de-liberal-krauze/

Cristian Márquez es estudiante del Máster en Estudios Latinoamericanos

del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, España.

Licenciado en Ciencias Políticas y Gestión Pública por  el ITESO.

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