López Obrador hasta el tuétano de México

|Por Paul Alcántar|

Seguro habrá análisis más rigurosos para explicar lo que vivimos el pasado domingo 1 de julio. Este texto solo abonará a una serie de reflexiones que compartiré las siguientes semanas sobre las elecciones de este año. Comenzaré con el caso de Andrés Manuel López Obrador.

Más allá de hacer un comparativo, pondré elementos que me parecen sustanciales y que explican el sentimiento del voto más allá de una operación estratégica. Para muchas personas, acudir a las urnas genera un coctel de emociones, y creo que en esta ocasión los 56 millones de electores salimos con una plena convicción de cambio, en un acto de profunda responsabilidad.

El “tsunami” de Andrés Manuel López Obrador devastó como nunca lo habíamos visto cualquier asomo que no estuviera vinculado a un candidato puntero en las encuestas previas a la presidencia de México. No lo vimos ni en el triunfo de Vicente Fox en el 2000, cuando el hartazgo al PRI llevó al panista al poder, en medio de una ola social menos polarizada como la que hemos vivido en las últimas tres elecciones presidenciales. Hoy, el país le apostó a un cambio no sólo de partidos, sino que ve en López Obrador el cambio de timón y rumbo del sistema político mexicano y es probable que sea para bien o para mal. No verlo así sería negar los riesgos, pero a estas alturas el “nada qué perder” se impuso.

Entiendo el temor de quienes ven el arribo del tabasqueño a Palacio Nacional. La incertidumbre que tenemos frente al futuro es porque no conocemos otra forma de ver el sistema público como al que cómodamente hemos sobrevivido durante 70 años. En el país del siglo XX se trató de consolidar una forma política aceptable que no permitía la inestabilidad del siglo XIX. El PRI no era sólo un partido, sino una cultura, un modus vivendi de cómo se tenía que actuar, ejercer el poder y ocupar diversos espacios. No había de otra.

Para nuestra fortuna fue a través de las urnas como se decidió llegar a dos etapas importantes de nuestra vida pública contemporánea:

  1. La alternancia ya mencionada con Vicente Fox y,
  2. la que hoy tenemos de frente, usando a las instituciones, buenas o malas, pero a final de cuentas instaladas.

Un choque de visiones, generaciones y clases

Tenemos, pues, un encontronazo de varias generaciones y sectores sociales en una misma realidad. Generaciones que crecieron y lucharon en contra de la hegemonía del PRI y generaciones a las que les tocó ver a la alternancia como una solución remediable a los males nacionales.

Pero también está la generación castigada, la etiquetada como ocurrente, la malamente llamada  “millenial” a la que intentaron describirlas como “ninis” para descabezarle cualquier intento de exigir justicia social; un representativo y joven sector de millones de mujeres y hombres que no han probado las mieles mínimas  que sí degustaron sus hermanos mayores, padres y sus abuelos; un grupo excluido de cualquier oportunidad y sueño que podrían alcanzar.

El cambio de régimen político no castigó al PRIAN sino a toda su representación simbólica. Se castigó a quienes decían que México estaba cambiando, lento pero seguro. No importaban los 54 millones que viven en pobreza extrema, la movilidad social se puede dar gracias a los cálculos macroeconómicos y de forma natural, con toda la violencia cargada en los hombros de millones que la sufren diariamente.

El arrastre de la ola guinda

Los números del PREP del INE lo confirmaron: Morena es la primera fuerza política en el Senado, con 37.5% de las preferencias electorales y el 37.24% para integrar la Cámara de Diputados. 70 senadores y 303 diputados federales que llegarán a través de la coalición que hicieron con el PES y el PT.

López Obrador habló y se metió hasta el tuétano del 53% de quienes tuvieron la oportunidad de salir a las urnas. López Obrador, siempre lo he dicho, es el mejor comunicador político que hemos tenido en casi dos décadas.

Ignorar las realidades sociales de esta creciente democracia mexicana es darse un tiro al pie. El hartazgo de dieciocho años de promesas fallidas de la alternancia definieron una de las elecciones más difíciles de organizar.

Los retos que vienen

El gobierno de López Obrador no podrá cumplir con todo, por mucha historia atravesada y voluntad personal que tenga. Como lo dice Soledad Loaeza: ahora debemos buscar cómo el fortalecimiento de las instituciones públicas determinarán el avance democrático independientemente de quien llegue a gobernar el país.

México no merece la incertidumbre que vivimos en la pasada elección, pero tampoco podemos seguir siendo simples espectadores de la vida pública y acordarnos de ella en cada proceso electoral. El optimismo irradia, pero ya es tiempo de madurar.

Paul AlcántarPaul Alcántar

Hago análisis. Toma la ciudad. Michoacano en Guadalajara.

 

1 Comment

  1. Nada me daría más gusto que equivocarme, pero esta “alternancia” me parece una disidencia controlada y estamos cayendo redonditos en ella.

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