López y Guadalajara

Jaime López estuvo el miércoles en Guadalajara en un concierto íntimo, a solas con su guitarra de 12 cuerdas y su voz que no muestra señas de cansancio, al contrario. Cantó con alarde de acrobacias vocales durante cerca de dos horas y media, un show corto para él: el fin de semana se había echado uno de más de cuatro horas en el Foro del Tejedor, de la CDMX (“con los años uno se va aceitando”, me dice con cierta ironía). Un público a ratos eufórico que abarrotó las localidades, coreó unas y pidió otras. López primero se “autocomplació” y luego dejó que le gritaran títulos, aunque en realidad cantó lo que quiso. Rolas de todas sus épocas que una vez más evidenciaron su enorme ingenio lírico, inagotable por lo visto y sus incursiones por varios géneros que van del blues a la música norteña y –muchos– puntos intermedios. Y una energía escénica que más de alguno con la mitad de sus años envidiaría.

Jaime, el fronterizo nacido en Matamoros y que vive en la Portales –“cerca de la Calzada de Tlalpan que en realidad es una carretera, lo cual me hace sentir en otra especie de frontera”– volvió a esta ciudad con la que tiene una historia larga que se remonta a su madre, Angelita Camacho, muerta hace cuatro años a sus 96, y que vivió en Guadalajara: llegó de adolescente, vivió en Analco –“en la calle Matamoros, mira qué casualidad”– donde se encontró a un ferrocarrilero con el que tuvo a sus primeros tres hijos –medios hermanos de Jaime– pero que también se apellidan López –“mira, otra casualidad”. Así que Angelita fue dos veces viuda de López.

Jaime venía seguido a visitar a la familia al principio de los 60 y pasaba largas temporadas durante las cuales rolaba a sus pocos años por Analco y la Plaza de los Mariachis. Se empapó de músicas populares diversas, conoció a Mike Laure –amigo de su hermano mayor– cuando aún era rocanrrolero y asistió a la pista de hielo de avenida México, donde tocaban buenos grupos tapatíos. Disfrutó, pues, de una ciudad que ya se parece poco a la que hoy tenemos.

Tiempo después, a principios de los 80 y luego de errancias varias, regresó a Guadalajara ya como compositor, aunque su historia con la ciudad fue agridulce: primero hizo dueto con el poeta Ricardo Castillo con quien se presentó en La Puerta, el legendario foro animado por Sergio Ruiz. El mismo Sergio lo animó a actuar en el patio mayor del Cabañas, y vino el desencuentro: en un concierto ahí, con Gerardo Enciso como abridor, una parte del público sintió que era buena onda agredirlo por chilango. Creyeron que insultándolo le hacían un favor a Gerardo. La cosa acabó mal y Jaime, en protesta, se ausentó por dos años de los escenarios tapatíos.

Pero vino la reconciliación, y como lo recordó la noche del miércoles pasado, le han sucedido muy buenas cosas en Guadalajara: conciertos en La Mutualista, duetos ocasionales con Gerardo Enciso, la producción de su disco Por los arrabales que se hizo aquí bajo la dirección de Carlos Avilez, su encuentro en el Rock por la Vida con la Chilanga banda –con miembros de Café Tacuba–, su palomazo blusero ahí mismo con Javier Martín del Campo de La Revo, el espectáculo que coordinó Alonso Arreola en homenaje a su abuelo Juan José y que se presentó en el Degollado y en Ciudad Guzmán con Jaime haciendo un papel más bien teatral.

La intensa historia de Jaime López con Guadalajara continuará, de seguro. Hasta ha llegado a pensar, acaso utópicamente, en que éste podría ser un buen lugar para vivir. En cualquier caso yo ya estoy esperando su siguiente show, ojalá suceda muy pronto porque el miércoles quedaron muchas canciones pendientes.

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 21 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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