Los doce mexicanos más pobres

Pobreza

||La pobreza no es resultado de la condición humana

| Por Diego Osorno |

A sus 47 años de edad, la señora Laura Angelina Méndez Ramírez no ha visto nunca la televisión ni ha tomado un teléfono móvil en sus manos. Tampoco es beneficiaria de Próspera, el programa federal de combate a la pobreza. En la crónica titulada “Agua hervida”, Zorayda Gallegos y Silber Meza nos cuentan lo anterior y además explican que en su pueblo, San Simón Zahuatlán, Oaxaca, aunque la señora Méndez Ramírez y el resto de sus habitantes decidieran gastar todo el dinero que ganan solo en alimentos, no podrían dejar de seguir viviendo malnutridos como lo han hecho hasta la fecha.

Usando una prosa cuidadosa, Gallegos y Meza empiezan así este relato:

Una jarra de peltre con agua yace sobre cenizas humeantes dentro de una choza que se asoma entre los matorrales de San Simón Zahuatlán, el municipio con mayor pobreza extrema del estado de Oaxaca. A un lado del fogón se encuentra Angelina, una indígena mixteca de 1 .20 metros de estatura y 40 kilos de peso. Los sorbos de agua hirviendo reducen el dolor de estómago que le provoca el hambre. Son su medicina. Esta madre soltera de 47 años ha pasado hasta 48 horas sin probar alimento, aunque regularmente come dos veces al día. Tortilla y sal por las mañanas, tortilla y sal por las tardes. A veces un poco de chile, en ocasiones un manojo de hierba silvestre.

Así es como la historia de la señora Méndez Ramírez nos va mostrando también la realidad de San Simón Zahuatlán. Otra escena descrita de una escuela a la que nunca irá el Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño (a menos de que le monten una escenografía adecuada para su precandidatura presidencial), nos mete todavía más en este pueblo mixteco:

A unos kilómetros de la vivienda donde Angelina bebe su jarra de agua caliente, en espera de que su hija regrese con las hierbas que habrán de comer, está la Primaria Bilingüe Eduardo Vasconcelos. Ahí, maestros y alumnos también libran una batalla contra el hambre. En esta escuela de bardas de fierros blancos y pisos erosionados por el tiempo, entre cinco y siete niños se desmayan cada lunes durante el evento cívico de honores a la bandera. Tras ayudarlos, los maestros se dan cuenta de que sus alumnos asistieron sin desayunar y que, de nuevo, llevan los bolsillos vacíos.

Gallegos y Meza nos informan que esta escuela olvidada no cuenta con el programa de desayunos escolares porque supuestamente los padres de familia no se pusieron de acuerdo en la manera de repartirlos y el gobierno los castigó quitando los alimentos para los niños. He ahí la sabiduría oficial.

Los doce mexicanos más pobres. El lado B de la lista de millonarios, el libro que contiene esta historia, es un libro quijotesco. No sólo por el inusual esfuerzo emprendido de manera coordinada por una treintena de personas de diversos ámbitos y oficios para llevarlo a cabo, sino también por su objetivo de luchar contra los molinos de viento de la desigualdad a través de doce exhaustivas y bien contadas historias de la pobreza extrema que padece México.

Autores que van desde Franz Fanon hasta Ryzsard Kapuscinsky, pasando por John Berger y Elena Poniatowska, han proveído a los lectores mexicanos de textos escritos con destreza y compromiso sobre los oprimidos del mundo. En ese sentido, este no es el primer trabajo narrativo que aborda tan complicada misión, pero probablemente será el libro más emblemático de la década que está en marcha.

Cada década reciente ha proveído a México de libros de crónicas sobre la pobreza que resultan excepcionales: México amargo, de Manuel Mejido, publicado en 1973; De lujo y hambre, de Ricardo Garibay, publicado en 1981; Al pie de un volcán te escribo, de Alma Guillermoprieto, publicado en 1995; y Veredas, de Ramón Vera Herrera, publicado en 2005.

No solo a través de libros se han contado las historias de los marginados. Hay un amplio número de periodistas que han vuelto a los pobres el tema de sus vidas y han mantenido constante en periódicos y revistas la denuncia de la falta de atención oficial a esta problemática. Varios de esos reporteros y reporteras encontraron un espacio en este proyecto multimedia que además de producir un libro publicado por editorial Planeta cuenta con invaluables gráficos, estadísticas, fotografías y videos reunidos en la página cuadernosdobleraya.com

El poder en México ha intentado convertir a los pobres en un elemento más del paisaje. La pobreza, por supuesto, no es resultado de la condición humana, como le gusta decir al presidente Enrique Peña Nieto sobre la corrupción, otro de nuestros lastres como país, muy vinculado, cómo no, a la temática que aborda este libro.

La normalización de la pobreza no es algo casual, sino planeado y que se construye a diario cuando los dispendiosos gastos en comunicación social de las burocracias de todos los niveles se usan por igual para inhibir publicaciones críticas sobre la lamentable situación social del país como en difundir los falsos éxitos de las políticas públicas. Por esa razón, este es un libro incómodo. Porque le recuerda al poder mexicano el abandono en el que viven casi la mitad de los habitantes del país, y lo hace a través de las historias de una docena de hombres y mujeres buscados en los diez municipios de México con mayores índices de pobreza extrema, según el Coneval, así como también en la metrópoli más poblada, la Ciudad de México, y la ciudad con más mexicanos en el extranjero, Los Ángeles, California.

Es así como conocemos el apellido y vemos la sonrisa de los de abajo. De aquellos que se cuelan a los medios de comunicación, solo de forma excepcional, cuando mueren o matan estrepitosamente, o bien, cuando han sido arrasados por un huracán, un terremoto, un incendio o cualquier otra calamidad. La tragedia suele ser única vía de acceso de los marginados a publicaciones donde sus contrapartes extremas, los millonarios Forbes, aparecen a la menor provocación, serios, risueños, sin decir palabra alguna o comentando tonterías que pueden ser difundidas como mantras de sabiduría. Este libro nos dice los apellidos y vemos la sonrisa de los debajo de una forma digna.

A lo largo de las páginas del volumen visitamos lugares urbanos o rurales donde las promesas de campaña siempre se olvidan. Nos enteramos de los eternos compromisos oficiales de construir carreteras, puentes, hospitales y escuelas que nunca se llevan a cabo. Y sin tener que ir a África nos conmovemos con los infortunios de alimentación y salud que sufren a diario millones de mexicanos. Gracias a la pluma de los cronistas oímos estas voces adoloridas que salen del abismo e incluso miramos sus semblantes a través de una serie de conmovedores retratos fotográficos que anteceden a cada texto.

Este es un libro que debería mover no sólo la acción oficial inmediata, sino también a la filantropía, así como convertirse en un llamado a la consciencia en general. El capitalismo mexicano tiene como característica general el aprovechamiento del subdesarrollo político, del cual se derivan el autoritarismo y la corrupción mediante los cuales unos pueden ganar muchísimo dinero, mientras que otros nacen en el callejón sin salida de la pobreza extrema mexicana. Como sociedad, este libro nos demuestra lo excesivamente tolerantes que hemos sido con este sistema que es capaz de producir a uno de los hombres más ricos del mundo al mismo tiempo que a 54 millones de pobres.

Como se prueba en este trabajo, la brecha absurda que existe no parece ser atendida en realidad por los programas sociales implementados, los cuales sirven para que una burocracia se anquilose en el presupuesto y una élite política escale puestos de elección popular. Este libro nos hace pensar que el combate a la pobreza no es un fin, sino el modo de vida de unos cuantos. Y por si faltaran datos para un escenario más adverso, hay que decir que el uso político de la pobreza abarca a todos los partidos políticos sin excepción.

El punto extremo de los programas gubernamentales es la violencia intercomunitaria que llegan a causar. ¿Cuántos pueblos no acaban peleando entre ellos o internamente a causa de la disputa de tierra, minerales o agua debido a que no pueden hacerlo contra su enemigo real: las políticas oficiales que fomentan sus rivalidades para consumar innumerables despojos de recursos naturales que se hacen al servicio del poder económico? Los programas de combate a la pobreza que se aplican en México y buena parte de Latinoamérica son ideados y regulados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, pero las agendas de estos organismos no suelen coincidir con las agendas de las comunidades.

Es preocupante que la indolencia, así como la falta de eficacia en la atención de la pobreza, parecen haber aumentado en este primer cuarto de siglo en México, en el que supuestamente entraríamos a una etapa mucho más democrática y por ende de mayor bonanza. La cruzada contra el hambre lanzada por el actual gobierno resultó ser un ejercicio de simulación gubernamental y promoción mediática. Pero el fiasco de las políticas públicas de combate a la pobreza es consistente en nuestro país, llámese Oportunidades o Prospera. Los pobres mexicanos son mirados por el poder político como material humano de campañas electorales.

Pero gracias a estas doce historias podemos ver y a detalle lo invisible. Y así es como vemos que México es la tierra de los Slim pero también la de los Anacleto de Guerrero; de los Larrea, pero también de los Hernández de la Cruz de Hidalgo; de los Bailleres, pero también la de los López Velasco de Chiapas; de los Salinas Pliego, pero también la de los Joaquín Toribio de la Ciudad de México; de los Aramburuzabala pero también la de los Mayahua Flores de Veracruz; de los Del Valle, pero también la de los Bolaños Méndez de Puebla; de los Servitje, pero también de la de Rivas Cova de Los Ángeles, California; de los Arango, pero también de la de los Catzín Ake de Yucatán; de los Azcárraga, pero también la de los Rivera Huitrón de Michoacán; de los González Nova, pero también la de los Méndez Ramírez de Oaxaca; de los Calderón Rojas, pero también la de los Díaz Salazar de Tabasco; y de los Martín Soberón, pero también la de los Pérez Martínez de Campeche.

Además de quijotesco, este proyecto es certero porque mediante el uso del periodismo narrativo combate el caos. Como lo advirtió George Steiner, mientras no podamos, como sociedad, devolver a las palabras en nuestras leyes, en nuestros actos políticos y en nuestros libros, algún grado de claridad y de seriedad en su significado, más irán nuestras vidas acercándose al caos.

Y este libro, además de ser un homenaje a los pobres, es también una reivindicación del uso de la palabra como arma frente al absurdo.

Lista de los doce mexicanos más pobres

1. Juan Manuel Díaz Salazar (Tabasco)

Escrita por Alejandra Sánchez Inzunza y José Luis Pardo

2. Lourdes Angelina Méndez Ramírez (Oaxaca)
Escrita por Zorayda Gallegos y Silber Meza

3. Marisol Rivera Huitrón (Michoacán)
Escrita por Laura Castellanos

4. Claudia Catzín Ake (Yucatán)
Escrita por Karla Casillas Bermúdez

5. Ramiro Rivas Cova (Los Ángeles, California)
Escrita por Eileen Truax

6. Esperanza Bolaños Méndez (Puebla)
Escrita por Témoris Grecko

7. Rosendo Mayahua Flores (Veracruz)
Escrita por Óscar Balderas

8. Agustina Joaquín Toribio (Ciudad de México)
Escrita por Concepción Peralta Silverio

9. Antonio López Velasco (Chiapas)
Escrita por Salvador Frausto Crotte

10. Isidra Pérez Martínez (Campeche)
Escrita por Valentina Pérez Botero

11. Crisanto Hernández de la Cruz (Hidalgo)
Escrita por Sandra Romandía

12. Juan Pablo Anacleto (Guerrero)
Escrita por María Luisa López


Agradecemos a El Barrio Antiguo por compartir este trabajo.

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