Los eufemismos detrás de la violencia en México

Movimiento por La Paz con Justicia y Dignidad

||En una reunión con la hoy candidata Margarita Zavala, rostro más visible de la continuidad de una estrategia contra el crimen organizado que ha costado entre 90 mil y 120 mil vidas, así como alrededor de 30 mil desaparecidos, Irma Leticia Hidalgo, miembro de la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos, le dijo a la candidata entre lágrimas: ‘‘No somos daños colaterales’’. ‘‘Nosotros les llamamos hijos’’. Irma hizo referencia a su hijo, un estudiante de la Universidad Autónoma de Nuevo León desaparecido por policías municipales desde el 11 de enero de 2011

|Por Cristian Márquez Romo|

Desde hace mucho tiempo a la fecha, las víctimas civiles de la guerra contra el crimen organizado en México han sido tildadas de ‘‘daños colaterales’’. No se trata de un término nuevo, ni únicamente utilizado en México. En octubre de 2015, Estados Unidos bombardeó Afganistán, generando una oleada de indignación al asesinar brutalmente a 22 médicos inocentes, cuyo crimen fue estar haciendo su trabajo en el momento y el lugar equivocados. ¿Qué hizo el gobierno de Estados Unidos? Pedir perdón. Desde luego, no por voluntad propia, sino debido a la indignación que, por organizaciones como Médicos Sin Fronteras, que dieron voz a los médicos asesinados a sangre fría, obligó a las más altas esferas hacerlo. Estas víctimas, inocentes, generadas inevitablemente en toda guerra, han sido calificadas una y otra vez por los militares estadounidenses con el eufemismo ‘‘daños colaterales’’.

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, dijo Wittgenstein. En la guerra contra el narcotráfico en México, estos eufemismos han sido un elemento clave en manos de las autoridades, para normalizar ciertos fenómenos y borrar la memoria de personas anónimas, criminalizadas en muchos casos, sin capacidad para defenderse y exponer su versión de los hechos. Ciudadanos que, en palabras de la antropóloga y activista veracruzana Nadia Vera, asesinada en 2015, fueron utilizados como carne de cañón para imponer una narrativa indispensable para el poder: que ‘‘los malos se matan entre ellos’’.

‘‘Seguro andaba en malos pasos’’, reza el dicho popular. ‘‘¿Quiénes eran? No lo sé, pero seguramente eran pandilleros, sicarios’’, es común escuchar. ‘‘¿Qué pasó con los estudiantes de la Universidad de Guadalajara que desaparecieron?’’, pregunté hace poco. ‘‘No lo sé, pero se relacionan entre ellos’’, me respondieron.

¿Cómo utilizar el lenguaje para ejercer la violencia impunemente?

Toda guerra genera víctimas inocentes. Es indispensable reconocerlo. Punto seguido, es clave generar conciencia de que, quienes ejercen la violencia, buscarán todos los medios para hacerlo impunemente y en el mejor de los casos, de manera legítima. De ahí la importancia de los eufemismos. Nada mejor para ejemplificarlo que el término ‘‘daños colaterales’’: una clara estrategia de resignificación como instrumento para ejercer la violencia impunemente. Un medio idóneo para la clase política, que trata de disputar el sentido común para en el imaginario un relato que ofrece una falsa seguridad: el de que las víctimas son siempre criminales y los civiles no tienen nada que temer.

Una de las grandes victorias producto de la indignación convertida en esperanza tras los espeluznantes acontecimientos de Iguala, entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, fue la construcción de un relato contrahegemónico. A pesar de la barbarie en lo acontecido, no se trató de un hecho aislado: se trató, más bien, de un antes y un después en el imaginario de aquellos que durante mucho tiempo creyeron en el discurso oficial que aseguraba, sin investigación de por medio –o a partir de la fabricación de pruebas–, que en la guerra contra el narcotráfico no tienes que preocuparte; los muertos son siempre criminales. Los demás, ‘‘daños colaterales’’: un vehículo al cual se sube a quienes nada tienen que ver con el asunto, pero que con calzador entraban en el relato fabricado por el oficialismo, como estrategia de supervivencia política a costa de vidas inocentes.

En 2011, el médico Jorge Otilio Cantú, de 29 años, un par de días después de regresar de su luna de miel, fue brutalmente asesinado por militares vestidos de policías. En palabras de su padre, Otilio Cantú, los militares inventaron que su hijo se había metido en un fuego cruzado entre militares y criminales, por lo que fue asesinado a sangre fría. La verdad: en un presunto error, los militares lo asesinaron en un operativo mientras él se dirigía al trabajo. Los militares le sembraron en la camioneta, nada menos que el arma con la que dispararon. Los balazos que le dieron en el rostro, no aparecen en el acta de defunción. Lleno de zozobra, Otilio Cantú hizo promesa ante la tumba de su hijo: hacer justicia. Un ideal que se convirtió su de vida y la de toda su familia.

En 2010, en Villas de Salvárcar, Ciudad Juárez, en una fiesta de alrededor de 50 adolescentes, un grupo armado irrumpió abriendo fuego de forma indiscriminada contra todo el que estuviera en el lugar. Sin prueba alguna y desde el desde el extranjero, Felipe Calderón dijo que los jóvenes atacados eran ‘‘pandilleros’’. En el novenario de la masacre, Luz María Dávila, madre de dos adolescentes asesinados, enfrentó al en ese momento presidente y a su esposa, Margarita Zavala, hoy candidata, diciendo: ‘‘Yo no le puedo decir bienvenido (…) Aquí Juárez está de luto. Quiero que se retracte de lo que dijo, que eran pandilleros’’.

Menos de nueve meses más tarde, en la colonia Horizontes del Sur, ubicada a alrededor de dos kilómetros de Villas de Salvárcar, una fiesta de adolescentes fue igualmente atacada dejando 14 muertos, de los cuales por lo menos 4 eran menores de edad. La reportera de La Jornada, Miroslava Breach, asesinada en marzo de 2017 mientras llevaba a su hijo a la escuela, da cuenta en un reportaje de cómo los vecinos denunciaron que tras la masacre una patrulla de agentes federales pasó por el lugar, pero, aunque los vecinos gritaron pidiendo ayuda, fueron ignorados.

En Coahuila, en marzo de 2018, una familia que se dirigía a su casa en la colonia El Nuevo Progreso fue acribillada en un enfrentamiento entre la Marina y presuntos miembros del crimen organizado. El diario El Mañana de Nuevo Laredo da cuenta de cómo, aunque el padre se encontraba herido, elementos de la Secretaria de la Marina (Semar) impidieron la llegada de auxilio médico, y el diario La Jornada, sobre cómo, aunque se emitió un comunicado con el saldo de bajas tras el enfrentamiento, no se hizo mención alguna de muerte de civiles.

Finalmente, Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo, estudiantes del TEC de Monterrey, fueron asesinados en 2010 por militares cuando salían del campus por la madrugada, luego de trabajar en sus tesis de maestría y doctorado. Nuevamente, el entonces presidente Calderón, identificó a los jóvenes como ‘‘sicarios’’, hasta que se supo la verdad. Los militares hicieron pasar a los jóvenes por sicarios y les sembraron armas para cuadrar la escena del crimen, tras asesinarlos brutalmente. El portal Sin Embargo subraya que la Procuraduría General de la República, la Procuraduría de Nuevo León y la Procuraduría de Justicia Militar, obstaculizaron la investigación.

No se trata de casos aislados. Por el contrario, se trata de historias que sirven como un botón de muestra de aquellas que aún desconocemos. Se trata de casos que quienes estaban involucrados no encontraron, dentro de su sufrimiento, otro motivo para seguir viviendo que luchar y construir un relato contra hegemónico, enfrentado a la versión oficial. En palabras del médico Otilio, difundiendo al mismo tiempo la de cientos de personas que pasaron por lo mismo, carcomidos por el miedo.

En una reunión con la hoy candidata Margarita Zavala, rostro más visible de la continuidad de una estrategia que ha costado entre 90 mil y 120 mil vidas, así como alrededor de 30 mil desaparecidos, Irma Leticia Hidalgo, miembro de la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos, le dijo a la candidata entre lágrimas: ‘‘No somos daños colaterales’’. ‘‘Nosotros les llamamos hijos’’. Irma hizo referencia a su hijo, un estudiante de la Universidad Autónoma de Nuevo León, desaparecido por policías municipales desde el 11 de enero de 2011.

Referencias:

Sin Embargo. ‘‘Tu esposo nos destrozó la vida y no moviste ni una uña. El silencio es cómplice, Margarita’’. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: http://www.sinembargo.mx/17-04-2018/3408768

Sin Embargo. Estudiantes del Tec de Monterrey, asesinados por militares en NL, son homenajeados con un mural. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: http://www.sinembargo.mx/18-03-2015/1286293

Jiménez, Néstor. Familia muere por choque entre Semar y presuntos sicarios. La Jornada. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: http://www.jornada.com.mx/ultimas/2018/03/26/familia-por-enfrentamiento-entre-semar-y-presuntos-sicarios-2357.html

Carrasco Araizaga, Jorge. Una familia muere durante enfrentamiento entre la Marina y grupo armada en Nuevo Laredo. Proceso. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: https://www.proceso.com.mx/527451/una-familia-muere-durante-enfrentamiento-entre-la-marina-y-grupo-armado-en-nuevo-laredo

Kamen, Henry. Crímenes de guerra y ‘daños colaterales’. El Mundo. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: http://www.elmundo.es/opinion/2015/11/11/56423020268e3e2d7e8b45db.html

Univisión Noticias. Cómo un padre mexicano logró llevar a juicio a los militares involucrados en la muerte de su hijo. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea:  https://www.youtube.com/watch?v=_5lZuhzEr8o

López, Marco Antonio. Villas de Salvárcar: así se criminalizó a las víctimas de la guerra contra el narco. La Silla Rota. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: https://lasillarota.com/especialeslsr/villas-salvarcar-asi-criminalizo-victimas-guerra-narco/137492

Villalpando, Rubén y Breach, Miroslava. Nueva masacre en una fiesta en Juárez; 14 muertos y 20 heridos. La Jornada. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: http://www.jornada.unam.mx/2010/10/24/politica/005n1pol

Najar, Alberto. Miroslava Breach, a periodista ‘‘incómoda’’, asesinada en México cuando llevaba a su hijo a la escuela. BBC Mundo. Fecha de consulta: 2018, 21 de abril. En línea: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-39376671

 

Cristian Márquez es estudiante del Máster en Estudios Latinoamericanos

del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca, España.

Licenciado en Ciencias Políticas y Gestión Pública por  el ITESO.

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