Los marginados que se burlan del miedo

Pobreza

|Por Mauricio Ferrer|

Hace algunos años acompañé a la periodista Vanesa Robles a una colonia de Tonalá, por el rumbo de la carretera que conecta hacia el penal de Puente Grande, para visitar a una familia que vive –aún– en la pobreza.

Esa familia produce ladrillos. Todos sus integrantes, 13 en total –entre hombres y mujeres– trabajan todo el día fabricando los bloques naranjas con los que se alzan los edificios de la zona de Andares o con los que se construyen las murallas de los cotos que dividen a unos de otros en esta ciudad. Casas, edificios, residencias, instituciones que ellos, los de la ladrillera, nunca verán, pero que contribuyen a esa economía inmobiliaria millonaria.

Con tal producción, la familia entera se embolsa 500 pesos a la semana; 2 mil al mes. Por consecuencia los hijos no van a la escuela. O comen o se ponen el uniforme. No pueden ambas cosas. Una vez en la vida han comido queso. Sí, queso. Como el que usted o yo compramos en el tianguis o en el supermercado; nos damos el lujo de comprarlo deslactosado o si no, orgánico. Pero esa familia solo una vez en su vida ha visto el queso. Y cuando lo recuerdan, lo saborean, lo imaginan, lo huelen. Un alimento que quizá en la mesa de alguna otra familia clasemediera se termina en media hora o se parte en pedacitos como botana para una reunión.

Los niños de la ladrillera viven entre aguas sucias, moscas, humo, lodo y desnutrición. A algunos no les tocó los nutrientes suficientes en los primeros años de vida.  Aun así trabajan más de ocho horas diarias; una jornada que resiente todo su cuerpo. No cuentan con seguridad social ni pueden acceder a servicios médicos. Menos a internet o a comprarse un helado. Ven el centro de Guadalajara como si fuera un lugar lejano en el mapa.

Lo que menos son es ser huevones. No son lo que algunos creen “son pobres porque quieren”. Se ponen una chinga por 500 pesos semanales. Son parte de las estadísticas de estudios recientes: 7 de cada 10 que nacen pobres en México se quedarán así. Por generaciones. Y tendrán que chingarle como el resto de los mexicanos, un grupo que nos hace diferentes al resto: laboramos más de 2 mil 200 horas al año, casi el doble que en los países productivos de la Unión Europea.

La existencia de esa familia me recuerda a un diálogo con un amigo periodista argentino. En el país del sur, durante el gobierno de Cristina Kirchner, algunas medidas fueron calificadas de populistas. Una era la entrega de desayunos a niños pobres. La clásica de algunos sectores: “no les des pescado, enséñales a pescar”. Pfff.

La explicación de mi amigo fue sencilla: si no le das a esos niños los nutrientes que su cuerpo necesita, ¿cómo demonios aprenderán a sumar, multiplicar, leer, dividir, escribir, restar, dibujar, jugar en el recreo, imaginar? ¿A poco basta con uniformes y una mochila para acceder al conocimiento?

Leí el otro día en el diario local El Informador que el limón, el plátano y el huevo tuvieron su mayor incremento este año. El periódico reproducía el caso de una mujer de 45 años que gasta mil pesos a la semana para comprar comida para ella, su esposo y sus dos hijos. A los 4 mil en alimentos habrá que sumarle lo de la renta, útiles, transporte, gas, agua, luz y otros gastos.

A ese gran sector, el de los jodidos, el que vive al día, el que le chinga, el que le estira para llegar a la quincena, le ha parecido –a un gran porcentaje– que la propuesta de gobierno de Andrés Manuel López Obrador puede ayudarle a no quedarse al margen.

AMLO les representa un voto de confianza. Por lo menos una apuesta. Y es una apuesta porque no hay nada que perder. Ya se ha perdido mucho en los periodos del PRI y del PAN. Por eso el miedo les hace cosquillas. Porque no tienen miedo, hace mucho que se burlan de él.

No creo que el tabasqueño sea la solución a los problemas de México. Tampoco creo que el llamado cambio “esté en uno” como repiten muchos hasta el cansancio. Lo que sí creo, y he visto, es que existe una realidad de muchos mexicanos que otros desconocen. Y desconocemos.

Coincido no del todo con AMLO. No me late la adhesión de ciertos personajes a su proyecto de gobierno. También me da risa que sus detractores digan que representa al viejo PRI y que estuvo en sus filas. Por favor, el México postrevolucionario tiene el sello del PRI. Hasta la oposición nació como respuesta a ese régimen. Del PRI salieron instituciones, que poco a poco han ido cambiando, algunas para bien otras para lo más jodido.

Cada quien podrá votar por el que le plazca la gana. Es parte del show de la democracia. Respeto las filias y fobias de cada quien. Tan es fanático el que le alza un altar a López Obrador como el que vive obsesionado con él y no deja de postear cosas en su contra cada cinco minutos en las redes sociales.

Les dejo este link de un texto que se ha vuelto viral en la red (https://bit.ly/2HpAyTj ). Es una fotografía de aquellos a quienes hemos marginado, olvidado, rechazado; un sentido del porqué para muchos AMLO es la opción de gobierno. Les reproduzco un par de párrafos por si quiere ignorar a esos que le menciono o por si le da flojera leer. Es un México que existe, lejos de las plazas comerciales, los cafés hípster, las grandes torres y los aeropuertos donde aterrizan a diario aviones a los que muchos nunca se podrán subir en la vida.

“Porque aparentemente como tuviste una buena educación, tienes un trabajo decente, vives en un buen lugar, tienes chance de irte de viaje, comprar cositas en internet, salir a cenar o tomar a lugares de moda, ir a conciertos, estrenar ropa cada mes y teléfono cada dos años, entre otras cosas; naturalmente no eres partidario de ningún cambio que ponga en riesgo ese nivel de vida. Mientras las balas no lleguen a ti o a tus seres queridos, mientras la comida siga en tu mesa, mientras tú no tengas que preocuparte por cosas más complejas que si el huevo es orgánico y de libre pastoreo, lo que le pase a los demás te viene valiendo madres.

Y no, no te quiero hacer sentir culpable de tu buena fortuna, pero sí quiero que seas consciente de que todo eso que tanto te molesta de AMLO y la gente que lo apoya, es precisamente lo que los une y los tiene como la voz más popular en estas elecciones. Tu indiferencia, tu desprecio, tu comodidad con el status quo simplemente porque al menos a ti no te ha ido mal en la feria. Todas esas personas que lo siguen y lo apoyan simplemente le están gritando al mundo que están absolutamente hartos de ser un cero a la izquierda para ti, y de tu falta de empatía y humanismo hacia las preocupaciones de los demás”.

Mauricio Ferrer trabajó por más de una década en medios de comunicación nacionales y locales.

Hoy es servidor público.

Extraña mucho el sonido del teclado al momento de redactar datos, ideas, historias, pensamientos.

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