Los ‘millennials’ vivimos por primera vez la unción del ‘candidatazo’

Sepa la bola

Ahora entiendo. Ya me quedan más claras esas historias que escuchaba sobre cómo se elegían a los candidatos del PRI (en los ayeres en los que no sólo eran candidatos sino sucesores presidenciales). Hasta hace 10 días, sólo eran anécdotas que habíamos escuchado los jóvenes sobre el rito de unción que el partidazo vivía cada seis años del 2000 hacía atrás.

Sin temor a equivocarme, puedo asegurar que por primera vez los “millennials” cercanos a la “generación Z” estamos viviendo conscientemente la liturgia tricolor: esa alineación discursiva y práctica de los poderes adjuntos al PRI que le hacen fiesta al señalado por el dedazo.

Me explico: los que tuvimos la edad para votar por primera vez en 2012 fuimos testigos del PRI urgido de poder presidencial, de un tricolor que era oposición (suena raro ¿no?). Prácticamente desde los primeros meses de 2011, el país sabía que Enrique Peña Nieto sería el candidato de ese partido y  y no tenían al presidente de su lado. A Peña lo habían preparado. Era la apuesta en imagen y en “visión de país”. El grupo Atlacomulco estaba listo para enfrentar a López Obrador y a un PAN que padecía una escisión de sus grupos.

En 2006, el candidato fue Roberto Madrazo. Seré honesto: confieso que mi memoria tiene contados registros vivenciales de ese proceso electoral. No obstante, recuerdo que el PRI vivía tiempos de disputa, todavía padecía los estragos de la derrota en el 2000. Su candidato fue gris y no solamente perdió, el partido cayó al tercer lugar de las preferencias electorales.

En las elecciones del 2000, de la campaña del PRI nada más recuerdo la canción de Juan Gabriel sobre Francisco Labastida (aquí les dejo la rola para que pasen un buen momento). El resto de mi archivo cerebral en ese proceso lo ocupa Vicente Fox, el PAN-Verde Ecologista –no olvido que fueron en alianza–, cuando acompañé a mis papás a votar y la transmisión de la cobertura en televisión.

De 1994 no hablaré, no guardo recuerdo.

De vuelta al presente. Dudo que haya sido casualidad la comparación de José Antonio Meade con Plutarco Elías Calles (fundador del PNR, abuelo del PRI). También, que posterior a estas declaraciones, el presidente Peña Nieto haya dejado que los reporteros lo cuestionaran de forma “banquetera” sobre las palabras del Canciller y que haya dicho que andábamos despistados. Pero, sobre todo, que el PRI no haya pensado desde agosto, en sus mesas de diálogo y su Asamblea, que era Meade quien podía ser su candidato perfecto, al haber abierto la puerta a los simpatizantes para participar en este proceso.

Desde que vimos la caída en la presencia mediática positiva de Luis Videgaray; desde que Osorio Chong no pudo contener los temas de violencia; desde que vimos cómo Aurelio Nuño hablaba de aplicar la fuerza del Estado para implementar la Reforma Educativa en Oaxaca, siendo secretario de Educación. Desde que escuchamos el corrido del amigo Pepe Meade y vimos cómo existía una “mano amiga” que lo impulsaba las sospechas de su unción tenía cada vez más el perfil del candidatazo: el no priista y ex colaborador de gobiernos panistas; experimentado, técnico; el de la continuidad para quienes viven cómodamente. Ya lo vimos, ya lo vivimos, ya nos entendemos más.

Migaja

Un análisis de Central de Inteligencia Política dio a conocer que, en noviembre, José Antonio Meade tuvo una cobertura mediática positiva. El 86% de las notas tuvieron ese encuadre.

Julio González
Acerca de Julio González 68 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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