Luz de luna entre las tinieblas

Intentaron acallar el papel y la tinta. El olor a periódico en la rotativa es cosa del pasado para La luna regional, un semanario que circulaba al sur de la ribera de Chapala, Jalisco. Las amenazas del crimen organizado a través de cinco encapuchados y sus armas que amenazaron a los periodistas de una pequeña redacción hicieron que abandonaran el oficio por miedo a perder su vida o a alguno de sus familiares.

Era la noche de un jueves en 2013, la jornada del cierre de edición. Dentro de la redacción se encontraban el impresor, el repartidor y la secretaria. Como de costumbre, la puerta estaba entreabierta. Las máquinas de impresión hacían su trabajo cuando entraron tres personas con armas largas; otros dos se quedaron afuera para vigilar. Un taquero en su puesto callejero los miró pero no hizo nada. Era mejor hacerse el que la virgen le hablaba.

Los encapuchados escupieron una consigna: “dejen de chingar al presidente municipal o nosotros nos los chingamos a ustedes”. Los maleantes se fueron. El verbo chingar para estos hombres se refería a que dejaran de meterse con los intereses del alcalde. Su trabajo representaba una afrenta contra el poder.

Minutos después regresaron y la amenaza con ellos. No había sido suficiente con el ultimátum. Esta vez tomaron todos los periódicos de la edición semanal –su tiraje oscilaba entre los mil 200 y dos mil ejemplares– y huyeron. Los trabajadores de la publicación no metieron las manos.

La luna regional era un periódico de un poblado aledaño al lago más grande de México, el grupo de periodistas tenían casi 15 años procesando y publicando la información semana tras semana para que los habitantes de la zona conocieran el acontecer político y social pero las “verdades” incomodaron al crimen organizado y al alcalde. Pueblo chico, infierno grande.

Esa misma noche, Gerardo y Francisco, editores del periódico, visitaron al presidente municipal. Los recibió junto a su director de seguridad, por un lado, y un sujeto desconocido –como salido de las tinieblas– del otro.

“Ya ven, me hubieran pedido a mí la información de la nómina municipal. Para qué van con el ITEI (Instituto de Transparencia e Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de Jalisco) a solicitarla, si ya saben que si me la piden, se las doy”.

Pero ellos ni siquiera habían mencionado la amenaza en la redacción, ¿cómo se había enterado el alcalde de aquella amenaza de los encapuchados?, se preguntaron los editores.

Desde el 2000 a mayo de 2017, en México han asesinado a 105 periodistas según la organización Articule 19. En 2013, año de la amenaza a estos comunicadores, fueron cuatro. En lo que va de este, suman ya seis.

Gerardo dejó el periodismo atrás y se fue del pueblo con todo y su familia para dedicarse a otra cosa. Pero Francisco se quedó, en compañía de su familia y el miedo.

El miedo que Francisco sintió, ya lo había experimentado un par de años antes, cuando vivió la desaparición de un familiar que hasta esos días de 2013 no había vuelto a ver. Miedo de negociar con los maleantes como ya lo había hecho antes. Miedo a vivir un proceso de negación. Miedo a ejercer el periodismo.

Sin embargo, tiempo después Francisco publicó Luz de luna, un semanario que buscaba que el papel y la tinta pudieran iluminar el camino a la denuncia y la verdad.

Migaja

Malayerba nunca muere. No nos callaremos, Javier.

No al silencio.

Julio González
Acerca de Julio González 21 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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