Malabarismo partidista

circo
Foto: Flor Batista

|Jun José Doñán|

Hace 80 años José Clemente Orozco pintaba en el muro poniente del cubo de la escalera del Palacio de Gobierno una escena que hoy en día tiene incluso mayor vigencia que en la época misma en la que el mural fue pintado.

En dicha escena, a la cual algunos críticos e historiadores de arte han dado en llamar El circo de las ideologías, Orozco pinta a personajes y símbolos políticos, sociales y hasta espirituales como la hoz y el martillo, la esvástica y la cruz cristina.

Todos esos símbolos, en su mayoría teóricamente respetables, aparecen en manos de payasos, malabaristas y otra clase de simuladores, quienes no sólo los degradan y devalúan, sino que los convierten en una grotesca coartada para tratar de justificar sus tropelías y abusos en contra del pueblo, del mismo pueblo que todos ellos pretenden representar o redimir, pero al que en realidad engañan y sojuzgan.

Ese mismo circo de la simulación y el engaño está más vigente que nunca aquí y ahora, en vísperas de las elecciones federales y locales del 2018. Y un buen ejemplo de ello es lo que se vio hace apenas unas horas en Guadalajara, con los líderes nacionales y los seguidores locales del llamado Frente Ciudadano por México.

En dicho frente partidos de izquierda, de derecha y de otras ubicaciones en el espectro ideológico han ido conformando una sospechosa coalición preelectoral en contra del PRI, con miras a los próximos comicios, haciendo malabares de todo tipo y apelando a la mala memoria de la ciudadanía.

¿Qué mayor circo que ver a los antagonistas de hace poco y hasta a enemigos jurados presentarse ahora como aliados de toda la vida y, para colmo de males, mezclados con el más ambicioso y menos confiable de los poderes fácticos de la comarca jalisciense, es decir, con el camaleónico grupo político que sojuzga, desde hace décadas, a la Universidad de Guadalajara y que encabeza el ex rector Raúl Padilla?

De manera cínica dicho personaje, convertido en el ajonjolí de todos los moles o en el perejil de todas las salsas, tiene además colocados a personeros suyos en todos los partidos políticos –incluido el PRI, en el que milita su hermano y otros parientes suyos– y hasta en organismos pretendidamente ciudadanos.

Y debido a que la ciudadanía jalisciense convirtió al PRD Jalisco, la ahora muy devaluada franquicia política que desde hace más de veinte años regentean los jeques universitarios, en punto menos que escombro político, el padillato busca reinventarse, estableciendo alianzas a diestra y siniestra, sin importar si se trata partidos de izquierda o de derecha, de centro y de donde sea, siempre y cuando ello le permita seguir medrando a sus anchas de los fondos públicos, y manejando a su arbitrio a la universidad pública de Jalisco.

En esta mascarada política, la careta “ciudadana” lo mismo es usada por políticos curtidos, quienes han agotado casi todo el espectro partidista, que ahora por presuntos “notables”, agrupados oficialmente en comisiones para elegir a quienes pretenden integrarse al llamado Sistema Estatal Anticorrupción, pues aun cuando esos supuestos “notables” aparentemente enarbolan la bandera de la ciudadanía, en no pocos casos responden a los intereses de grupo y hasta de poderes fácticos, que buscan clocar en los más altos cargos de fiscalización a su gente o a personas a modo.

Otro caso de este circo político, zafra 2017-2018, es el de conocido alcalde de la Zona Metropolitana de Guadalajara, quien en plan de trapecista está a punto de saltar de una cotizada presidencia municipal a la candidatura de una de las principales gubernaturas del país, aun cuando su desempeño como primer edil no sólo haya dejado mucho que desear, sino que ha decepcionado casi por completo a muchos ciudadanos que votaron por él, creyendo en sus palabras y promesas.

Por el lado del humor involuntario de esta mascarada se encuentra Antonio Cruces Mada, quien, luego de haber dejado a la Secretaría de Salud en estado de coma, dice estar haciendo planes para buscar la candidatura del PRI al Ayuntamiento de Zapopan.

Para colmo y con muy contadas excepciones, la mayoría de los tiradores a puestos de elección popular para el 2018 son perfectamente intercambiables y podrían ir por cualquier partido político y hasta como “candidatos independientes”, tal y como lo demuestra el carnavalesco y multicolorido Frente Ciudadano por México, el cual cuenta con la simpatía de intelectuales como Héctor Aguilar Camín o Enrique Krauze, que históricamente han hecho muy buenos negocios con los ahora deturpados gobiernos priistas, pegando con la izquierda y cobrando con la derecha o viceversa.

Ni hablar, el malabarismo ideológico y el circo político partidista están más vivos que nunca y mucho más vigentes que cuando Orozco los retrato en su primer mural del Palacio de Gobierno.

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