Mantener el enfoque

Avelino Sordo Vilchis

En 1992 George Bush (padre), entonces presidente de Estados Unidos, gozaba de un índice de aprobación cercano al 90%: muy pocos expertos ponían en duda su reelección. Había ganado tal aceptación básicamente por asuntos de política exterior. Su oponente en la carrera presidencial era el carismático pero desconocido gobernador de un muy poco glamoroso estado sureño, Bill Clinton, cuya estrategia fue orientar su campaña a la política interna, a cuestiones mas domésticas, vinculadas con la vida cotidiana de los electores. A fin de mantener el tema en foco, el estratega James Carville pegó en la oficina central de la campaña un cartel que decía: “1.-Cambio versus más de lo mismo. 2.-La economía, estúpido. 3.-No olvidar el sistema de salud”.

A pesar de que se trataba de un memorándum interno, el segundo punto —con el añadido de un “es” al principio— se convirtió en una especie de eslogan no oficial de la exitosa campaña de Clinton, que mandó a su casa a Bush (padre), con todo y su 90% de aprobación. Así, la frase “¡es la economía, estúpido!” se instaló en la narrativa de la política estadounidense y su uso se extendió rápidamente por el mundo. Y es que más allá de que se trata de un llamado a enfocarnos en lo sustantivo —en lo importante—, su aceptación casi universal le debe mucho también a su carácter de autoflagelo, porque el calificativo con el que remata no es para nadie más que nosotros mismos: está ahí para recordarnos la categoría que tendremos si perdemos de vista lo esencial.

La frase se abrió paso en mi memoria cuando con unos amigos analizábamos la facilidad con la que nuestros politiquillos pierden el enfoque y con el más absoluto desparpajo reducen asuntos de interés público a simples cuestiones que afectan a unos cuantos. El tema surgió al hablar de la operación del engendro llamado “Ciudad-Cretina-y-Digital”, ocurrencia perpetrada para relevar el fracasado proyecto de Villas Panamericanas en el Parque Morelos. Es cosa de analizar el discurso: cuando la presentan es algo que va a colmar de beneficios a la ciudad, al Estado, al país y hasta al mundo mundial. En cambio, cuando presentan alguna de sus atrabiliarias ocurrencias, aseguran que apenas perjudicaría a unos cuantos vecinos y transeúntes del Parque Morelos.

Así, conforme al discurso oficial, la “Ciudad-Cretina-y-Digital” aporta un gran beneficio para la ciudad, mientras que, por ejemplo, la demolición de los juegos infantiles del Parque Morelos (diseñados por Fabián Medina; obra de valor artístico patrimonial que en su momento fue distinguida con un premio en la Bienal Nacional de Arquitectura y que 50 años después aún funcionan a la perfección), afecta solo a unos cuantos. Aquí es donde queda como mandada a hacer la frase clintoneana con una pequeña modificación: “¡es la ciudad, estúpidos!” Porque la demolición de los juegos infantiles o la expulsión del tradicional mercado de día de muertos, afectan a la ciudad, pues al realizarse se atenta directamente contra el patrimonio de los tapatíos.

No está por demás buscar la manera de recordarles constantemente que en los asuntos de la ciudad, es importante mantener una visión amplia y nunca se debe caer en reduccionismos tales como considerar que el destino de la plaza de Mexicantzingo sólo atañe a los habitantes de ese barrio, sino que afecta a toda la ciudad; que el inenarrable jacalón que están levantando en el extremo oriente del Jardín Botánico probablemente beneficie a algunos familiares de pacientes del Hospital Civil, pero que a cambio empobrece el patrimonio histórico, urbano y cultural de Guadalajara; que la existencia de la ciclovía en el bulevard García Barragán no sólo compete a quienes viven en esa calle y sus aledañas, sino que afecta toda la red de transporte de la ciudad.

Nuestros politiquillos deberían aplicar la técnica Clinton, para ver si así se mantienen enfocados en lo esencial y no se pierden, como es su inveterada costumbre, en sus grillas y permanentes campañas en pos del siguiente hueso, que sólo les interesa como trampolín para conseguir el que sigue… y así hasta el infinito y más allá (Buzz Ligthyear, dixit). Debemos buscar la manera de que se pongan a trabajar. Me queda claro que es difícil, muy difícil, pero hay que mantener el espíritu. Por lo pronto podríamos mandar hacer espectaculares, carteles, postales, banners para los adminículos electrónicos, etcétera, a fin de asegurarnos que cada uno de ellos tenga a la vista la frase:

“¡Es la ciudad, estúpido!”

Avelino Sordo Vilchis
Acerca de Avelino Sordo Vilchis 13 Artículos
Editor // promotor cultural // ex sibarita

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