María develará nuestras incongruencias

Muchas cosas se han escrito al respecto de Marichuy, la primera mujer indígena en un proceso de elección nacional a la presidencia. Quienes minimizan sus aspiraciones esgrimen argumentos como su ausencia de competencias de valor curricular para dirigir un país, demostrando así los logros de una educación diseñada para segregar a aquellos que vienen de experiencias de lucha y no de una educación tradicional en escuelas que pocos pueden pagar.

Naturalmente su aspecto es otro elemento usado para descalificar, un detalle que demuestra lo profundamente arraigados que están el clasismo y el racismo en México, por mucho que lo políticamente correcto sea pretender que no existe y por si esto fuera poco es mujer.

Son precisamente ideas como“es mujer, indígena, humilide, de una comunidad marginada ¿Cómo se atreve a siquiera considerar contender?”, que hacen tan importante que se escuche su voz en los futuros procesos. Su candidatura en sí misma es una transgresora llamada de atención a problemas que debemos sacar a la luz y eso lo convierte en un gran suceso.

Aquí me gustaría puntualizar lo que me parece más relevante de este proceso, porque como hay quienes no entienden qué pasa o se sienten agraviados con su sola presencia, también hay los que celebran que ella levante la mano.

Evidentemente, los miembros de su comunidad nahua, los grupos indígenas que han resistido al sistema que les ha invisibilizado y los que reconocemos la deuda histórica con estos grupos indígenas. Este último grupo que al parecer está lejos, está entendiendo algo fundamental; Marichuy hará lo que no hemos logrado como externos a su grupo cultural: visibilizar el racismo y el clasismo arraigado e ignorado en México. Eso es lo que hay que celebrar. La gran catapulta que sacará lo que parecía enterrado en este país.

Susana Ochoa
Acerca de Susana Ochoa 14 Artículos
Feminista // Soy un cliché // #Okupante

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