En memoria de Javier Valdez

Sepa la bola

Hoy, 15 de mayo, se cumplen dos años sin Javier Valdez. Dos años de impunidad; de ver aquella imagen del bato, recostado en el suele de las calles de Culiacán, Sinaloa. De sabernos, como periodistas, aún más vulnerables de lo que ya muchos nos sentíamos cunado nos hacen esa recurrente pregunta “¿Y no tienes miedo de que te maten?”

Debo confesar que no tuve la suerte de conversar con Javier. Más bien lo “conocí”, quizá en 2012 o 2013, en alguna Feria Internacional del Libro en alguna de las conferencias que formaban parte del programa del Encuentro Internacional de Periodistas. Yo era un estudiante que unos meses atrás había decidido emprender mi carrera periodística y sabía que los cimientos debían tener una mezcla de experiencias: lecturas, reporteo y escucha de quienes son un ejemplo sobre cómo ejercer este oficio-profesión. Así que en más de una ocasión asistí a escuchar a Javier Valdez Cárdenas, periodista fundador de RíoDoce y autor de la columna Malayerba, así como corresponsal de La Jornada.

Sin embargo, conocí más de él después de ese 15 de mayo de 2017. El periodista Alejandro Almazán me presentó a la compañera de vida de Javier, Griselda Triana o Gris  ––como le decimos quienes abusamos de la confianza–. Gris es una gran mujer: ha luchado porque el asesinato de Javier no quede impune, porque el legado de Valdez sea un paraguas para quienes queremos ejercer el periodismo, pero sentimos un temor involuntario. Es una defensora de la Libertad de Expresión y la Justicia.

Muchos podrán platicar más a fondo sobre quién era Javier Valdez, yo prefiero compartir algunas de sus frases contenida en uno de sus libros, en un discurso y, también, un tuit:

En huérfanos del narco: “Me gustaría que estas páginas sirvieran para detenernos un poco en la queja, el grito, la vociferación y la violencia, y pensáramos que más allá de todo el dolor por las víctimas, dolor atroz e inmerecido, hay niños que no reclaman nada, no gritan, ni lanzan. Improperios, sonríen con su corazón en lo más hondo de la desesperación y la factura, niños en silencio que sólo soportan, sin saber por qué ellos, las secuelas de los tiroteos, los levantamientos, los secuestros, la impunidad y los asesinatos”.

El 22 de septiembre de 2011, cuando recibió el Premio Internacional de Libertad de Prensadel CPJ, 2011: “En Culiacán, Sinaloa, México, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el gobierno; un piso filoso y lleno de explosivos. Esto se vive en casi todo el país. Uno debe cuidarse de todo y de todos. Y muchas veces no hay a dónde acudir”.

Un tuit del 25 de marzo: “A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”.

Javier Valdez Cárdenas era una persona comprometida con su país. Era un reportero comprometido con las víctimas. Basta con leer algunas piezas periodísticas para admirar el rompecabezas de muchas y muchas piezas que comprende la realidad que retrató a través de su trabajo: ver, escuchar, documentar, escribir y publicar.

En tiempos donde se cuestiona a un periodista amenazado de muerte por traer escolta, en tiempos donde la crítica sigue sin ser bien recibida desde el poder –o al menos recibida como parte del ejercicio democrático–. En tiempos en los que los feligreses de quienes ostentan en el poder institucional, es necesario recordar a Javier y releer sus libros porque su trabajo nos susurra al oído: salgamos a las calles y contemos las historias de quienes son víctimas en este país.

Julio González
Acerca de Julio González 124 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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