Mentiras y campañas electorales

Foto: ITESO

|Por Juan José Doñán|

Los embustes y las campañas políticas son una pareja que ha estado asociada desde hace muchísimo tiempo y en las más diversas latitudes, es decir, no sólo en el México de hoy y de ayer.

Es conocido el caso de la Alemania del siglo antepasado, cuando el primer ministro Otto von Bismarck, apodado el Canciller de Hierro y famoso por haber logrado la unificación alemana, luego de haber salido triunfador en la Guerra Franco-Prusiana, llegó a decir, a propósito de este binomio embustes-campañas electorales, que nunca se mentía tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería.

Durante la guerra, porque las partes conflictos reportan triunfos magnificados, escamoteando derrotas y minimizando el número de bajas. Y después de la cacería, porque es cuando todo mundo fanfarronea, presumiendo las grandes piezas imaginarias que ha añadido a su palmarés de cazador.

Y por lo que hace a las elecciones, bastaría ver lo que está sucediendo en nuestro país ahora mismo, en vísperas de las elecciones y con el agravante de que, desde hace once años, se sigue manteniendo, con resultados cada vez más insatisfactorios y por momentos catastróficos, la interminable Guerra contra el Narcotráfico, la cual comenzó, durante su primer año de gobierno, el entonces presidente Felipe Calderón, quien declaró a tontas y a locas esa mal concebida cruzada en contra de las clandestinas organizaciones criminales de nuestro país, que preferentemente se dedicaban al cultivo, al tráfico y a la venta de drogas, y que luego fueron ampliando sus negocios ilícitos a otras modalidades de la delincuencia.

Y como nadie puede desmentir el dicho de Bismarck de que pocas veces se miente tanto como cuando va a haber elecciones, a ningún mexicano –o a ningún jalisciense en particular– le debería sorprender que muchos de las personas que ahora mismo andan en campaña, en busca de un puesto de elección popular, hagan las promesas más demagógicas y disparatadas y, a la par digan, sin ningún rubor, verdades a medias o mentiras completas a destajo.

Así, por ejemplo, entre los aspirantes a la gubernatura del estado hay quien ha ofrecido fundar una segunda universidad pública y otro que, para no quedarse atrás y mantener la distancia –y eventualmente ampliarla– sobre sus contrincantes, ha ido todavía más lejos y ofrece, ni más ni menos, que “refundar Jalisco” como si la refundación de un estado como el nuestro, constituido en un pacto federal con el resto del país desde hace 101 años, dependiera del voluntarismo, por no decir de las ocurrencias, de un candidato en campaña.

Lo de la segunda universidad pública es algo que se sacó de la manga, o de la chistera de un aprendiz de brujo, el abanderado del PRI al gobierno de Jalisco, Miguel Castro Reynoso, como buscando ponerle un par de banderillas –o por lo menos meterle un calambre– a los cabecillas que regentean a la Universidad de Guadalajara y quienes ahora mismo andan haciendo campaña, en el ámbito federal, en favor de Ricardo Anaya, candidato presidencial de la alianza Por México al Frente (integrada por el PAN, por el PRD y por Movimiento Ciudadano) y en la comarca, apoyan abiertamente a Enrique Alfaro, aspirante de Movimiento Ciudadano al gobierno de Jalisco.

Dicho de otra manera, la ocurrencia de “una segunda universidad pública” en nuestro estado es algo que ha nacido más del despecho político del priismo jalisciense, pues mientras tuvo de aliado al cacicazgo que contrala a la UdeG, consintió y engordó a ese poder fáctico que encabeza el ex rector Raúl Padilla. Pero desde el momento en que los jeques udegeístas se aliaron con Ricardo Anaya y con Enrique Alfaro, aparecieron todos los defectos del cacicazgo universitario, el cual súbitamente comenzó a ser mal visto por el priismo de la comarca y también por el del centro del país.

Y en cuanto a la cacareada “refundación” de Jalisco, que promete Alfaro, dicha promesa o amenaza no pasa de ser, como decía Bismarck, puro bla, bla, bla. Porque vale plantearse lo siguiente: ¿pudo Enrique Alfaro refundar Guadalajara? ¿O siquiera entregó una mejor ciudad de la que recibió en materia de seguridad, aseo público, movilidad urbana, cuidado del medio ambiente…?

Entonces, ¿cómo es que quien no fue capaz de transformar positivamente una parte del estado ahora se presente a sí mismo como quien puede “refundar” –se supone que para bien– todo Jalisco? Y si a lo anterior se suma el hecho de que lleva como aliado al grupo político que controla antidemocráticamente la UdeG, lo único que Alfaro parecería poder ayudar a refundar sería precisamente el expansivo cacicazgo de la universidad pública de Jalisco.

Ni hablar, Otto von Bismarck tenía razón, pocas veces se busca engañar tanto y a tantos como antes de las elecciones.

Escribe el primer comentario

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*