México impune

A un amigo le robaron su bicicleta en semana de Pascua. A otra amiga le tocó forcejear con un asaltante que no pudo concretar su objetivo porque ella logró salir corriendo de su local antes de que el hombre pudiera sacar la navaja. En redes sociales, otros amigos han publicado “sin celular por el momento, me lo robaron. Cualquier cosa por inbox”. A unos vecinos les robaron sus pertenencias de su casa, después de haberles quebrado la chapa de la puerta. ¿Qué tienen en común estos microrrelatos? Que ninguno terminó con un: “y luego agarraron al malhechor para ser juzgado y cumplir una condena”. Es más, estoy intentando sacar del costal de los recuerdos alguna historia de las personas que sé que han sido víctimas de robos –u homicidios– y que el Estado haya podido castigar al victimario. No pude encontrarla.

Es correcto, el costal de mis recuerdos y las historias de mis cercanos no pueden ser considerados como parámetros para medir la impunidad de este país. Pero las investigaciones de quienes se dedican a medir este problema sí. Según las estadísticas de la organización Impunidad Cero, entre 2007 y 2014 se registró un incremento de impunidad del 47%. Esto tiene una explicación: se debe al estancamiento de las condenas y el aumento del número homicidios. Y una cifra igual de escandalosa es que “si únicamente consideramos las sentencias por homicidio doloso (tanto absolutorias como condenatorias), la impunidad nacional para este delito durante 2014 sería de 75.6%”. Tan solo en 2016, se registraron más de 22 mil asesinatos dolosos. Nos están matando y pocas veces pasa algo.

La impunidad la podemos entender como la falta de resolución de casos; la falta de castigo ante algún delito; la no sanción ante lo que marca la legislación. Y es que recordemos que un principio del Derecho es que el ciudadano puede hacer todo menos lo que se prohíbe en la ley y un funcionario público tiene permitido realizar sólo lo que marcan sus atribuciones. Así que, si alguno de estos sujetos atenta contra este principio, debería aplicarse una pena.

Pensemos que el problema no es la impunidad, que yo soy un pasado de lanza y más bien estas cifras son consecuencia de que las personas no denuncian. Sin embargo, existen razones frecuentes para no hacerlo: no tener pruebas (nadie vio cómo era el ratero); pensar que es un delito de poca importancia (para qué si es sólo un celular y ya me van a renovar el plan) y miedo al agresor (si ya me pasó una vez y denuncio, me puede volver a pasar). Y una cuarta: no denunciamos porque al final, no pasa nada.

Es común que la autoridad eche la bolita a las víctimas: es que no denuncian. No obstante, el Estado está obligado a resolver los casos y aplicar sentencias. Y no caigamos en un viejo error, la impunidad no se combate con más legislaciones –como piensan algunos diputados– sino haciendo valer las que ya existen. Este México no virará si no deja de ser impune.

Migaja

Hoy se cumplen 11 años del desalojo brutal del plantón de maestros en el zócalo de Oaxaca, lo que desembocó en la creación de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca (APPO), que tenía como fin “fortalecer la lucha contra la caída de Ulises Ruiz Ortiz”. Las salvajadas de las autoridades en ese conflicto siguen impunes.

Julio González
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Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

1 Comment

  1. Me gustó tu estilo al escribir, gracias porque me llevaste a escribir un comentario al margen del tema central que nos compartes:
    Es alarmante el estado de impunidad, de descomposición social que experimentamos, “evidentemente hay que hacer algo” eso pensaría el político, “hay que cuidarse” diría un padre de familia, un cura diría muchas cosas, un médico estará preocupado por lo que tiene que remendar producto de la violencia, un músico pensará que es materia maravillosa para generar “canciones” para vender, etc.
    Lo que casi nadie pensamos, decimos o hacemos, es tratar de llegar a las principales causas de todos los “icebers” que cada día nos escandalizan. El que haya gente robando a otra, agrediendo a otra, matando a otra, desde mi juicio sólo son puntas de iceber, habrá que pensar de manera seria cuáles son los hilos que nos pueden llevar a descubrir las causas, aunque sospecho que una puede ser carencia de EDUCACIÓN, así con mayúsculas, no instrucción escolar slogan de colegio caro (educación en valores, jeje), educación comunitaria, de sentido común, familiar, vecinal, de colectividad, de afecto y cariño, educación sin temor, no comercial (neoliberal) que vive generando temores de quedarse sin “cosas”, no educación: “soy totalmente palacio….”
    Si volvemos la mirada a otros mundos, a otros sectores, a otros tiempos, a otros espacios, tal vez reconozca que aún tengo capacidad de asombrarme de algo que vale la pena.

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