El Mono cumple 40

Esta noche habrá fiesta, ésta noche habrá fandango. Pero no en cualquier lugar: en la sala principal de Bellas Artes. En el mero Palacio se montará la tarima y hasta ahí llegará el repertorio con el que desde hace cuarenta años baila y nos pone a bailar el grupo Mono Blanco, valuarte de un son jarocho fiel a sus raíces pero renovado en cada entrega con la incorporación de instrumentos y formas musicales que enriquecen la tradición. La Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México estará ahí también, lo mismo que el Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández y el Cuarteto Anacrúsax. Todos ellos se unen para celebrar este aniversario de un grupo que, paradójicamente, no se fundó en Veracruz sino en la Ciudad de México. Ahí había llegado procedente de Tres Zapotes, Veracruz el jovencito Gilberto Gutiérrez a sus dieciséis, y ahí le surgió el deseo de tocar la jarana. Formó el grupo con su hermano José Ángel y con un gringo llamado Juan Pascoe Pierce. El resto es historia: esta riquísima y extensa historia que los ha llevado a distintos lugares del mundo tocando sones clásicos de Veracruz pero también sus propias creaciones que forman parte de un repertorio que ha venido a renovar una y otra vez ésta, que es una de las tradiciones musicales más entrañables de nuestro país, la del son jarocho.

“Contar la historia de Mono Blanco…”, escribe Ishtar Cardona en las notas introductorias del disco ‘Matanga’, que el grupo grabó con La Cofradía de San Antonio, “…requiere seguir varios acordes a la vez, aguzar el oído y encontrar lo distinto que encontró lo semejante, las diferencias que se volvieron una sola fiesta”.

Y es que Mono Blanco ha tenido los oídos abiertos a las posibilidades que otras músicas del planeta ofrecen al son jarocho, que ya de por sí es una muy afortunada mezcla de ingredientes indígenas, españoles y africanos. Como muestra queda, de entrada, el disco que ya mencioné, editado hace diez años y donde participan el acordeón de Sandy Sánchez, el steel drum de Ras Iginga, la guitarra eléctrica de Marc Ribot, las congas de Jai López, la flauta transversal o el sax soprano de Ramón Sánchez. Y también se puede poner de ejemplo una producción previa, de 1997, donde Mono Blanco y Stone Lips unen sus fuerzas para crear un delicioso híbrido donde aparecen influencias de la música española antigua, el barroco europeo, tambores africanos, sonoridades caribeñas o piano, y todo funciona de maravilla junto a la vitalidad rítmica y la gracia sonora de Veracruz. Acaso ello ha sido una consecuencia de que el grupo surgió en la capital del país, donde se escuchaba todo tipo de música: boleros, música cubana, música ranchera, trova latinoamericana. Todo eso estaba al alcance del oído de Gilberto y sus compañeros y, tarde o temprano, también fue apareciendo como un influencia inevitable.

Cito de nuevo a Ishtar Cardona: “Desde la fundación del grupo en 1977 y su primera grabación en 1981, el grupo Mono Blanco ha caminado buscando con quién platicar. Primeramente con su lugar de origen, con lo propio y particular; y posteriormente con otras tradiciones. Y en ese recorrido, el ensamble ha desenterrado las raíces profundas de una práctica que durante décadas se disfrazó de meramente ‘mestiza’.”

El caso es que Mono Blanco celebra cuarenta años y la fiesta se organiza en un momento de auge del son jarocho, cuando se vive una especie de afortunado “boom” de esa música y muchos jóvenes se interesan por tocar y bailar el son y darle un nuevo significado en estos tiempos.

¡Que comience el fandango y que la noche sea larga! ¡Felices 40 años a Mono Blanco!

Alfredo Sánchez
Acerca de Alfredo Sánchez 36 Artículos
Músico // periodista // hombre de la radio

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