El monumento a Office Depot

De vez en vez, para intentar apuntalar cosas que deberían sostenerse por sí mismas, aquellos que tienen la obligación o necesidad de justificarlas por diversas razones, dan piruetas de saltimbanqui y dobles mortales sin manos en la cuerda floja de la retórica y terminan, inevitablemente por caer al paso del tiempo. Esta caída se da por meras razones estadísticas: a base de tanto saltar al vacío se acaba por tropezar.

Es en este sentido que el proyecto de arte –y aquí uso la palabra con excesiva ligereza– que hoy por hoy llena los titulares de la ciudad y las páginas cómicas de las redes sociales, merece algunas consideraciones:

La primera: es una payasada –esa sí monumental– decir que como está siendo criticado está bien. Es que si el Louvre fue criticado, y los parisenses decían que la Torre Eiffel era fea como una pedrada en un ojo, entonces, por lógica, la crítica al vomitivo bolígrafo gigante de Pedro Escapa que fue instalado en las avenidas Pablo Neruda y Américas, demuestra que es una obra del tamaño de las anteriores. Por favor, eso es llevar las cosas a un extremo ridículo y desesperado. Digo, para ponerlo en otro tono que demuestra el absurdo: MC critica de día y de noche a Peña y eso no le genera una gota de credibilidad. Ver a Peña salir con el cuento de que a Churchill también lo criticaban y por ende el abucheo demuestra sus toques de estadista daría mas risa que otra cosa.

Otra chulada, joya, perla del conocimiento es “los ciudadanos no saben de arte y por ende sus opiniones son materia fecal”. ¿Qué credenciales tiene entonces el alcalde para decir “yo sí sé de arte y ustedes no”? ¿Las del equipo de expertos que eligieron la obra? Perdón pero esas –si a tales vamos– son tan subjetivas como el gusto del edil por el bolígrafo gigante, toda la obra y música de Fors y lo que sea que tenga colgado en las paredes de su casa. Tanto derecho tiene él a decir que es una maravilla, como nosotros a decir que parece más un poste de luz que un objeto destinado a las glorias de la posteridad. Yo sigo creyendo que una Bic gigante con focos rojos para honrar la memoria de los periodistas caídos, es un ridículo improperio; pero sólo el tiempo dirá si el bolígrafo se vuelve un referente de los caligulescos excesos de alguien que buscaba la gubernatura, o efectivamente un lugar a donde vendrán desde todos los puntos cardinales a poner flores para honrar la memoria de los caídos en el cumplimiento del escribir.

Y hablando del cumplimiento de escribir con verdad, debo aclarar que no cuento con el bagaje cultural o las credenciales mínimas para afirmar nada de lo que aquí se lee. Esta columna, este texto, esta opinión, no puede ser tomada en serio en los altos salones donde se discute el Arte (así con mayúscula) que hoy llena las galerías del mundo porque yo, donde exhiben un bote vacío de shampoo, o una piedra o un vidrio roto, sigo viendo una piedra, un plástico apachurrado y un vidrio roto. Soy impermeable a la belleza de la metaconcepción del objeto olvidable, transformado en materia impermeable al paso del tiempo, a concepto vivo de estética indiscutible por el toque alquímico del artista moderno. Por mucho que un santón toque la caca de mi perro y le ponga un nombre sesudísimo; yo, mortal, naco, inculto y poco estudiado esteta, seguiré viendo estiércol. En una de esas es mi falta de sensibilidad ante el estiércol lo que hace que yo ya no entienda el bolígrafo que pretende honrar la memoria de personas como Javier Valdez y vea en su lugar un pintoresco anuncio de Office Depot.

Zul de la Cueva
Acerca de Zul de la Cueva 21 Artículos
Gente vagamunda, inútil y sin provecho. Esponja del vino y gorgojo del pan

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