Moviéndonos para alejarnos de la apatía

|Por Araceli Fabián|

La construcción consciente de una sociedad surge desde el momento en que se reconoce a sí misma como un todo con diversidad incluyente con deseos de transformar su estado de cosas en aras del bien común y, se vuelve activa, desde el instante en que se da cuenta de la capacidad de organización y movimiento que posee, así como de los intereses y preocupaciones que vinculan a todos sus miembros; por ello el tejido social se vuelve un espacio de soporte y apoyo colectivo que intenta incidir y modificar en conjunto, una serie de decisiones que atentan contra las normas y valores de sana convivencia, tomadas por “representantes” que no siempre nos representan.

Esta definición elaborada a partir de textos y análisis diversos, nos plantea una sociedad utópica como la democracia misma, que pareciera referirse a actos de fe y buena voluntad. Sin embargo, en este “mundo patas arriba” como lo llamó Galeano en uno de sus libros o esta locura que todo lo destruye de sociedades contemporáneas enfermas como lo definió Fromm, encontramos atisbos de esperanza, al observar una mayor participación de los ciudadanos en la cosa pública, en los asuntos políticos; al conformar colectivos que, deciden por causas diversas, tomar las calles y avenidas para mostrar su desacuerdo de manera libre, ordenada y respetuosa ante la autoridad, quizá otra utopía  que hemos de trabajar mucho para hacer realidad y evitar futuras tensiones y confrontaciones con tufo autoritario de represión… una tradición del sistema político mexicano.

En búsqueda de sentido y respuestas

Skye Claire refiere que en tiempos de agitación política –como los que estamos viviendo–, es lógico sentirse abrumado, experimentar ansiedad y llegar a pensar como Sartre que “los infiernos son los otros”, las condiciones externas, las decisiones ajenas sobre nuestro entorno, nuestra seguridad y calidad de vida, pero dentro de esta preocupación real y existencialista también se plantea la posibilidad de considerar que los otros le dan sentido al mundo que habitamos y a la sociedad de la que somos parte, por tanto para encontrar sentido y respuestas a nuestro contexto actual es necesario comprender claramente los objetivos de los otros y proponer soluciones viables para las partes afectadas, escuchar… dialogar.

Sin embargo, lograr un acuerdo se vuelvo complicado cuando se conjuntan factores como la desinformación, el fanatismo y el autoritarismo por un lado, y las exigencias informadas de justicia legítima por el otro, bajo estas circunstancias se han presentado varias marchas, protestas y movilizaciones en la Zona Metropolitana de Guadalajara, que no se había distinguido por tener una sociedad participativa y activa respecto a temas políticos, sociales o culturales como se ha venido produciendo en años recientes de manera esporádica, sobre todo a raíz de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el Gasolinazo que contaron con una importante participación social en denuncia a los abusos cometidos por los gobernantes y, en meses recientes con inconformidades concretas hacia el Gobernador  del Estado o el Presidente Municipal de Guadalajara muchas de las cuales son justas como el caso de los calandrieros, otras pretenden aplicar presión para lograr objetivos sindicales con beneficios a particulares y algunas más son politizadas en términos religiosos.

Sin duda, los tapatíos van avanzando poco a poco en temas de participación social que implican salir a las calles (habitual en los capitalinos o en el sur del país) lo cual es un indicio de avance, pues cómo refiere Simone de Beauvoir: “nos convencemos de que nuestro voto no cambiará nada, en lugar de dar forma activamente al mundo en el que queremos vivir” y la apatía o abandono de nuestra responsabilidad debe ser asumida como una “falta moral”.

Ante los desafíos que el mundo presente, los debates sobre la guerra y la paz y las decisiones que los gobernantes toman por nosotros, es necesario movernos, manifestar nuestro desacuerdo, no solo desde las redes en la comodidad de nuestra casa (como se comentó en una reflexión anterior), sino dar forma activa al mundo en que queremos vivir, ser corresponsables del cambio que todos queremos y merecemos.

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AraceliAraceli Fabián
Académica y estudiosa de la comunicación,
los fenómenos sociopolíticos y  el periodismo.

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