El Movimiento y la palabra secuestrada

Sepa la bola

Uno de los movimientos más importantes de la segunda década de este milenio en México comenzó con el hallazgo de seis cuerpos sin vida en Temixco, Morelos. Tenían cinta canela enrollada en el cráneo, la cara, las muñecas y tobillos. El 28 de marzo de 2011 encontraron asesinados a Juan Francisco Sicilia –hijo del poeta Javier Sicilia– y a otros cinco jóvenes.

Unos días después, el poeta anunció que dejaría de escribir poesía. Sus últimos versos fueron dedicados a Juanelo, su hijo: El mundo ya no es digno de la palabra/ Nos la ahogaron adentro/ Como te asfixiaron/ Como te desgarraron a ti los pulmones/ Y el dolor no se me aparta / Sólo queda un mundo / Por el silencio de los justos / Sólo por tu silencio/ Y por mi silencio/ Juanelo.

El grupo de ciudadanos organizados al que me refiero se llama Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (aquí me referiré a él como Movimiento por la Paz) y está por cumplir seis años de existencia. Este y otros esfuerzos nunca debieron haber existido. Son respuesta a los daños y prejuicios que han causado las políticas públicas de los gobernantes –en este caso en el declive del sexenio de Felipe Calderón.

En su visita a la FIL en 2016, Sicilia explicó el origen de la violencia: La crisis del lenguaje.

“La palabra no es un concepto, es un acto creador […] cuando las palabras se usan para mentir y degradar, no tienen sentido […] un mundo sin significados genera violencia […] la palabra es nuestra casa”, sentenció.

Sus palabras tienen razón. Vivimos en un México donde las promesas de campaña son mero trámite. Los discursos oficiales se repiten más que las historias en las telenovelas. Las excusas y justificaciones de los gobernantes son más inverosímiles que la frase “mi perro se comió mi tarea”. La palabra ya no vale y no podemos seguir así.

En entrevista con Sicilia, le pregunté sobre el significado de las palabras que nombran al movimiento. Fue breve pero profundo: la paz es “la base de una vida humana, una vida ciudadana y una vida democrática. No hay vida humana sin paz y sin que esa paz sea justa y digna. Hay paces que son violentas. Hay justicias que son injustas y que redundan en la indignidad por eso son una amalgama para articularse con una vida civil y una vida humana”.

En 2012, El Movimiento por la Paz viajó a Estados Unidos y realizó una caravana pasando por 27 ciudades. El periodista Diego Enrique Osorno los acompañó. Sus crónicas aparecieron en el diario Reforma, luego en el libro Contra Estados Unidos (Almadía, 2014). En el capítulo “Diálogo con un poeta en silencio IV”, el reportero sostiene una conversación con Sicilia. Ahí habla de la palabra paz:

Hay un ensayo de Iván Illich genial sobre la palabra paz. El problema de la palabra paz es que es otra palabra amiba y viene del mundo romano pax. Es una paz imperial. Hay formas de nombrar la paz. Contrasta muy bien por ejemplo cuando el judío decía shalom, que es la paz y el ciudadano romano decía pax. Cuando decía pax el romano, volteaba hacia el imperio, veía los estandartes imperiales, no es lo mismo cuando decía shalom el patriarca, el patriarca alzaba los ojos al cielo y pedía la bendición del altísimo para proteger el pequeño rebano de Israel. Entonces el problema de la paz es que no se ha encontrado. Lo que vivimos ahorita es la paz económica, que es una paz violenta porque es la del despojo, que alimenta a fin de cuentas la guerra, la paz de las grandes trasnacionales, la paz del arrasamiento de la tierra, la paz económica que tiene una resonancia más con la paz imperial.

En la breve conversación que sostuve con Javier, me comentó que el Movimiento por la Paz va bien. “Ahí está su presencia moral” (…) “abrimos las fosas de Tetelcingo, Morelos, que eran de la Fiscalía y estamos trazando una ruta para encontrar a los desaparecidos”.

Hace unos días, el fiscal de Veracruz, Jorge Winckler, se colgó la medalla por haber –supuestamente– hallado 150 cuerpos en fosas en el estado. Luego, el colectivo Solecito –integrado por los miembros son familiares de las personas desaparecidas– hizo público que fueron ellos los que recibieron un croquis que contenía pistas de dónde podrían haber sido inhumados sus familiares. Excavaron y hallaron cientos de restos humanos. Winckler utilizó las palabras para engañar.

¿Hasta cuándo las palabras serán utilizadas por los que gobiernan para embaucar, para saquear, para conjurar; para hundirnos más en el desaliento?

Migaja

En su declaración 3de3, la senadora perredista Alejandra Barrales no incluyó su departamento valuado en casi un millón de dólares. Lo ocultó. Para algunos mintió. Los detractores de este instrumento lo desacreditan; lo cierto es que sí funciona: con ayuda del periodismo de investigación -o filtraciones- desnuda los engaños de los políticos.

Julio González
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