Mudanzas

Sepa la bola

¿Qué objetos atesorar por años y qué objetos arrojar al interior de una bolsa plástica negra a la espera del camión que recoge cada tercer día la basura? ¿Cómo nombrar los impulsos que nos llevan a guardar “recuerdos”? ¿Será la nostalgia? ¿El aprecio? No me refiero a los objetos útiles de la vida cotidiana sino a aquellos que si alguien más llegara a verlos por ahí arrumbados pudiera tirarlos a un bote y que el propietario, al momento de enterarse de tal desfachatez, se enfurecería. Es decir, me refiero a los tesoros personales.

Sucede algo curioso con las mudanzas: escrutamos en aquellos rincones donde solo husmeamos cada quién sabe cuándo; encontramos objetos preciosos de otros tiempos y sentimos pulsiones al proyectarse en nuestra mente los olores, colores, sensaciones, de los ayeres que ya enterramos en la tumba del pasado. En muchas ocasiones decidimos que ese objeto ya no es necesario o digno de acompañarnos a otro sitio; a otra casa; a una nueva etapa. Pero unos cuántos más, sí.

En mi caso, tengo guardado un centenar de boletos de conciertos de música. Decidí hacerlo desde que tenía unos 14 años y cada que los reviso, recuerdo los momentos más significativos de esa experiencia. La música siempre me invita a viajar, quizá por eso los tengo en mi cajón. También, guardé mi cámara amarilla de fotografías de juguete; la tengo desde que tenía cuatro años.

Recogemos objetos heredados de familiares difuntos. Atesoramos los regalos que otros nos dieron y acumulamos muchos que en cualquier momento podemos desprendernos de ellos cuando estas personas pasan a formar parte de la lista mental titulada “Los extraños conocidos”.

Por otra parte, no –me– entiendo por qué guardé por tantos años zapatos que eran ya impresentables y premiables en tiempos de inundaciones; cables de computadora y audio inservibles; revistas que nunca me interesaron leer ¿En qué momento pensamos: “ah en algún momento me servirá”? Pareciera que “las cosas” pasan por una auditoría en cada mudanza, y que al estilo de director del departamento de Recursos Humanos –Materiales en este caso– les decimos “me seguirás acompañando” o “estás despedido”.

Somos animales que significamos los objetos, que apreciamos. Somos seres de ritos. Durante las mudanzas sufrimos lo que a los reptiles también viven: expulsan la cubierta que los protegió de este mundo. Dejamos atrás la capa en la que nos refugiamos de los climas incómodos, de las heridas de las fiestas, de los malos ratos del trabajo, ahí cicatrizamos las cortadas de los desamores, nos encontramos con la soledad. Pero también ahí es cuando imaginamos, soñamos y nuestra esencia reluce con los más cercanos. Cuando dejamos atrás ese sitio, siempre nos quedará buscar un nuevo comienzo y las sorpresas de un futuro incierto pero prometedor.

Julio González
Acerca de Julio González 100 Artículos
Reportero // Caminante //escribe la columna "Sepa la bola" // Profesor.

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