Ser mujer en México: entre lo obvio y lo obtuso

violencia

|Por Araceli Fabián|

De acuerdo con Roland Barthes, filósofo y semiólogo francés, cualquier intento por expresar o comprender algo, requiere tres niveles: el nivel de la comunicación, el del significado que pertenece a un plano simbólico y el de la significancia. En el plano simbólico donde se encuentran los signos podemos identificar dos facetas: la primera es la intencional, es decir, explica tal cual una palabra, una idea o suceso que corresponde al sentido de “lo obvio” y la segunda, la sobreañadida que requiere más elementos contextuales para ser explicada y comprendida en el sentido de “lo obtuso”.

Es a partir de este enfoque que intentaremos analizar una problemática social cada día más alarmante a nivel nacional: lo que significa ser mujer en México, sus cargas simbólicas, a partir de la aparente “obviedad” de nuestro rol en la sociedad, y el fenómeno del feminicidio consecuencia obtusa de estas comprensiones simbólicas que los medios, la sociedad y nosotras hemos creado y reproducido.

Ser mujer en México no es fácil. Implica identificar múltiples espacios desde los cuales se nos ha representado y construido socialmente y cómo nosotras nos hemos representado y significado individualmente; ser mujer supone estar insertas en subjetividades que el hombre en sociedad ha tejido, que la cultura ha fortalecido, la religión aprobado, la economía delimitado y los medios estereotipado.

Ser mujer en México es estar expuesta a dos cosmovisiones contradictorias de una misma: la de la santa o la de la puta, representadas todo el tiempo por la madre-virgen inmaculada o por la madre vendida, traidora y violada. El origen de la sociedad mexicana como indica Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad determina la imagen de la mujer en México y la forma en que se perciben nuestros actos o se determinan nuestras conductas: las permitidas y las prohibidas.

Ser mujer en México supone, a partir de esta breve historia de nuestro ser reconstruirnos, reconfigurarnos todo el tiempo en muchas otras mujeres. Mujeres empoderadas, mujeres sumisas, mujeres machistas, mujeres florero, mujeres cosificadas, mujeres urbanas, rurales e indígena. Mujeres, tema de constante debate en los medos, en las redes… mujeres que sin palabras hablan, que con sus actos lo dicen todo, somos un mosaico de mujeres distintas por nuestros contextos pero padeciendo, sobreviviendo y luchando en un mismo espacio y tiempo contra el monstruo de la desigualdad, la impunidad, la corrupción y las injusticias en busca de la equidad, el reconocimiento y el respeto tanto en el espacio privado como en el público; no obstante, nos hemos confrontado con nuestra sociedad, una sociedad machista sin duda y patriarcal (en apariencia), hemos cuestionado el estado de cosas o nos hemos adaptado a ellas y, en una sociedad enferma como la nuestra nos hemos “encontrado con la muerte”.

virgen

Asesinan mujeres por ser mujeres

De acuerdo con el informe Feminicidio en México. Aproximación, tendencias y cambios, de 1985 a 2009 fueron asesinadas 34 mil176 mujeres, en tanto de 2010 a 2017 se han registrado 15 mil 900, marcando un antes y un después en 1993 cuando cobró notoriedad el fenómeno a nivel internacional tras denunciarse públicamente los asesinatos contra mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua; posterior a ello, todo México se convirtió en “un espacio hostil y peligroso” con una curva de riesgo a partir de 2006, inicio de la guerra contra el narcotráfico que aumentó los niveles de inseguridad y violencia, así como la impunidad y desinterés de las autoridades por investigar los hechos e impartir justicia, dando pie no a una comprensión de los actos por parte de la sociedad, sino a una mayor vulnerabilidad del género y a la violación sistemática de nuestros derechos humanos, pues hemos osado cuestionar el poder vertical y falogocentrica de nuestra sociedad.

Según el Observatorio Ciudadano Nacional en Feminicidios (OCNF) el feminicidio es “un fenómeno social, cultural y político que atenta contra la vida de las mujeres”, es el asesinato que comete el hombre hacia la mujer por el hecho de ser mujer; algunas de las razones que intentan explicar esta conducta por parte del hombre son: misoginia –desprecio hacia las mujeres-­ sexismo, presunción de superioridad o suposición de propiedad y se ejerce a través de distintos tipos de violencia en las relaciones de pareja o socio-laboral, como: violencia emocional, económica, física y sexual mismas que deben ser analizadas tomando en cuenta factores familiares y sociodemográficos como parte del conflicto y solución de este problema, construido a través de conductas de sociedades machistas que por varios lustros representaron una forma de “convivencia” aceptada de facto entre mujeres y hombres dentro de una estructura social que marcaba roles, patrones que comenzaron a ser cuestionadas por las propias mujeres en un proceso de emancipación y empoderamiento de su ser, su hacer y su qué hacer social.

Dichos cuestionamientos al status quo han producido una ruptura en la comprensión y significado “obvio” de roles, y disparado las alarmas ante una creciente “naturalización” de la violencia que muestran su expresiones más visibles en la alta tasa de agresiones cometidas contra las mujeres y que nos obliga a analizar de forma mucho más profunda el origen del problema, nuestra historia como pueblo y en particular la posición de la mujer en ella, en esta dicotómica relación hombre-mujer: madre/puta; así como replantear las estructuras de instituciones de la sociedad como las religiosas, educativas, informativas y familiares en pro de revisar el papel que desempeñamos y asumir nuestras acciones u omisiones en el discurso y con imagen que han favorecido se reproduzcan estas conductas de micro a macro machismos, de permisividad, co-dependencia y miedo que privilegian el poder y el control sobre la dignidad y la libertad.

Lo obvio es claro, hay estereotipos propios y ajenos con los que hay que romper; violencia contra la mujer,  impunidad de nuestras instituciones ante estos actos, lo obtuso es lo complejo, el espacio de tensión y conflicto de nuestra identidad que reproducen  sin cesar por parte de muchos hombres pero también mujeres este patrón conductual.

Mafalda
Mafalda, de Quino.

AraceliAraceli Fabián
Académica y estudiosa de la comunicación,
los fenómenos sociopolíticos y  el periodismo.

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