Musas a la baja

| Por Juan José Doñán |

Una de las ventajas de nuestro tiempo, con en el apogeo de la Internet, de las llamadas Redes Sociales, de la Aldea Global y de ajos por el estilo, es que el mundo –que antes era “ancho y ajeno”, según la original definición del escritor peruano Ciro Alegría– ahora es cada vez más diminutivo. Y, en consecuencia, todo aquello que antes parecía difícil o casi imposible de saber porque sucedía en un lugar distante del planeta y también por ser considerado periodísticamente poco relevante, ahora se puede llegar a conocer hasta con lujo de detalle.

Tal cosa ha ocurrido con el viaje que, hace algunas semanas, músicos y directivos de la Orquesta Filarmónica de Jalisco realizaron –con el dinero de los contribuyentes, faltaba más– por cuatro ciudades de Alemania y Austria, a donde la antigua Orquesta Sinfónica de Guadalajara fue a dar pena ajena, a llevar cocos a Colima, o más específicamente a tocar a compositores alemanes a Alemania, con resultados que, según la prensa de ese país, estuvieron muy por abajo del nivel acostumbrado de los estudiantes de música.

La prensa especializada de Berlín y Munich, a diferencia de algunos complacientes comentaristas musicales de nuestra comarca, fue inmisericorde tanto con la sinfónica venezolana, que se ostenta con el nombre de Filarmónica de Jalisco, como con su director, el ítalo canadiense Marco Parisotto.

Su versión de la Primera sinfonía, de Johannes Brahms, por ejemplo, fue reprobada sin atenuantes, con un dictamen que no les deja un hueso sano a los filarmónicos presuntamente jaliscienses y a su director titular: “tocan fuerte, con mal gusto y sin idea de la interpretación musical”.

En Viena les fue menos mal, debido a que la atención del público y de la crítica estuvo centrada en las obras de los compositores mexicanos que fueron incluidas en el programa: Silvestre Revueltas, Arturo Márquez y Javier Álvarez, quienes, más allá de cualquier pretensión chovinista, vale decir que no forman parte habitual del repertorio de las orquestas europeas y, por lo mismo, siguen siendo vistos como autores de una música exótica.

En conclusión, la costosa gira de la Filarmónica de Jalisco, financiada mayoritariamente con el dinero de los contribuyentes del estado, acabó siendo, aparte de ociosa, una muestra palmaria de que a las atolondradas y pretenciosas autoridades culturales del estado les dio por exhibir, así haya sido de manera involuntaria, las flaquezas de Parisotto y su filarmónica troupe, quienes, con la complacencia de la secretaria de Cultura de Jalisco, Myriam Vachez, fueron a llevar cocos a Colima, lechuzas a Atenas, tangos a Buenos Aires, milanesas a Milán o, literalmente, valses a Viena.

Y al desatino de la gira europea de la Filarmónica de Jalisco y de su director titular Marco Parisotto, deben sumarse a otras pifias cometidas por quienes regentean dicha orquesta. Entre ellas, el despido de la mayoría de los integrantes originales de ese conjunto musical, que ahora está integrado preferentemente por atrilistas extranjeros, en detrimento de los instrumentistas mexicanos, quienes, gracias a Parisotto y Vachez, desde hace año y medio son minoría en una orquesta pretendidamente jalisciense.

Otra de esas pifias fue haber destinado recursos públicos para grabar un cd con música de Tchaikovsky y no, como hubiera sido lo razonable, con obras de compositores mexicanos y particularmente de algunos de los más destacados autores de concierto nacidos en Jalisco, entre ellos José Rolón, Gonzalo Curiel o José F. Vásquez, parte de cuyo valioso repertorio sigue sin ser grabado.

Dicho de otra manera, quienes regentean la Orquesta Filarmónica de Jalisco no paran de regar alegremente el tepache. Y su reciente gira por Alemania y Austria sólo sirvió para que Parisotto y los suyos se pasearan por Europa a costa de los contribuyentes y también para que la prensa de esos países acabara ventilando el verdadero nivel musical de ese sobrevalorado ensamble.

Y es que, contra lo dicho por los propagandistas de la sinfónica del solar, ésta puede aspirar a ser el mejor conjunto musical dentro del Periférico de Guadalajara, pero está a años luz de figurar “entre las mejores orquestas a nivel internacional” como pretende el empresario Alejandro Elizalde, presidente del cicatero Patronato de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, quien como sinodal artístico es un buen negociante.

Y el caso de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, que en honor a la verdad es más venezolana que mexicana y ya no se diga que jalisciense, no es el único ejemplo del extravío en que se encuentran las devaluadas musas de la comarca.

Otros de ellos son la adquisición, a un disparatado sobreprecio, de varias de las nuevas piezas artísticas (con y sin comillas) de la Colección del Pueblo de Jalisco, o el colaboracionismo para que una parte de los restos mortales del arquitecto Luis Barragán fueran sustraídos de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres para convertirlos en una gema artificial, o la arbitraria idea de habilitar, a un costo de 22 millones de pesos, la finca patrimonial de la antigua “Quinceava” Zona Militar en área de oficinas, donde se acabó instalando no sólo la burocracia de la Secretaría de Cultura, sino también el personal administrativo de la cacareada y hasta ahora inexistente Ciudad Creativa Digital.

Los casos citados son sólo una parte de los múltiples desatinos que, en el nombre de la cultura jalisciense, parecieran no tener fin.

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