Música y demagogia

OFJ

|Por Juan José Doñán|

Hasta ahora, cuando han transcurrido ya dos meses del gobierno que encabeza Enrique Alfaro, la Secretaría de Cultura de Jalisco (SCJ) había sido una dependencia que había dado muy poco de qué hablar, fuera del anuncio de que pasaron a integrarse a ella organismos tan disímbolos como el Instituto Jalisciense de las Artesanías, el Museo Trompo Mágico y hasta el recientemente inaugurado Planetario, construido por el rumbo de la Normal, en los terrenos que ocupó durante casi medio siglo la tristemente célebre Federación de Estudiantes de Guadalajara.

Pero en días pasados y de forma súbita, la administración estatal de las musas se volvió noticia con el anuncio de que la Orquesta Filarmónica de Jalisco ya tiene un nuevo director titular: el regiomontano Jesús Medina, designado para ese cargo por la titular de la SCJ, Giovana Jaspersen, en sustitución del ítalo canadiense Marco Parisotto.

Este último fue una persona a la que durante el sexenio pasado no sólo se le permitió manejar a la sinfónica de la comarca como cosa de su propiedad, cometiendo todo clase de abusos y tropelías, sino que dejó seriamente comprometidas las finanzas de la orquesta, la cual se sostiene con el dinero de los contribuyentes, pues las aportaciones económicas de su presunto patronato –integrado por membretes inanes y empresarios tacaños– son casi nulas. Y los ingresos que se obtiene por concepto de taquilla no cubren no alcanzan para cubrir ni siquiera 10% de los gastos fijos de la mencionada orquesta.

Ciertamente, había razones de sobra para despedir a Parisotto. En primer lugar, por su franco menosprecio a la música y a los músicos mexicanos, es decir, a compositores, solistas, directores huéspedes y, sobre todo, instrumentistas nacionales, contra los que el susodicho emprendió una cruzada, a fin de irlos sustituyendo por atrilistas estadounidenses y sobre todo venezolanos, de tal suerte que esa legión extranjera terminó ocupando la mayor parte de las plazas de la OFJ.

Aparte de ello, Parisotto se asignó a sí mismo un sueldo tasado en 12 mil dólares mensuales, lo que le permitía tener un ingreso que no sólo estaba muy por encima de los demás directores orquesta de nuestro país, sino del propio gobernador de Jalisco.

Estas y otras dagas cometidas por mister Parisotto –otra de ellas fue haber integrado a su esposa a la nómina de la orquesta, asignándole un alto cargo administrativo–, el director recién despedido de la OFJ tuvo una aliada incondicional en Myriam Vachez, quien hasta el pasado 5 de diciembre fungió como secretaria de Cultura con mucha pena y poca o nula gloria.

Por todo lo anterior, es una buena noticia saber tanto la separación del águila descalza que regenteó a su antojo a la OFJ, durante todo el sexenio anterior, como el hecho de que las nuevas autoridades de la SCJ hayan ordenado una auditoría a los manejos financieros del ensamble.

Y en cuanto a la designación del nuevo director de la sinfónica de la comarca, lo más que podría decirse a favor de este hecho es que Jesús Medina era uno de los directores mexicanos que estaban disponibles, pues los de mayor nivel artístico tenían y tienen compromisos con otras orquestas del país y del extranjero.

Posted by Giovana Jaspersen on Wednesday, January 23, 2019

Así que cuando la titular de la SCJ, Giovana Jaspersen, declaró que a la hora de elegir al sucesor de Parisotto optaron por “el mejor perfil”, dijo una verdad a medias, pues no son pocos los directores mexicanos que son más cotizados, artística y económicamente, que Jesús Medina. Por ello mismo tales directores no estaban libres.

Y entre quienes no tenían un contrato que los atara con otra orquesta estaba el susodicho Jesús Medina, quien curiosamente aceptó la invitación para quedarse al frente de la OFJ, sin saber siquiera el sueldo que va a tener, pues la secretaria Jaspersen ha dicho algo que parece insólito: que el salario del recién designado director va a depender de la aportación que haga el Patronato de la OFJ, así como de la convocatoria que consigan tener los conciertos de la agrupación.

Si este mismo ofrecimiento se le hubiera hecho, por ejemplo, a Arturo Diemecke, quien muy probablemente sea el mejor director de orquesta mexicano y que por algo ha sido titular de la Orquesta Sinfónica Nacional y de la Filarmónica de Buenos Aires, así como director artístico del Teatro Colón de la capital argentina, seguramente le hubiera dado las gracias a la nueva secretaria de Cultura, quien pretende que el sueldo del director de la Filarmónica de Jalisco dependa del número de personas que asistan a los conciertos de la sobregirada agrupación, y de la cual Parisotto y asociados abusaron a sus anchas, de un modo impune, y a la que le terminaron robándole algo más que su identidad.

No menos descocada es una de las propuestas del nuevo director de OFJ, quien dice que buscará crear “nuevos públicos” para la orquesta, presentándose hasta en los ruidosos centros comerciales.

Aparte de que esa clase lugares son impropios para oír debidamente a una orquesta sinfónica, es una ingenuidad creer que quien casualmente vea y oiga de pasada al señor Medina y su troupe, mientras baja las escaleras de Plaza Patria, por ese sólo hecho pronto irá a retatar$e a las taquillas del teatro Degollado.

En conclusión y contra lo dicho por la secretaria de Cultura, Giovana Jaspersen, Jesús Medina estaba lejos de ser “el mejor perfil” para la OFJ. Y si se le invitó para el cargo es porque era parte de lo que había y, además, porque estaba a dispuesto a aceptar la remuneración que le ofrecieran. Prueba de ello es que el susodicho no ve con malos ojos que le vayan a completar su sueldo al estilo de “¡mesa, mesa que más aplauda, le mando, le mando, le mando a la niña… de las canastas básicas!”.

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